Sección 01 Historia del diseño gráfico
Los presupuestos históricos
del diseño industrial (2da parte).

Imagen del Lic. Milko A. García Torres

por Milko A. García Torres
Recopilación del libro de T. Maldonado
"El diseño industrial reconsiderado", Buenos Aires, 1993.

 

 

 

También hemos de situar directamente en la tradición figurativa de los "teatros de máquinas" y de los manuales técnicos, los doce volúmenes del "Recueil de planches sur les sciences, les arts libéraux et les arts méchaniques de la Encyclopédie" (1751-1772) de d'Alembert y Diderot. En el texto introductivo de una reedición italiana, R. Barthes escribe: "... La Encyclopédie, en particular en sus láminas, practica lo que podríamos llamar algo así como una filosofía del objeto; en otras palabras, reflexiona sobre su ser, lo pone de manifiesto, trata de definirlo; el diseño técnico ciertamente obligaba a describir objetos, pero, separando las imágenes del texto, la Encyclopédie se empeñaba en una iconografía autónoma del objeto, que hoy nosotros apreciamos en toda su plenitud, precisamente porque [...] no miramos aquellas ilustraciones exclusivamente con fines de aprendizaje.


Recueil de Planches sur les Sciences, les Arts libéraux,
et les arts méchaniques avec leur explication.

253 planchas. Paris, 1771, Briasson, David, le Breton, Durand. Paris, BnF.


Cuerpo Humano como un árbol de venas y arterias.

Un nuevo enfoque filosófico respecto a los objetos técnicos, y a los aparatos en general, empieza pues a abrirse camino. Entre las diferentes aportaciones en este campo merecen ser destacados los protofuncionalistas. La idea de que la belleza de un objeto depende de su utilidad y eficiencia, es decir, de su adecuación a la función a que está destinado, comienza a tener sus partidarios más ardientes en Inglaterra. Entre ellos, G. Berkeley (1685-1753), W. Hogarth (1697-1764), D. Hume (1711-1776), F. Hutcheson (1694-1746) y A. Alison (1792-1867). En Italia, la toma de posición más clara en favor de un enfoque funcionalista es la de C. Lodoli (1690-1761); en Francia, sin duda la de C. N. Ledoux (1736-1806).

En Alemania, importantes contribuciones al funcionalismo se deben a I. Kant (1724-1806), G. E. Lessing (1729-1781), J. W. Goethe (1749-1832), y sobre todo el arquitecto y urbanista F. Weinbrenner (1766-1826). Este último, en la tercera parte de su Architektonisches Lehrbuch (1819), escribe: " La belleza está en la concordancia total entre forma y función." Otro aspecto importante del manual de Weinbrenner es el intento de examinar los problemas de la relación entre forma y función en arquitectura basándose en ejemplos de objetos de uso.

Pero lo que ha cambiado la forma de ver y de interpretar el universo de los objetos técnicos ha sido el descubrimiento del carácter sistémico de la relación necesidad-trabajo-consumo puesta de manifiesto por A. Smith (1723-1790), D. Ricardo (1772-1823), G. W. F. Hegel (1770-1831) y K. Marx (1818-1883). Se descubre que los productos mecánicos manufacturados no son, como a veces se había creído, una irrupción histórica arbitraria, sino el resultado de un tejido complejo de interacciones socio-económicas. A. Smith, siguiendo las huellas de A. Ferguson (1723-1816), lo intuye con particular agudeza, cuando explica el origen de las invenciones técnicas: "Cualquiera puede darse cuenta hasta qué punto se facilita el trabajo con el empleo de máquinas adecuadas [...]. Me limitaré a observar que la invención de todas las máquinas que tanto facilitan y abrevian el trabajo, parece deberse en su origen a la división del trabajo". También hallamos esta idea en Ricardo; más tarde reaparece en J. Stuart Mill (1806-1873), y finalmente desemboca en Marx. Es el itinerario que va de la generalidad abstracta a la especificidad concreta: en la economía política clásica, en vínculo causal entre la máquina y las relaciones de producción, apenas se intuía; en cambio, en Marx nos encontramos frente a una toma de conciencia precisa de ello.

