![]() |
Romanticismo (2da parte) |
![]() |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
En los paisajes, los románticos dieron rienda suelta a su atrevimiento y a su imaginación.
Los franceses no fueron, de njngún modo, los únicos románticos: Alemania era «la tierra original de los godos». Un toque de ese intenso simbolismo que tan a menudo caracteriza el arte alemán se aprecia en Caspar David Friedrich (1774-1810). Es el campo principalmente lo que Friedrich ve como símbolo, una muda alabanza "de su invisible Creador". El misticismo germano nunca ha sido muy exportable, y sólo hoy se considera a Friedrich un artista significativo y con fuerza. El arte religioso sin religión explícita no es fácil de pintar, pero Friedrich lo consigue.
"Monje en la orilla" (arriba), posee una atrevida simplicidad. Tres grandes franjas se extienden en el cuadro: el cielo, el mar y la tierra, con una única nota vertical compuesta por el ser humano, que recoge la mudez de la naturaleza y le da voz. «Monje» viene del griego y significa «solo», y es esta soledad lo que Friedrich comparte con nosotros. Según esta pintura, todos somos monjes y todos estamos en la orilla de lo desconocido.
La tradición romántica inglesa El verdadero romanticismo -en el sentido del amplio movimiento ligado a la desaparición del neoclasicismo- es originario, por derecho propio, de Francia. Por otro lado, si hablamos estrictamente en términos cronológicos, surgió una tradición romántica en Inglaterra antes que en Francia; en cierto modo, siempre había existido en la forma de la particular sensibilidad inglesa con respecto al paisaje -ejemplificada en las pinturas de Gainsborough. Esta temprana sensibilidad alcanzó su completa expresión romántica en las obras de los dos grandes paisajistas ingleses: Turner y Constable. Los paisajes de Turner: Turner (Joseph Mallord William, 1775-1851)
inquietó a todos aquellos que le conocían por su
falta de conformismo con la idea aceptada de gran
artista. Continuó siendo un Cockney impenitente,
que no era muy escrupuloso con la higiene ni con la
correcta pronunciación, pero sí apasionadamente
dedicado a las cosas que le importaban. Desde el
principio se reconoció su grandeza, y su carrera fue
una fuente de reacciones desconcertantes pero
afirmativas a lo largo de su vida. Aunque su
costumbre de verter y empapar de pintura
sus lienzos fuese más allá de lo comprensible,
llevaban el sello indiscutible del genio.
Asociamos a Turner con el color, pero
sus primeras obras son oscuras, puesto que su
principal preocupación era la realidad de la
escena y, además, su drama inherente.
Mortlake Terrace (arriba) no contiene, en
principio, ningún elemento dramático. Plasma
un atardecer de principios del verano, con el
Támesis en su tranquilo fluir, los barcos de placer
aventurándose en el río, los altos árboles
alienados en el paseo moviéndose ligeramente
con la brisa. Las sombras caen sobre la
hierba corta, unas pocas personas miran, un perrito se sube al parapeto. En realidad no sucede
nada, y sin embargo, el drama resulta tan vibrante
como siempre. La luz es la preocupación del
artista; todo es un pretexto para su enamorada
representación de esta delicadeza de luz solar.
La luz vibra en el aire, emblanquece las colinas
lejanas, hace que los árboles resulten translúcidos,
forma una sombra oscura y en diagonal sobre la
monótona hierba, que adquiere así una fascinante textura; la luz esconde el mundo y lo revela.
Tempestad de nieve (arriba) muestra al Turner más
apasionado. Se nos presenta un remolino de
frenética energía, una comunicación casi táctil de lo que significa estar en medio de una tormenta de
nieve en el mar. La opacidad de dicho elemento,
las densas nubes que surgen como remolinos de la
chimenea, la furiosa conmoción del água: todo se combina con un realismo casi aterrador. Sin
embargo, si quitamos el título y cambiamos el siglo, pensaríamos que estamos ante un abstracto. La alegría de la luz: En la obra de Tumer desde este momento hasta su vejez, la luz le ha conquistado de tal manera que todo se disuelve en su resplandor. En estas pinturas, la glorificación romántica y el amor por la naturaleza se muestran en su máximo esplendor. Es aquí donde la profunda naturaleza poética de la pintura romántica encuentra por primera vez su suprema forma visual. Como dijo su rival, Constable, parece que los últimos trabajos de Turner «están pintados con vapor coloreado».
Aproximación a Venecia (arriba) necesita el título,
puesto que nos presenta una neblina coloreada a
través de la cual aparecen unos puntos de lo que
suponemos son barcos y un campanario lejano. El
agua es dorada por efecto de la luz, pero el cielo
también: ¿dónde empieza el agua y dónde termina
el cielo? No hay profundidad de perspectiva, tan
sólo espacio, altura, nubes, brillo, gloria.
La impresión es de inmensa alegría, casi
estática por su fuerza; lo natural se alía con lo
espiritual. Turner ha roto el mundo en pedacitos
de papel y los ha tirado al sol; allí se prenden y él
los pinta al tiempo que grita: «¡Aleluya!». 1 - 2 |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||