Sección 01 Historia del diseño gráfico
El Diseño Gráfico en Grecia y Roma.
Imagen de la D.G. Paola Fratícola

por Paola L. Fraticola
Recopilación de autores varios.

 

 

La escasez de muestras homologables hoy como auténticos y genuinos productos de diseño gráfico, y la categoría estética a la que han accedido con el paso del tiempo, conduce a la formulación de una primera y delicada hipótesis. Antes del Renacimiento, vamos a considerar a las formas visuales como antecedentes históricos de lo que hoy representa en nuestras sociedades occidentales el diseño gráfico.

La disciplina tipológica griega, desde la arquitectura hasta la escultura, facilita la repetición y multiplicación seriada de imágenes simbólico-informativas a través de modelos arquetípicos que toman como módulo canónico la relación proporcional y simétrica del cuerpo humano.

Esta fuera de duda que uno de los usos del templo griego fue el de la intencionalidad de su forma simbólica. La construcción de templos y la producción de estatuas, obedecen prioritariamente a una clara voluntad de afirmar el poder, su religión y su cultura a través de la implantación sistemática de modelos cuya función emblemática, en efecto, aumenta a medida que el espectador se aleja del objeto. Contemplando un templo griego a distancia veremos que su forma equivale, en cierta medida a una auténtica marca distintiva.

La perfección en la escultura alcanzada durante el período clásico responde asimismo a un lenguaje formal categórico y sumamente diáfano, denotado a través de arquetipos idealizados del modelo que el ciudadano ve constantemente a su alrededor y con el que se siente identificado, la figura humana.

La información pública y comercial se plantea en ordenados paneles situados en el ágor (verdadero centro político, social y comercial), auténticos precedentes de los actuales carteles urbanos (vía pública) mientras algunos establecimientos, como las tabernas, adoptaban la piña como emblema visual colgante, símbolo de la capa de pez que al parecer protegía el interior los toneles. Esta forma señalizadora siguió vigente en Roma, la Edad Media y los siglos posteriores, llegando hasta nosotros (o más precisamente hasta nuestros abuelos) mínimamente adulterada en su forma, aunque desconectada por completo de su contenido simbólico, y cuyo testimonio permanece hoy en un rincón anecdótico de la historia social, en nuestro rico refranero popular, "allá donde hay un pino, seguro que venden vino."

Desde la antigüedad hasta nuestros días el esquema comunicativo ha variado en su naturaleza formal es decir, en el medio, pero apenas si lo ha hecho en su esencia intencional. Los más eficaces mensajes dirigidos a colectividades indiscriminadas, cultos o incultos, siguen confundiendo a los sentidos corporales con una menor capacidad de rechazo y selección, el oído y la vista.

La oratoria y la representación gráfica han asumido las tareas de persuasión local de pueblos iletrados con la mayor impunidad. Y si en la Antigüedad la información visual fue casi exclusivamente emitida por la Iglesia o el Estado, en Grecia el comercio empezó ya a utilizar esta técnica persuasiva cuyo progresivo desarrollo ha acabado por igualar (si no superar) a los dos pilares tradicionales del poder público, el temporal o político y el espiritual o eclesiástico.

No obstante la aplicación de elementales repertorios de imágenes convencionales en aspectos concretos de la publicidad, como los emblemas colgantes y algunos carteles rudimentarios, el vehículo más común en la comunicación de caracter comercial fue, hasta el siglo XIX, la VOZ.

Conviene recordar a este respecto que el uso de la escritura, se mantuvo reservado para las clases altas, la clase instruída, los funcionarios por ejemplo.

Parece deberse a la iniciativa de los comerciantes romanos la introducción de una cierta escritura inclinada o cursiva a la que habría que considerar una primera versión de la letra minúscula, al margen del uso de iniciativas muy anteriores a Roma que introdujeron en la relación comercial toda clase de sellos, timbres, contratos, marcas personales de reconocimiento y garantía, etc. Todo lo cual constituye un cierto género de diseño gráfico, una representación gráfica singular, sintética y con un planteamiento conceptual exactamente simétrico al que hoy sigue un diseñador gráfico ante el encargo de una imagen corporativa. En este sentido los sellos que los comerciantes de vinos y aceites grabaron en los cuellos de las ánforas son auténticos logotipos. algunos de ellos de una "modernidad" tipográfica verdaderamente sorprendente.

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