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Guitarra
y Silla, 1983.
Como en
aquella primera mandolina, que Botero pintara casi treinta años antes,
la disminución del diámetro de la abertura
del sonido basta para dilatar el resto de la guitarra. No obstante, la sensación
ahora se refuerza con el grueso mástil y la desmesurada anchura de
la caja del instrumento, que parecen comunicar su gruesa condición
a las hojas de la partitura.
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