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Estos
contenidos pertenecen a Jorge Frascara.
Jan
Tschichold es posiblemente el primer diseñador gráfico que
constantemente enfrenta el problema de organización tipográfica
como un problema funcional de organización visual de menajes. Lo
estético, si bien no lo descarta, lo pone al servicio de la comunicación.
Los agrupamientos, el establecimiento de secuencias y la jerarquización
de unidades de texto derivan del análisis de contenido de los mensajes
y contribuyen al desarrollo de una lectura organizada.
Es
verdad que el aporte de Tschichold debe mucho a las ¡previas exploraciones
de los constructivistas y particularmente de
El Lissitsky, pero el uso de esos nuevos recursos formales adquiere en
Tschichold un carácter consistentemente funcional, particularmente
nuevo en el tratamiento de textos largos.
El
Diseño de alfabetos: los años 20 y 30.
En
el terreno específico del diseño de alfabetos los diseñadores,
más famosos de los años 20 y 30 no exploran nuevos conceptos
sino nuevas formas. Herbert Bayer es un ejemplo claro de la preocupación
por la forma y de la creencia en el principio de unidad y simplicidad
como garantía de belleza y funcionalidad. El alfabeto "Bayer"
(inicialmente bautizado "Universal") está basado en rectas
y arcos de círculo en función de obtener una alta coherencia
formal y en función de manejarse con una gran economía de
componentes para obtener una máxima simplicidad visual.
Coherencia,
economía y simplicidad fueron conceptos altamente valorados en
el Bauhaus, vistos como naturalmente relacionados con funcionalidad y
con belleza. Sin embargo, como podemos ver ahora, fue cierta idea de belleza
la que llevó a concebir a estos tres pilares del diseño
y no solamente la de funcionalidad.
Si bien en cierto momento una metodología que se concentró
en lo funcional en el diseño industrial y arquitectónico
desembocó en la creación de soluciones formalmente simples,
esta simplicidad formal se transformó en cierto momento en estilo
y, por lo tanto, en un "a priori" del proceso de diseño.
Parece como si alguno de los diseñadores del Bauhaus y sus seguidores
buscaron simplicidad en lugar de encontrarla como resultado de cierto
enfoque metodológico concentrado en la funcionalidad desnuda. Lo
que en un principio apareció como consecuencia de
cierta metodología, se transformó posteriormente en criterio
de diseño.
Aunque el caso del alfabeto de Bayer puede verse como un ejemplo de ésto,
debe también considerarse en su defensa que los conocimientos sobre
legibilidad en la época eran muy limitados, y puede argumentarse
que Bayer trató de aplicar a la
tipografía ciertos aspectos del nuevo diseño posiblemente
con el objetivo de mejorar su legibilidad, además de perseguir
los obvios objetivos estéticos.
Una indicación del desarrollo del conocimiento sobre legibilidad
puede encontrarse en la bibliografía publicada por Herbert Spencer
en su libro "The visible word" (1968): de las 464 publicaciones
listadas sólo 64 aparecieron antes de 1925 (cuando Bayer diseñó
su " Universal"). Los 97 trabajos de Tinker que están
con la tarea del diseñador que la mayoría de las investigaciones
anteriores, empiezan a aparecer en 1926 y continúan publicándose
hasta 1955.
Simplicidad
y calidad: los años '50
La
idea de simplicidad como característica de buen diseño continuó
presente por muchos años, no sólo en el diseño de
los alfabetos sino también en otras áreas. La tendencia
a simplificar influyó todos los medios en la vanguardia del diseño
de los años '50, incluyendo el material educacional. Esta tendencia
no necesariamente benefició a este material. Smith y Watkins, en
su proyecto de investigación desarrollado en la Universidad de
Reading en Inglaterra (1972) demostraron que no hay relación constante
entre simplicidad de diseño y eficacia en la trasmisión
de información. Por su parte, la ilustración para libros
infantiles de los años '50 adoptó un estilo simple y plano
que en realidad no responde a las preferencias infantiles, mientras que
la publicidad de productos de consumo redujo sus textos para permitir
al diseñador el desarrollo de avisos más simples, que resultaron
menos efectivos por falta de información.
Cuando en los años '50 comenzó a hablarse de legibilidad
con más frecuencia, se desarrolló el consenso de que no
sólo simple era equivalente de bueno, sino que también era
equivalente de más legible. Una de las áreas más
afectadas fue el diseño de símbolos, en la que los diseñadores,
en lugar de plantearse el problema de incrementar el poder informativo
de los símbolos, se plantearon el problema de hasta qué
punto se los podía simplificar sin destruir su función informativa.