Con todo, a menudo se olvida, o por lo menos no se insiste bastante en ello, que la incisividad de la concepción de Marx se explica a través de la mediación de Hegel. El pensamiento de Marx sobre la relación necesidad-trabajo-consumo aparece como fuertemente condicionado por la reelaboración hegeliana del pensamiento de Smith y de Ricardo sobre este tema. Según Hegel, el hombre, como ser necesitado, se ve obligado a mantener una relación práctica con la naturaleza externa, frente a la cual debe forzosamente actuar para conformarla y desbastarla. Para ello, el hombre hace intervenir instrumentos, es decir, objetos aptos para someter a otros objetos que les son hostiles.

El punto de vista de Marx sobre el papel de las máquinas en la sociedad capitalista viene ampliamente ilustrado en el memorable capítulo Máquinas y gran industria, del primer volumen del Capital (1867), en el que la maquinaria se examina como "medio de explotación de la fuerza-trabajo". Pero nada sería más erróneo que atribuir a Marx una especia de "ludismo", una actitud de condena global hacia la máquina.

Como es sabido, Marx fue un crítico apasionado de la función alienadora en la máquina en la sociedad capitalista pero nada autoriza a hacer de Marx un Rousseau, un enemigo a ultranza del "artificio". Para Marx, el proceso de dominación es inseparable del proceso de artificialización de la naturaleza; el hombre se convierte en tal por medio de la producción de una naturaleza humanizada, es decir, artificializada. Es la construcción y el uso de un equipamiento extracorpóreo (utensilios, armas, alojamientos, vestidos) lo que ha hecho del hombre "la más adaptable de todas las criaturas". En el pensamiento de Marx con todo, la técnico no solamente tiene un valor retrospectivo, sino también prospectivo. El advenimiento de la sociedad sin clases no indicará el "fin de los tiempos tecnológicos", sino el comienzo de unos tiempos tecnológicos esencialmente distintos de los actuales. La técnica perderá su función alienante y pasará a constituirse como un factor de reconciliación del hombre con la realidad, y con los demás hombres.

Junto a la puesta a punto de teorías filosóficas sobre la máquina y su papel respecto al hombre y a la sociedad, algunas iniciativas promocionales y legislativas sancionan, a lo largo del Siglo XIX, el paso de la artesanía a la producción industrial.

En 1851, el príncipe Alberto de Inglaterra, inspirándose en la Gewerbe Ausstellung de Berlín, de 1844, promueve la Great Exhibition de Londres (en la cual participan 14.000 expositores y seis millones de visitantes) a la que le seguirán numerosas exposiciones en muchas ciudades del mundo. A esta exposición siempre se la ha asignado una posición destacada en todas las historias del diseño industrial que se han escrito hasta ahora. Pero de ninguna manera por el "buen diseño" de los objetos que se exponían, sino -como denunciaban también algunos observadores y periódicos de la época- por su atroz mal gusto. En otras palabras, la Great Exhibition habría sido importante, por haber contribuído a revelar la degradación estética de los objetos en aquel preciso momento histórico.


Cristal Palace, donde se realizó la Exhibición. 1851

Esta concepción puede ser válida referida a algunas clases de objetos presentes en la Great Exhibition, no así si se toman en consideración otras secciones, como las dedicadas a las máquinas, a los instrumentos técnicos y alos muebles de serie, en las cuales hallamos objetos que representan un momento muy significativo en el desarrollo del diseño industrial. por ejemplo, el instrumento musical del francés A. Sax, la locomotora de T. R. Crampton, las máquinas agrícolas, los instrumentos quirúrgicos, los telescopios, las armas y los muebles para escuelas.

En el terreno legislativo, por último, merecen ser destacadas algunas iniciativas que han tenido una influencia directa en la fisonomía de los objetos técnicos y que han contribuído a transformar el cometido del diseño industrial. En las dos últimas décadas del siglo XIX, en varios países se establece la obligación de cubrir con un cárter los engranajes de las máquinas-herramientas, con el fin de prevenir los accidentes laborales. Las primeras leyes para una reglamentación de la higiene y de la seguridad en el trabajo son promulgadas en Austria entre 1883 y 1885, en Alemania en 1891, en Inglaterra entre 1891 y 1895 y en Francia en 1893. De esta manera, la configuración técnica del objeto queda oculta por una configuración formal, constituyéndose así una dicotomía que no quedará limitada solamente al campo de las máquinas herramientas. Al contrario, se convertirá en característica dominante de casi todas las tipologías de objetos de la civilización industrial. Nace así la "carrocería", es decir, un envoltorio añadido muy a menudo tratado como una forma, sin ninguna relación - o muy escasa - con el contenido.

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