En
Diseño la idea gráfica, la visualización mental de
la solución, constituye el punto de partida de todo proyecto y
está regida por el lenguaje más que por las propias imágenes.
Sin embargo, la materia que compone esa idea pertenece al mundo de la
imagen. De esta manera, el concepto gráfico se alcanza a partir
del equilibrio entre texto e ilustración.
3.
Imágenes y recursos gráficos.
Si la articulación de la idea gráfica está regida,
como parece, por la palabra, el medio, la materia que compone esta idea
pertenece indudablemente al mundo de la imagen. Se puede decir, en este
caso, que son imágenes las que constituyen las unidades que se
articulan para construir un enunciado.
El
concepto gráfico entonces se alcanza en el momento en que se equilibra
la relación entre imagen y texto, entre la cantidad y el tipo de
texto, y la cantidad y el tipo de imagen, y la relación semántica
que se establece entre ambos. Ese tipo de relación, de carácter
eminentemente funcional con respecto al argumento que se esgrime y en
el que, por lo general, texto e ilustración actúan complementándose,
ha sido puesta de relieve varias veces por los estudiosos y no vale la
pena detenerse más en ella (Barthes, 1967; Mez, 1970; Enel, 1971;
Gombrich, 1982).
Sin embargo, cuando el análisis se reduce a la catalogación
de las operaciones retóricas y de los mecanismos de relación
se pierde esa fascinación que tiene el grafismo por el hecho de
poder «decir mucho con muy pocas palabras» (Bernstein, 1984).
Si se consideran las complejas relaciones que han mantenido el diseño
gráfico y la pintura a lo largo de este siglo, al diseño
siempre le ha tocado el difícil y mal considerado rol de parásito
del arte: se ha aprovechado de los descubrimientos de la vanguardia artística
y de los aportes del arte y, al hacerlo, los ha edulcorado y descafeinado
para adaptarlos a sus triviales fines. Eso, sin embargo, también
puede interpretarse al revés. Si bien es verdad que durante muchos
años el diseño ha visto en el arte un laboratorio de experimentación,
también hay que reconocer que, como en el caso del surrealismo,
ha sido capaz de crear con base vanguardista imágenes comprensibles
para el gran público sin por ello excederse en la adulteración,
e incluso sin necesidad de caer en ella.
No
cabe duda de que el diseño se ha servido de imágenes históricas
innumerables veces, pero siempre lo ha hecho con una actitud muy distinta
de la del mero parásito: las valora en cuanto a su eficacia comunicativa,
aprovecha su capacidad evocadora y todos sus mecanismos estimulantes,
y las combina usando sus rasgos formales más visibles, pero siempre
jugando en el universo del sentido. En suma, las convierte en recursos
gráficos, útiles sólo en relación con la finalidad
práctica y argumentativa que persigue. Me parece muy importante
el concepto de recurso gráfico aplicado a la imagen desde la perspectiva
del diseño. Recoge sobre todo su disponibilidad para ser usada
según fines concretos; también refleja la posibilidad de
ser valorada según si funciona o no en cada caso concreto y, por
lo tanto, amplía el paradigma, el catálogo, desde el cual
seleccionar lo más pertinente en cada situación. Aquí
sí entran en juego, por su eficacia práctica, todos los
valores propios de la representación barajados por la teoría
al hablar de la pintura: su poder para describir la anécdota y
su incapacidad para precisar más allá de la descripción
de lo concreto, pero también su posibilidad de estilización
hasta convertirse en un ideal abstracto.
En
definitiva, en tanto que recurso gráfico se usa el equilibrio entre
convención de los sistemas de representación y grado de
iconicidad, que ayuda a la memoria y permite la rememoración propia
y característica de la imagen. Lo mismo puede decirse de aquellos
símbolos gráficos, de los emblemas y marcas, o de las imágenes
más famosas de la historia del diseño gráfico. La
noción de recurso gráfico también se aplica a los
procedimientos técnicos en tanto se cargan de significado, como
es el caso de la tipografía y el aprovechamiento de sus posibilidades
visuales y estilísticas. Es más, el propio estilo se convierte
en recurso y, por lo tanto, responde a una decisión de proyecto,
donde la selección depende de su capacidad para generar sentido
o complementar el que propone un grafismo. Por otra parte, también
el fenómeno estético se resuelve en un proyecto de diseño
a partir de una decisión selectiva y, por ende, las categorías
estéticas, multiplicadas como tales por la dinámica social
y la lógica de las preferencias que intervienen en el consumo,
actúan convertidas en recurso, no ya sólo como condicionantes
del briefing sino como recurso con el que se opera. Disponibilidad de
los recursos, pues, que se establece por la necesidad de manejar valores
de significación articulados por el lenguaje y el argumento enunciativo.