Recientes investigaciones han demostradado que la simplificación
de las las formas de un símbolo no incrementa su legibilidad, ni
siquiera en situaciones de visión no frontal.
En suma, la coherencia y simplicidad del alfabeto de Bayer se basan, fundamentalmente,
en cierta idea de belleza y no en un bien fundado intento de mejorar la
legibilidad.
Simplicidad, en realidad, no es el factor determinante de legiblidad.
En materia de legibilidad, uno de los criterios más importantes
es el de evitar confusiones, entendiendo al alfabeto como un sistema de
oposiciones en el cual cada componente es claramente distinto de los demás.
Este principio es no sólo aplicable a la lectura en adultos, sino
que también tiene una extraordinaria importancia en el aprendizaje
de lectura y escritura, donde los errores más frecuentes están
basados en intercambio por similitud, inversión y rotación.
El interés que Bayer tuvo por simplicidad por encima de legiblidad
(funcionalidad), está adicionalmente probado por su eliminación
de las mayúsculas. Su diseño de textos, incluyendo el catálogo
que diseñó para la exposición viajante de Bauhaus
en 1971, excluye las mayúsculas, haciendo difícil la distinción
de nombres propios y el comienzo de frases después de punto seguido.
Esto reduce notablemente la facilidad y velocidad de
Lectura y comprensión sin ofrecer otra compensacion que la presencia
de una página de texto cuya textura es altamente homogénea.
Estas características del trabajo de Bayer en los años '20
y '30 no son un elemento aislado. Tampoco son un elemento común
en la producción masiva, pero son un claro ejemplo de las preocupaciones
y de los enfoques metodológicos de los diseñadores de vanguardia
en esos momentos.
A mediados de los años '50 una serie de actividades en campos relacionados
con el diseño gráfico ejerce una notable influencia. Entre
las áreas más importantes pueden reconocerse la psicología
experimental (estudios sobre percepción, aprendizaje y conducta);
la psicología social (estudios de mercado, estadísticas
y conducta); investigaciones en percepción, comunicaciones, aprendizaje
y conducta realizadas para las fuerzas armadas; estudios sobre comercialización
realizados para agencias de publicidad y para fabricantes de productos
de consumo, y estudios en lingüística, retórica y semiótica
que se desarrollarían más intensamente en los años
'60.
Estos
acontecimientos v particularmente los estudios en percepción aplicados
a legibilidad, iniciaron nuevas tendencias en el diseño en general
y en el diseño de alfabetos en particular, durante la década
del '50.
Los clásicos ejemplos de estos años son la Helvética
de Miedinger (diseñada para la fundición Haas en 1956) y
la IJnivers de Frutiger (para Lumitype-Photon, 1955).
Los
conceptos de unidad formal y simplicidad geométrica como criterios
de buen diseño tipográfico fueron aquí, si no totalmente
descartados, sí subordinados a criterios de legibilidad. Se desarrollaron
así soluciones tipográficas más eficaces. Uno de
los aspectos en los que se basó esta eficacia es la importancia
dada a la diferenciación de las letras dentro del alfabeto por
encima de la unidad y simplicidad del sistema.
La mayor diferenciación de las letras no sólo facilita el
reconocimiento individual de las mismas, sino que contribuye a la creación
de configuraciones más diferenciadas en los agrupamientos en forma
de palabras, facilitando así la tarea del lector que, como se sabe,
no lee letra por letra sino palabra por palabra y, a veces, incluso grupos
de palabras, por medio de los movimientos sacádicos y las breves
fijaciones oculares desarrolladas durante el proceso de lectura.
El diseño de la Helvética y la Univers integra los conocimientos
y la tradición tipográfica desarrollados por Leonardo, Durero,
Bembo, Griffo y, principalmente, por el diseño de alfabeto romano
de Garamond en 1544. Esta tradición fue interrumpida durante las
búsquedas geométricas de Bayer y Renner posiblemente desarrolladas
para "purgar" al diseño tipográfico de los elementos
ornamentales que el eclecticismo y el Art Nouveau habían introducido
a fines del siglo XIX.
Muchas de las sutilezas de las tipografías de los años '50
están presentes en la tradición referida. Sin embargo, las
innovaciones introducidas son suficientemente importantes como para reconocer
en la Helvética y en la Univers (usadas aquí como ejemplos
en su clase debido a su masiva adopción internacional) la iniciación
de una nueva generación en el diseño de alfabetos.
No es el objeto de este libro desarrollar en detalle la historia del diseño
de alfabetos, pero ésta provee un ejemplo claro de la evolución
de intereses y métodos de trabajo en diseño gráfico
en general.
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