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Romanticismo (1ra parte) |
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por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett |
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Si la palabra «romántico» aplicada a las artes actuales sugiere una cierta teatralidad y un El idilio pastoril sugerido por algunas escenas campestres de Gainsborough, desapareció rápidamente con la Revolución Industrial, mientras que una revolución más violenta en Francia supuso cambios irrevocables en el orden social. La grandiosidad y el idealismo del neoclasicismo no coincidían con la realidad y las privaciones de una sociedad cada vez más industrializada. Prefigurado por Goya, el romanticismo implicaba una perspectiva, un enfoque, una sensibilidad hacia la vida moderna. Francia fue su verdadero hogar y el de sus primeros innovadores: Théodore Géricault (1791-1824) y Eugene Delacroix (1798-1863). Si Ingres fue el gran neoclásico, ellos fueron los grandes románticos.
La balsa de Géricault La balsa transportaba supervivientes de La Méduse, un barco de la flota naval francesa que se hundió en ruta hacia la costa oeste de África en 1816. El capitán y los oficiales cogieron los botes salvavidas y dejaron la balsa para los 150 pasajeros y el resto de la tripulación. Durante trece días navegaron sin rumbo por el Atlántico, pero todos, excepto 15, murieron.
La elección de Géricault de este tema tan triste para un enorme lienzo contradecía las normas artísticas tradicionales. También implicaba una crítica al gobierno, ya que el nombramiento de un capitán con una conducta tan impropia de un marino había sido un acto de favoritismo político.
Sus retratos de locos, como por ejemplo "La monomaníaca del juego" (arriba), presentan un poder hipnótico. Estos rostros trágicos y perturbados tenían para él una connotación personal. No ve su sufrimiento de forma objetiva; se aprecia una conmovedora intensidad de reacción. Nos hace sentir que el potencial de estos diversos desequilibrios son endémicos. Lo que contemplamos es nuestro posible futuro.
Delacroix: el gran romántico Géricault mostró una preocupación por la muerte y por lo mórbido que no se encuentra en su contemporáneo Delacroix, cuya característica principal es un sentido de la plenitud romántica de estar vivo. Después de la muerte de Géricault, en 1824, Delacroix pasó a ser considerado como único líder del movimiento romántico. No obstante, su arte era muy particular, y pronto superó la primera influencia de Géricault. Como él, Delacroix recibió una educación clásica (fueron alumnos del neoclásico Pierre-Narcisse Guérin); sin embargo, y a pesar de todas las críticas de los salones, desarrolló un estilo único y animado, con una gran influencia de Rubens, gracias al uso de una paleta viva que lo sitúa entre los grandes coloristas. Tenía una energía casi rubensiana, una vitalidad salvaje y a veces temeraria que es el exacto equivalente visual del estilo de Byron. Como éste, a veces puede resultar histriónico, pero en general está lleno del vigor de los realmente grandes y consigue transportar sin reservas al observador.
Cuando pintó "Huérfana en un cementerio" (arriba), no plasmó una huérfana llorona y pasiva, sino a una vibrante y joven belleza, ávida de vida, vida y alertada por la cercanía de la muerte, pero con los labios ligeramente separados y el hombro desnudo al alejar su mirada de las tumbas hacia la salvación. Sus ojos tienen el brillo de los de un caballo asustado. A pesar de su etiqueta, no es una víctima.
Él sostenía que había visto estos ataques y que había tomado parte en ellos, pero su verdadero origen está en su vÍnculo imaginario con los guerreros. El pintor está en todo el cuadro: en el frenesí de los caballos, en las maniobras de los luchadores, en su dolor y en su ira, en su valentía y en su desesperación. Está con el paisaje, salvaje y alto, yermo y sin embargo, querido con pasión. 1 - 2 |
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