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Elementos básicos de la comunicación visual (V).
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por Milko A. García Torres. Recopilación de contenidos del libro "La Sintaxis de la Imagen",D. A. Dondis . |
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Dimensión La representación
de la dimensión o representación volumétrica en formatos
visuales bidimensionales depende también de la ilusión.
La dimensión existe en el mundo real. No sólo podemos sentirla,
sino verla con ayuda de nuestra visión estereoscópica biocular.
Pero en ninguna de las representaciones bidimensionales de la realidad,
sean dibujos, pinturas, fotografías, películas o emisiones
de televisión, existe un volumen real; éste sólo
está implícito. La ilusión se refuerza de muchas
maneras, pero el artificio fundamental para simular la dimensión
es la convención técnica de la perspectiva. Los efectos
que produce la perspectiva pueden intensificarse mediante la manipulación
tonal del «claroscuro», énfasis espectacular a base
de luces y sombras.
Mostrar a la vista dos planos de un cubo depende en primer lugar, como puede verse en la figura 3.39., de establecer un nivel visual. Sólo hay un punto de fuga en el que desaparece un plano. La cara superior del cubo se ve desde abajo y la inferior desde arriba.
En la
figura 3.40 hay que utilizar dos puntos de fuga para conseguir la perspectiva
de un cubo del que vemos tres caras. Estos dos ejemplos son ilustraciones
extremadamente sencillas de la técnica de la perspectiva. Para
presentarla adecuadamente haría falta una explicación extraordinariamente
larga. Desde luego, el artista no usa la perspectiva servilmente. La usa
y la conoce. Idealmente, los hechos técnicos de la perspectiva
están en su mente gracias a un estudio cuidadoso y puede utilizarla
con entera libertad.
La anchura de campo de una cámara es modificable, es decir, lo que ve y registra depende de la distancia focal de sus lentes. Pero no puede competir con el ojo sin recurrir a las enormes distorsiones de la lente de ojo de pez.
La lente
normal (fíg. 3.43) no ha alcanzado hasta hoy la amplitud de campo
del ojo, pero lo que ve se parece mucho a la perspectiva del ojo. La lente
de un teleobjetivo (fíg. 3.42) puede registrar una información
visual que le es negada alojo, contrayendo el espacio como un acordeón.
Los grandes angulares ensanchan el campo visual, pero hasta ahora no son
capaces de cubrir el área que cubren los ojos (fíg. 3.44).
Aunque sepamos que la perspectiva de la cámara es distinta a la
del ojo humano, una cosa es cierta: la cámara puede reproducir
el entorno con una precisión asombrosa y con un minucioso lujo
de detalles.
Los requerimientos
técnicos y tecnológicos de la construcción o la manufactura
exigen que sean cuidadosamente detallados. Por último, y aunque
resulte costoso, la construcción de una maqueta (fig. 3.47) es
probablemente la única manera de mostrar a personas de poca sensibilidad
para la visualización qué aspecto tendrá el objeto
una vez terminado.
Movimiento El elemento visual de movimiento, como el de la dimensión, está presente en el modo visual con mucha más frecuencia de lo que se reconoce explícitamente. Pero el movimiento es probablemente una de las fuerzas visuales más predominantes en la experiencia humana. A nivel fáctico sólo existe en el film, la televisión, los encantadores móviles de Alexander Calder y en todo aquello que se visualiza con algún componente de movimiento, como la maquinaria o las ventanas. Pero hay técnicas capaces de engañar al ojo; la ilusión de la textura o la dimensión parece real gracias al uso de una expresión intensa del detalle como en el caso de la textura, o al uso de perspectiva y luz y sombras intensas como en el caso de la dimensión. La sugestión de movimiento en formulaciones visuales estáticas es más difícil de conseguir sin distorsionar la realidad, pero está implícita en todo lo que vemos. Deriva de nuestra experiencia completa de movimiento en la vida. En parte, esta acción implícita se proyecta en la información visual estática de una manera a la vez psicológica y cinestética. Después de todo, las formas estáticas de las artes visuales, al igual que el universo tonal del film acromático que aceptamos con tanta facilidad, no son naturales en nuestra experiencia. Ese mundo paralizado y congelado es lo mejor que pudimos crear hasta el advenimiento de la imagen móvil y su milagro de la representación del movimiento. Pero observemos que, incluso en esta forma, no existe movimiento auténtico tal como lo conocemos; este movimiento no es achacable al medio sino al ojo del observador en el que se da el fenómeno fisiológico de la "persistencia de la visión". El film cinematográfico es en realidad una sarta de imágenes inmóviles que se diferencian poco unas de otras y que, cuando el hombre las contempla en intervalos de tiempo apropiados, se mezclan en la visión de manera que el movimiento parece real. Algunas propiedades de la «persistencia de la visión» pueden constituir la razón del uso incorrecto de la palabra «movimiento» con que se describen las tensiones y ritmos compositivos de los datos visuales, cuando lo cierto es que estamos viendo algo fijo e inmóvil. Una pintura, una fotografía o el diseño de un tejido pueden ser estáticos, pero la magnitud de reposo que proyecta compositivamente puede implicar un movimiento como respuesta al énfasis y a la intención del diseño del artista. En el proceso de la visión no abunda precisamente el descanso. El ojo está escudriñando constantemente el entorno, siguiendo los numerosos métodos de que dispone para absorber información visual. La convención formalizada de la lectura, por ejemplo, sigue una secuencia organizada (fig. 3.48).
El escudriñamiento,
como método de visión, parece no estructurado, pero por
aleatorio que resulte a primera vista, la investigación. y la medición
demuestran que los patterns de escudriñamiento del hombre son tan
individuales y únicos como las huellas dactilares. Esa medición
puede hacerse proyectando una luz al interior del ojo y registrando sobre
una película sensible su reflejo en la pupila cuando el ojo mira
algo (fig. 3.49). El ojo se mueve también en respuesta al proceso
inconsciente de la medición y el equilibrio regido por el «eje
sentido» y las preferencias izquierda-derecha y arriba-abajo (fig.
3.50). Puesto que de estos tres métodos visuales, dos e incluso
tres se pueden dar simultáneamente, existe claramente una acción
no sólo en lo que es visto sino también en el proceso de
la visión. El milagro del movimiento como componente visual es
dinámico. El hombre ha utilizado la confección de imágenes
y de formas con muchos propósitos, de los cuales uno de los más
importantes es objetivarse a sí mismo. Ningún medio visual
se ha aproximado tanto al carácter de espejo completo y eficaz
del hombre y de su mundo como el film cinematográfico. |
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