Siempre
que se diseña algo, o se hace, boceta y pinta, dibuja, garabatea,
construye, esculpe o gesticula, la sustancia visual de la obra se extrae
de una lista básica de elementos. Y no hay que confundir los elementos
visuales con los materiales de un medio, con la madera, el yeso, la pintura
o la película plástica. Los elementos visuales constituyen
la sustancia básica de lo que vemos y su número es reducido:
punto, línea, contorno, dirección, tono, color, textura,
dimensión, escala y movimiento.
Aunque sean pocos, son la materia prima de toda la información
visual que está formada por elecciones y combinaciones selectivas.
La estructura del trabajo visual es la fuerza que determina qué
elementos visuales están presentes y con qué énfasis.
Gran parte de lo que sabemos acerca de la interacción y el efecto
de la percepción humana sobre el significado visual se lo debemos
a los estudios y experimentos de la psicología Gestalt, pero la
mentalidad Gestalt puede ofrecernos algo más que la simple relación
entre fenómenos psicofisiológicos y expresión visual.
Su base teorética es la convicción de que abordar la comprensión
y el análisis de cualquier sistema requiere reconocer que el sistema
(u objeto, acontecimiento, etc.) como un todo está constituido
por partes interactuantes que pueden aislarse y observarse en completa
independencia para después recomponerse en un todo. No es posible
cambiar una sola unidad del sistema sin modificar el conjunto. Cualquier
hecho o trabajo visual es un ejemplo incomparable de esta tesis, pues
fue pensado inicialmente como una totalidad equilibridada y perfectamente
unida. Podemos analizar cualquier obra visual desde muchos puntos de vista;
uno de los más reveladores consiste en descomponerla en sus elementos
constituyentes para comprender mejor el conjunto. Este proceso puede proporcionarnos
visiones profundas de la naturaleza de cualquier medio visual así
como de la obra individual y la previsualización y constitución
de una declaración visual, sin excluir la interpenetración
y la respuesta a ella.
Utilizar los componentes visuales básicos como medios para el conocimiento
y la comprensión tanto de categorías completas de los medios
visuales como de trabajos individuales es un método excelente para
la exploración de su éxito potencial y actual en la expresión.
Por ejemplo, la dimensión es un elemento visual en arquitectura
y escultura, y en estos medios es predominante con respecto a otros elementos
visuales. La ciencia y el arte de la perspectiva se desarrolló
durante el Renacimiento para sugerir la presencia de dimensión
en obras visuales bidimensionales como la pintura y el dibujo. Incluso
con ayuda de la técnica de trompe d'oeil aplicada a la
perspectiva, la dimensión en estas formas visuales sólo
puede estar implícita, nunca explícita. Pero en ningún
medio se sintetiza la dimensión con más sutileza y perfección
que en el film, sea fijo o en movimiento. Las lentes ven como ve el ojo,
con absoluto detalle, con el pleno apoyo de todos los elementos visuales.
Este es otro modo de decir que los elementos visuales están presentes
con prodigalidad en nuestro entorno natural. En los comienzos de las ideas
visuales, en el plano o el croquis, no hay tal perfección en la
reproducción de nuestro marco visual. La previsualización
está dominada por ese elemento sencillo, sobrio y altamente expresivo
que es la línea.
Es muy importante señalar aquí que la elección de
énfasis de los elementos visuales, la manipulación de esos
elementos para lograr un determinado efecto, está en manos del
artista, el artesano y el diseñador; él es el visualizador.
Lo que decide hacer con ellos es la esencia de su arte o su oficio, y
las opciones son infinitas. Los elementos visuales más simples
pueden usarse con intenciones muy complejas: el punto yuxtapuesto en varios
tamaños es el elemento integral del fotograbado y el grabado, medio
mecánico para la reproducción en masa de un material visual
de tono continuo, especialmente en fotografía; al mismo tiempo,
la fotografía, cuya misión es registrar el entorno con gran
exactitud de detalles visuales, puede convertirse en un medio simplificador
y abstracto en manos de un fotógrafo de talento como Aaron Siskind.
El conocimiento en profundidad de la construcción elemental de
las formas visuales permite al visualizador una mayor libertad y un mayor
número de opciones en la composición; esas opciones son
esenciales para el comunicador visual.
Para analizar y comprender la estructura total de un lenguaje es útil
centrarse en los elementos visuales, uno por uno, a fin de comprender
mejor sus cualidades específicas.
El
punto
Es la
unidad más simple, irreductiblemente mínima, de comunicación
visual. En la naturaleza, la redondez es la formulación más
corriente, siendo una rareza en el estado natural la recta o el cuadrado.
Cuando un líquido cualquiera se vierte sobre una superficie, adopta
una forma redondeada aunque no simule un punto perfecto.
Cuando hacemos una marca, sea con color. con una sustancia dura o con
un palo, concebimos ese elemento visual como un punto que pueda servir
de referencia o como un marcador de espacio. Cualquier punto tiene una
fuerza visual grande de atracción sobre el ojo, tanto si su existencia
es natural como si ha sido colocado allí por el hombre con algún
propósito (fig. 3.1, abajo).

Dos puntos constituyen una sólida herramienta para la medición
del espacio en el entorno o en el desarrollo de cualquier clase de plan
visual (fig. 3.2). Aprendemos pronto a utilizar el punto como sistema
de notación ideal junto con la regla y otros artificios de medición
como el compás. Cuanto más complicadas sean las mediciones
necesarias en un plan visual, más puntos se emplearán (figs.
3.3 y 3.4).

Cuando los vemos, los puntos se conectan y por tanto son capaces de dirigir
la mirada (fig. 3.5). En gran cantidad y yuxtapuestos, los puntos crean
la ilusión de tono o color que, como ya se ha observado, es el
hecho visual en que se basan los medios mecánicos para la reproducción
de cualquier tono continuo (figs. 3.6 y 3.7). Seurat en sus pinturas puntillistas,
que son notablemente variadas en tono y color, exploró el fenómeno
perceptivo de la fusión visual, aunque utilizó sólo
cuatro botes de pintura -amarilla, roja, azul y negra- y la aplicó
con pinceles finos y puntiagudos. Todos los impresionistas investigaron
el proceso de la mezcla, el contraste y la organización que tenía
lugar ante los ojos del observador. Envolvente y excitante, este proceso
era en ciertos aspectos similar a algunas de las más recientes
teorías de McLuhan según las cuales la participación
y el compromiso visuales que se dan en el acto del ver forman parte del
significado. Pero nadie probó sus posibilidades de una forma tan
completa como Seurat quien, en sus esfuerzos, parece haberse anticipado
al fotograbado en cuatricromía, proceso por el cual se reproducen
hoy en las imprentas casi todas las fotografías y dibujos en cuatricromía
a todo color.
La capacidad
única de una serie de puntos para guiar el ojo se intensifica cuanto
más próximos están los puntos entre sí (fig.3.8).

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