Contraste cuantitativo:
El contraste cuantitativo concierne las relaciones de tamaño de dos o de tres colores. Se trata, pues, del contraste «mucho-poco» o del contraste « grande-pequeño».
Podemos realizar composiciones de colores con todo tipo de tamaño de manchas. Pero también nos podemos preguntar: ¿Cuál es la relación cuantitativa entre dos o varios colores, que sea equilibrada y donde ninguno de los colores empleados ofrezca más importancia que los demás? Dos factores determinan la fuerza de expresión de un color. En primer lugar, su luminosidad y, en segundo lugar, el tamaño de la mancha de color. Para evaluar la luminosidad de un color o su valor luminoso, basta compararlo con un gris mediano. Observaremos que la intensidad y el grado de luminosidad de los colores varían.
Para estos valores luminosos Goethe había inventado unas relaciones numéricas muy sencillas que son de gran interés para nosotros. Estas cifras son valores aproximados. ¿Cómo determinar unos valores precisos si los colores que se venden en el comercio con la misma nomenclatura, ofrecen enormes diferencias en función de las fábricas de donde provienen ? Finalmente, el sentimiento personal es el que puede decidir. Por otra parte, las superficies coloreadas de un cuadro a menudo están dislocadas y complicadas : es muy difícil establecer unas simples y mensurables relaciones numéricas. El ojo siente los valores con tanta seguridad que nos podemos fiar de él, a condición de que haya sido sensibilizado en el correspondiente dominio.
Los valores de luz establecidos por Goethe son los siguientes:
Amarillo : anaranjado : rojo : violado : azul : verde : correspondientes a 9 : 8 : 6 : 3 : 4 : 6.
Los valores de los colores complementarios son :
Amarillo : violado = 9:3 = 3:1 = 3/4 : 1/4
Anaranjado : azul = 8:4 = 2:1 = 2/3 : 1/3
Rojo : verde = 6 : 6 = 1 : 1 = 1/2 : 1/2
Si estos valores de luz se transforman en manchas de colores con dimensiones armoniosas, las cifras que designan los valores de luz deben ser modificadas en consecuencia.
El amarillo, que es tres veces más luminoso que el violado, debe ocupar un lugar tres veces más pequeño que su color complementario.
Como lo muestran las figuras 42 a 44, los colores complementarios arrastran las relaciones cuantitativas siguientes:
Amarillo : violado = 1/4 : 3/4
Anaranjado : azul = 1/3 : 2/3
Rojo : verde = 1/2 : 1/2
Las dimensiones de las superficies armoniosas de los colores primarios y secundarios son, pues, las siguientes:
Amarillo |
anaranjado |
rojo |
violado |
azul |
verde |
3 |
4 |
6 |
9 |
8 |
6 |
es decir:
| amarillo: |
anaranjado |
= |
3:4 |
| amarillo: |
rojo |
= |
3:6 |
| amarillo: |
violado |
= |
3:9 |
| amarillo: |
azul |
= |
3:8 |
| amarillo: |
rojo:azul |
= |
3:6:8 |
| anaranjado: |
violado:verde |
= |
4:9:6 |
Sobre este modelo, se pueden establecer todas las relaciones posibles existentes entre los colores.
La figura de arriba muestra el círculo de las armonías cuantitativas entre los colores primarios y secundarios. Ha sido construido de la manera siguiente :
Primeramente se divide todo el círculo en tres partes y luego se divide cada tercio según las relaciones cuantitativas establecidas entre dos colores complementarios. Un tercio del círculo es dividido para la relación amarillo : violado en la proporción 1/4: 3/4; para la relación anaranjado : azul en la proporción 1/3 : 2/3 ; y para la relación anaranjado:azul en la proporción 1/3: 2/3; y para la relación rojo : verde en la proporción 1/2 : 1/2. Cuando hayan sido establecidas estas divisiones se dibuja un círculo del mismo tamaño y se pasan a él las medidas siguiendo el orden del círculo cromático, es decir amarillo, anaranjado, rojo, violado, azul y verde. Estas cantidades armoniosas dan origen a efectos estáticos apaciguadores. El contraste cuantitativo queda neutralizado por la intervención de cantidades armoniosas.
