La comunicación, ¿función del diseño gráfico?
Transformaciones históricas
La primera transformación importante en la historia de la comunicación es la aparición de un nuevo medio: la escritura.
La civilización occidental es tan "escrituraria" que ha olvidado que la escritura sólo tiene 3500 años y que ha habido y hay miles de lenguas que no fueron nunca escritas. Baste pensar que de las 3000 lenguas que existen en sólo 78 se desarrolló literatura. La aparición de la escritura introdujo cambios fundamentales en las formas de comunicación y, por ende, en el tejido social: dinamizó la vida social estableciendo otra manera de contactarse con los hechos comunicados. Esto implica fundamentalmente la posibilidad de estudiar y, en consecuencia, de instaurar la reflexión acerca de las producciones humanas (Ong, 1987: 17-18).
La segunda transformación tecnológica se debió a la aparición de la imprenta, que trajo aparejada la difusión y, por lo tanto, fue el origen de la comunicación de masas. Significó fundamentalmente la difusión del conocimiento y el primer viraje fuerte en la primacía de un canal: el canal oral entró en fuerte competencia con el visual para la transmisión de mensajes producidos en la lengua natural.
Paralelamente, la imprenta hizo aparecer, como complemento, la imagen grabada con la escritura. Si bien la técnica del grabado se conocía desde siglos antes, sólo después del siglo XV los grabados se emplearon de manera sistemática para transmitir la información. Con la ilustración nació una nueva manera visual de aproximarse al mundo del conocimiento.
El tercer gran momento está vinculado a la aparición del telégrafo y la fotografía y, a partir de ellos, el impactante desarrollo de la llamada "comunicación de masas". Aunque se encuentran antecedentes en el auge del periódico a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, sólo comienza a tener los perfiles actuales a partir de mediados del siglo pasado.
Como lo han demostrado los teóricos de la industria cultural, en el siglo XX han cambiado nuevamente las estructuras comunicacionales y, sobre todo, los conceptos de público y privado. Los medios electrónicos dominan el espacio comunicacional cotidiano y la palabra escrita vuelve a acotarse, compartiendo su espacio con la palabra oral —radio, TV, entrevista en los diarios, transcripciones de la oralidad— y con la imagen.
Generalmente, al hacer la historia de la escritura se pierde de vista el curso seguido por la lectura. Vale la pena esbozarlo, en tanto el Diseño Gráfico o sus antecedentes tienen y tendrán, en ella, un lugar de importancia.
En su origen, los textos escritos carecían de marcas paralingüísticas de organización del texto, separaciones internas en partes, capítulos, organización de las secuencias y separación de las palabras. El lector debía introducir todas las separaciones y, obviamente, todas las marcas de entonación: pregunta, exhortación, orden; la lectura se realizaba en voz alta. La voz encarnaba la elocuencia y, con ella, el convencimiento y la internalización. El ojo y la voz componían el movimiento de leer tanto para sí como para los otros. Para sí mismo, como forma de declamación internalizadora; para los otros, como la forma de acuñar, en los que no sabían, la fuerza del ejemplo.
Esta consideración histórica es importante porque pone de manifiesto que, en el hecho de la lectura, la marca gráfica fue central para el desarrollo del canal visual. Todas las decisiones de organización del material de lectura -bloques, emparejamiento de las columnas, realzamiento de palabras o expresiones- pertenecen al ámbito del Diseño y configuraron nuestra actual experiencia del libro: éste es el soporte que la modernidad se dio para la lectura y el lugar donde se recogieron y desarrollaron estas transformaciones.
En una imaginaria historia del ojo puede decirse que ojo y voz, ojo y oído han tenido un modo de conjugarse que determina modos de leer y ver en cada época: el manuscrito y la oralidad, el libro y la lectura silente, y la actual etapa de transformación cuyas características aún deben desplegarse.
En esta historia de la lectura, el pasaje de la voz al silencio o, lo que es igual, el advenimiento del imperio de la vista en relación con la lectura, se produjo en el Renacimiento. La imprenta, la difusión del libro, las marcas de escritura tales como la separación de palabras y, en otro orden de cosas, la instauración -hecha por Lutero- de un lector hermeneuta que descifra personalmente el habla de Dios, son algunos de los factores que instauran el ojo como centro total de la lectura.
En la lectura clásica, establecida por el Renacimiento, el ojo es el que desata los demás sentidos, y se transforma en un megasentido capaz de convocar a otros. A través del ojo, el lector ve, escucha, huele...
El ojo lee de dos maneras: lee los grafemas y lee también imágenes visuales (iconos, índices o símbolos, que tienen otro modo de representar). Históricamente separados, el siglo XX generalizó la conjunción de los dos sistemas visuales; dos maneras de leer: lo discreto y lo analógico, lo arbitrario y lo lineal. En efecto, a pesar de la larga tradición iconográfica de Oriente y Occidente, a pesar de las épocas en las que se usó o se renegó del poder de la imagen para sostener cultos o doctrinas, a pesar de la incorporación de las imágenes en conjunción con la escritura en los proyectos enciclopédicos del siglo XVIII, es nuestro siglo el que generalizó la imagen visual como lugar de lectura: el libro, la revista, el periódico ilustrado y el libro de ilustración.
En este momento asistimos a una nueva transformación: la lectura en el ordenador. En esta modificación hay un retorno a la voz y al oído, en tanto el sonido está incorporado a los textos en CD. Estos textos materializan la transtextualidad verbal, visual y auditiva, en tanto en uno solo coexisten textos que apelan a distintos canales de transmisión. Después de la explosión de los nuevos géneros y formas, de las combinaciones de los sistemas de representación que modificaron el acto de lectura, después del cine, la televisión y el vídeo, el libro como soporte se está transformando. Junto al lector urbano que realiza lecturas funcionales y al lector del espectáculo visual contemporáneo, surge otro lector que, en principio, sintetiza la funcionalidad y el espectáculo ante la pantalla digital.
Como se ve, en este rápido recorrido por la historia de la escritura y la lectura, los saltos cualitativos en el desarrollo de la comunicación han traído aparejadas modificaciones en los tres aspectos: canal, medio y carácter constituyen una tríada que engarza las formas de la comunicación humana.
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