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Iconografía precolombina (2da parte).
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por Paola L. Fraticola |
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El tema y la forma (II) : - ¿Esa Geometría Sagrada, cuya presencia matemática delatan las formas, fue una volición ética en función trascendente para el logro de lo Estético?. Tanto lo Ético como lo Estético se demuestra con la obra realizada. Está siempre presente una voluntad místico-política determinante de sendos valores. Fue un accionar normado de las castas gobernantes de las altas culturas cuya imagen y símbolo es todo lo hecho, todo lo construido. Lo Ético, como paradigma de la Verdad convalidaba lo Estético como consecuencia formal de tal Verdad. Lo que se debía hacer era lo Ético —centro de culto, sistema económico o guerra-, y se diseñaba con proporciones alegóricas de connotaciones cósmicas. Lo Ético fue el basamento responsable de la coherencia idea-diseño-forma, lo Estético su euritmia. La obra, visual o social, fue lo fáctico donde se amalgamaban sendas voliciones: lo Ético-Estético. Nada era independiente: ni el hombre, ni lo social, ni el cosmos, ni la obra culto-artística que, mágicamente transmutada, era la causalidad de ese todo: era el Dios, su imagen o donde él habitaba: el templo. Nada fue independiente: ni religión, ni política, ni obra plástica; todo estaba interrelacionado con todo: lo agrícola, lo urbanístico, lo social, lo económico, o sea, el Estado. Como "ombligo del mundo", se construyó el Centro ceremonial. Cuando se recorren sus urbanizaciones se percibe esa presencia de centro
universal; la armonía lograda entre la obra y la naturaleza, la integración de
aquel Yo con el paisaje, con ese Paisaje Sagrado de máxima veneración ecológica.
No hay dudas de que así lo vivieron ellos.
En aquella vasta civilización amerindia compuesta por numerosas culturas,
se construyó un orden: un cosmos ético-estético. El régimen despótico de los
gobiernos y la Fe de los pueblos trabajaron mancomunados para la destrucción
del caos. Consustanciados con su mundo, concibieron una cosmovisión y la expresaron. Por toda América fluye constante su esencia fantasmal y lo que su obra transmite: un formidable heroísmo, una colosal huella estética, un autóctono tiempo ontológico que, por más de treinta siglos, desarrolló su heterogénea espiritualidad desocultando el Ser y su inmanencia.
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