Ya Gombrich se dio cuenta hace tiempo, en un artículo (1971) dedicado
a los mapas, de que el iconismo, o sea los sistemas de representación
mimética, es muy a menudo un recurso mnemotécnico que se
utiliza no tanto por su capacidad de mostrar una realidad exterior sino
simplemente como conector entre la experiencia visual de las personas
y el discurso que se propone, facilitando así su comprensión
y el manejo de los signos con codificación fuerte. De esta manera,
el iconismo pasa a ser un recurso disponible simplemente por su valor
funcional. No es el ejemplo de Gombrich, pero la asociación del
rojo con el peligro en las señales de tránsito muestra ese
modo de usar el iconismo. También fué el uno de los primeros
autores que apuntaron que, en la historia, han existido muchos sistemas
de imágenes que no responden a la necesidad de representar la realidad
exterior y, por consiguiente, la manera de representar los objetos y su
colocación en el espacio gráfico responden a otras intenciones
comunicativas, como evidenciar el rango social que distingue a las personas,
o las relaciones espaciales, geométricas, que mantienen entre sí
los objetos representados. El ejemplo por antonomasia es la pintura egipcia,
pero también se aplica a todos aquellos sistemas de representación
que pretenden la categorización abstracta y que, a la larga, optan
por el procedimiento propio de los pictogramas, los diagramas y los gráficos.
En estos casos, cuestiones como el tamaño de las figuras dejan
de significar la dimensión de profundidad para pasar a ser un indicativo
de importancia.
Milton
Glaser utilizaba esta noción de recurso gráfico cuando explicaba
sus preferencias personales en la práctica: "El problema deI
arte abstracto aplicado al diseño gráfico es que elimina
la vía de comunicación más profunda y útil
que no es no aquella que descansa sobre las imágenes sencillas
[...] las imágenes bien conocidas por todos son las que
tienen la capacidad de comunicar y de evocar. El arte abstracto ofrece
elementos de gran utilidad para nuestra disciplina, como son los aspectos
compositivos, pero yo no cambiaría nunca por la fuerza de las formas
que todos mas capaces de reconocer» (Barcelona, 1989).
Si
bien Glaser plantea una única dicotomía en cuanto a los
recursos disponibles, no cabe duda de que son muchos más, como
demuestra su propia obra. Las múltiples maneras de figuración,
así como los distintos componentes de la abstracción, como
también los de la tradición ornamental, pueden actuar como
rasgos gráficos y están todos disponibles como recurso gracias,
en primer lugar, a la historia del arte del siglo XX; en segundo lugar,
al conocimiento del arte de culturas remotas en el tiempo y el espacio
y, finalmente, gracias a la intervención del diseño gráfico
y su omnipresencia en nuestro mundo. Son recursos y están disponibles
para el uso porque han adquirido un grado de convencionalización
cognitiva gracias a su difusión ya su aparición continuada,
y porque operan en el ámbito del significado; en definitiva, porque
sirven para la formulación de enunciados. Por esa razón,
los recursos de que dispone el diseño gráfico en la actualidad
son muchos más que los del iconismo o la abstracción de
que hablaba Glaser. Todos los mecanismos tradicionales de la manipulación
de imágenes, sea el alejamiento respecto de las pautas de la representación
como la exageración de rasgos, es decir, la caricatura o las modificaciones
del punto de vista en la cámara fotográfica o en la posición
del observador, los cambios de escala y de proporción entre las
cosas, el idealismo hiperrealista o el naturalismo sensiblero, o un procedimiento
para la creación de nuevos símbolos, o la estilización
para representar entidades abstractas, las alegorías, las mascotas,
el empleo de símbolos o la aparición de personajes famosos,
así como también los procedimientos de estilización
de la forma por sí sola como la geometrización de su estructura,
la simplipcación de componentes, los distintos estilos de dibujo,
la selección de atributos plásticos o gráficos e
incluso su estilización decorativa, son recursos con los que se
opera gráficamente utilizándolos precisamente por su valor
retórico cuando se integran en un enunciado. Como es obvio, la
cuestión que habría que indagar ahora es precisamente el
valor retórico de los recursos gráficos, pero ése
sería el argumento principal de un próximo ensayo. Puede
ser que al final de éste nos hayamos alejado del proyecto de diseño
en su sentido más estricto, pero esto abre nuevas perspectivas
de reflexión. Por el momento, espero haber planteado las preguntas
en términos de diseño gráfico y creo que, por ahora,
es suficiente.
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