Las relaciones cuantitativas aquí empleadas sólo tienen valor cuando los colores utilizados son muy luminosos. Si se modifica la luminosidad de los colores, las relaciones de tamaño serán modificadas en iguales proporciones. Es evidente, pues, que los dos factores, luminosidad y superficie, van íntimamente unidos.
La figura de abajo señala la relación armoniosa establecida entre el rojo y el verde.
Cuando en una composición se utilizan relaciones cuantitativas distintas que las relaciones armoniosas, es decir cuando domina un color, se consigue un efecto expresivo. El tema, el sentido artístico o el gusto personal son los que deciden lo cuantitativo que se debe utilizar en una composición expresiva.
Cuando el contraste cuantitativo es muy pronunciado, se consigue un nuevo efecto. En la figura de abajo, el rojo está muy poco representado;
pero, ya que el verde, en relación con ese rojo, es muy abundante, provoca en el ojo del espectador la presencia luminosa del rojo complementario.
En el capítulo consagrado al contraste simultáneo, hemos explicado que el ojo siempre exige, para un color dado, el color complementario. Pero seguimos sin saber por que. Probablemente, estamos sometidos a una voluntad universal de equilibrio y de afirmación individual. A esta tendencia debe su efecto particular el contraste cuantitativo. El color minoritario que, por así decirlo, está en peligro, se defiende a su manera y se hace relativamente más luminoso que cuando su presencia está en relación armoniosa como en la figura de cuadrados verdes y rojos. Los biólogos y los jardineros conocen bien este fenómeno. Cuando una planta, un animal o un hombre están sometidos a condiciones vitales particularmente difíciles, se opera una reactivación de las posibilidades de reacción : en ciertas ocasiones se obtienen, tanto en el hombre como en los animales o como en las plantas, resultados sorprendentes. Si, por una contemplación prolongada, se da a un color poco representado la ocasión de ejercer una acción sobre el ojo humano, se observará que crece en intensidad y en fuerza.
El empleo de dos caracteres contrastados que se refuerzan mutuamente, puede dar lugar a expresiones muy vivas y llamativas. Indicamos aquí una particularidad del contraste cuantitativo : éste es capaz de modificar o de intensificar el efecto de los otros contrastes. En el estudio del contraste claro-oscuro, ya hemos presentado el problema de las proporciones. El contraste cuantitativo es verdaderamente un contraste de proporciones. Cuando en una composición en claro-oscuro, una pequeña superficie clara contrasta con una amplia extensión oscura, el cuadro puede revestir una significación más profunda y más amplia, precisamente por ese contraste cuantitativo.
La atención que se debe prestar a la concordancia de las manchas de colores y a su tamaño, es para una composición por lo menos tan importante como la misma elección de los colores. Por ello, una composición coloreada debería fundamentarse siempre en las relaciones de manchas coloreadas. La forma, el tamaño y los límites de las manchas de colores deben quedar determinados por el carácter y la intensidad de los colores y no deben ser fijadas de antemano por el dibujo.
La consideración de esta regla es particularmente importante para determinar las cantidades de color que conviene emplear. Los contornos fijados con dibujo no pueden en ningún caso determinar el verdadero tamaño de las manchas ya que éstas resultan de las diferencias de intensidad entre los colores. También esta intensidad queda propuesta por el carácter de los colores, por su valor de luz y por los efectos que provienen de los contrastes.
Si un toque de amarillo debe tener importancia en medio de tonos claros, ese toque debe tener mayor tamaño que si tuviera que destacarse en un fondo oscuro.
Al contrario, sobre un fondo oscuro, una pequeña mancha clara basta para que su carácter quede perfectamente realzado. Igualmente, las relaciones cuantitativas deben basarse en los efectos relativos de la fuerza de los colores.
El cuadro de Pieter Bruegel el Antiguo : «Paisaje con la caída de Icaro», Bruselas, Museos Reales de Bellas Artes, pone en valor el contraste cuantitativo.
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