Sección 01 Historia del diseño gráfico
La Bauhaus impone al diseño gráfico
como categoría disciplinar (3ra parte).

Imagen de la D.G. Paola Fratícola

por Paola L. Fraticola
Contenidos fueron recopilados de
"El diseño gráfico, desde los orígenes hasta nuestros días", por Enric Satué.

 

 

La atención al diseño gráfico

Cómo lógica conclusión a la actitud racional de Gropius de aplicar el arte a la producción industrial (y con ello al consumo), el diseño gráfico vino a ocupar pronto un papel importante en el marco disciplinar de la escuela. En realidad, las salidas que ante semejante planteamiento teórico-disciplinar le quedaban a la pintura eran su aplicación mural (para decoración de interiores y exposiciones) y su adaptación el papel impreso (libros, folletos, carteles, programas y catálogos, etc.).


Oscar Schlemmer: Imagen de identidad definitiva desde 1922.

Sin embargo, esta nueva forma comunicativa se fue abriendo paso gradualmente. Durante la primera etapa de la Bauhaus, hasta la incorporación en 1923 de Moholy-Nagy, el diseño gráfico no se contempla como asignatura, aunque se imparten conocimientos sobre escritura y construcción de letras. En esta su segunda etapa, los manifiestos, programas, carteles y catálogos impresos en los talleres de la escuela, sufrirán una singular evolución que presume la influencia que recibe, progresivamente, de los presupuestos pedagógicos generales.

En efecto, basta contemplar el salto cualitativo, formalmente hablando, que supone el diseño del sello de la escuela que Oskar Schelmmer realiza en 1922 frente al diseñado en 1919 por Peter Röhl, aunque el grafismo de uno y otro quedan lejos todavía del estilo Bauhaus en diseño gráfico, el cual será impulsado básicamente por Moholy-Nagy es un artista teórico y experimental verdaderamente vanguardista, cuya presencia altera profundamente la estructura docente de la Bauhaus, dotando de esta forma al cursor preliminar y al taller de metales de un nuevo impulso.


Lazló Moholy-Nagy: Cubierta de folleto, 1923.

Un dato relativamente anecdótico que ilustra su firme preocupación por la renovación tipográfica (de cuyo proceso será su protagonista teórico), lo constituye el uso de un lema de principios de siglo que procede de uno de los textos del herético arquitecto Adolf Loos, enemigo irreconociliable del Modernismo vienés. En sus abundantes, polémicos y hasta furiosos artículos (no desprovistos de razón), arremetió también contra la moda tipográfica, especialmente contra los tipos diseñados por Otto Ekmann y Walter Olbrich, a quienes acusó de entrometerse en el arte del diseño tipográfico, "empeñados en hacer letras modernas".

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