01 Historia del Arte

Culturas y Arte Precolombino (7ma parte)

por el Lic. José manuel Guardia Villar
Este texto es propiedad original y exclusiva del autor
 

 

5.3.4.1.- El templo mayor.

Después de asentados los mexicanos (aztecas) en la isla de Tenoch, no les fue posible construir un templo digno de Huitzilopochtli. Al principio, por faltar piedra, lo construyen con varas y paja.
Ya en tiempos de Chimalpopoca tienen acceso a la piedra, pero no es hasta el reinado de Tizoc que adquiere el templo aquella visión de magnificencia que les pinta Huitzilopochtli, sobre los cimientos que proyecto Moctezuma. Finalmente, el siguiente Gran Orador Ahuizotl, termina e inaugura el templo en el año de 1487, Ocho Caña.
Después de quedar concluido el templo, Ahuizotl convido a los Oradores aliados y a toda la nobleza de estos reinos. Aunque los números de visitantes y de sacrificados son exagerados, no cabe duda que fue este el evento mas lucido de la historia de los aztecas.
La fiesta duro cuatro días, en cuyo tiempo fueron sacrificados en lo alto del templo todos los cautivos que se habían reunido en cuatro años de guerras (según los aztecas, cuatro poblaciones fueron sacrificadas). Los prisioneros formaron hileras e iban entrando a su muerte. Fueron tantos los sacrificados, que el pueblo ya no podía comer la carne que les daban.
El Templo Mayor de los aztecas o huey teocalli es sin duda uno de los grandes tesoros por siempre perdidos. No queda nada en pie de él; a no ser por unas cuantas ruinas, que nada o poco nos dicen de su grandeza.
¿Cómo fue, en realidad, esta joya arquitectónica? Tenemos varios escritos que nos legaron los conquistadores españoles. Debemos dar gracias a que era costumbre entre los conquistadores llevaran un escritor que describiera todos sus hallazgos.
Tenemos así, la descripción de Bernal de Díaz: "...dejamos la gran plaza sin mas verla y llegamos a los grandes patios y cercas donde esta el gran cu (teocalli); y tenía antes de llegar a él un gran circuito de patios, que parece que eran mas que en la plaza que hay en Salamanca, y con dos cercas alrededor, de calicanto, y el mismo patio y sitio todo empedrado de piedras grandes, de losas blancas y muy lisas, y adonde no había de aquellas piedras estaba encalado y bruñido y todo muy limpio, que no hallaron una paja ni polvo en todo él. Y desde que llegamos cerca del gran cu, antes que subiésemos ninguna grada de él, envió el gran Moctezuma desde arriba, donde estaban haciendo sacrificios, seis papas y dos principales (sacerdotes) para que acompañaran a nuestro capitán, y al subir de las gradas, que eran 114, le iban a tomar de los brazos para ayudarle a subir, creyendo que se cansaría, como ayudaban a su señor Moctezuma, y Cortes no quiso que llegasen a él. [...] Y luego le tomo de la mano [Moctezuma] y le dijo que mirase su gran ciudad y todas las mas ciudades que había dentro del agua, y otros muchos pueblos a su alrededor de la misma laguna, en tierra; y que si no habíamos visto bien su gran plaza, que desde ahí la podría ver muy mejor, y así lo estuvimos viendo, porque desde aquel grande y maldito templo estaba tan alto que todo lo señoreaba muy bien..."

Tenemos, así mismo, el escrito de Fray Bernardo de Sahagun. Este, con infinita paciencia se sentó con sus informantes y les permitió hacer dibujos de lo que relataban. Luego describían lo que habían dibujado. A diferencia de la descripción de Bernal (la del típico turista que va explicando lo que ve, sin la descripción del que sabe).
Según Sahagun (Libro Segundo) había 78 edificios relacionados con el Templo Mayor, con 25 pirámides, 5 oratorios, Casa de Ayuno, cuatro quauhxicalli (jicaras para colocar los corazones de los sacrificados), un teccalco (altar escalonado), 7 tzompantli (estructuras en que se exhibían las calaveras de los sacrificados), 2 tlachtli (canchas para el juego de pelota), un pozo y tres baños, dos netlatiloyan (sotanos en que se guardaban las pieles de los desollados), un edificio para las danzas, 9 casas de sacerdotes, carcel para los dioses de los pueblos conquistados, arsenales, talleres y otros mas.

5.3.4.2. La leyenda de Quetzalcoatl.

La aparición en Mesoamérica y específicamente en el Anáhuac, de este personaje alto, rubio, blanco, barbado y de profunda cultura ha dado margen a la creación de varios mitos y leyendas que los antropólogos, científicos y exploradores extranjeros han entretejido de una maraña cada vez más difícil de desenredar. En la mitología Tlahuica, tan confusa como la Griega, se borda una historia con respecto a Quetzalcóatl, semejante a la del nacimiento del Rey Salomón, pues se dice en los antiguos códices que Quetzalcóatl fue hijo de una mujer virgen llamada Chimalma y del Rey-Dios Mixtocóatl, monarca de Tollán. Que avergonzada por haber dado a luz sin matrimonio, Chimalma puso en una cesta al niño y lo arrojó al río. (no se sabe a cual) y que unos ancianos lo criaron y educaron, habiendo llegado a ser un hombre sabio y culto que al regresar a Tollán, se hizo cargo del gobierno.

Por otra parte se dice que Quetzalcóatl fue un hombre rubio, blanco, alto, barbado y de grandes conocimientos científicos, que enseñó a los pobladores de lo que hoy es México, a labrar los metales, orfebrería, lapidaria, astrología etc. aunque jamás se llegó a saber su nacionalidad y su procedencia. Cuéntase que habiendo bebido el suave neutle (pulque) se emborrachó y cometió actos bochornosos después de lo cual decidió marcharse para siempre tomando el rumbo del Golfo de México o Mar de las Turquesas.
En un suicidio ceremonial al cual le acompañaban cuatro mancebos sus discípulos, se hundió para siempre, renaciendo como la estrella de la Mañana y posteriormente adoptando el nombre de Quetzalcóatl, que quiere decir serpiente emplumada o serpiente de plumaje hermoso.
Los Mayas adoptaron a Quetzalcóatl como deidad pues hasta allá llevó sus conocimientos y su cultura pasmosa, colocándole el nombre de Kukulcan, que quiere decir lo mismo, serpiente emplumada o Votán ( que debe haber sido su nombre real) y recibieron de él las más sabias enseñanzas tanto religiosas como políticas y artísticas.
Se dice que los Toltecas, Nahoas y Mayas lo deificaron y colocaron su símbolo en todos los palacios, monumentos y templos de la zona Maya y Mesoamérica en donde aún puede verse, en recuerdo y veneración de este sabio, que según la tradición mayense, subió al panteón y se convirtió en la estrella Venus, que también es así identificado por los fantasiosos arqueólogos.

Ahora bien, cuando las huestes hispanas llegaron a las tierras veracruzanas al mando del capitán extremeño Hernán Cortés, y según nos cuentan en sus muy sabrosas crónicas Bernal Díaz del Castillo, se encontraron con una gran sorpresa que en esos días de codicias y rapiña desmedidas no le dieron la importancia que tenía y hoy aún, debe tener. Relata el soldado cronista que llegados a las costas de lo que sería La Nueva España, el Emperador Moctezuma envió unos tendiles llevando regalos, oro y joyas y muchos ricos presentes que lejos de hacer que Cortés volviera proa a la mar, lo tentó en ambiciones. Uno de estos tendiles al ver que uno de los soldados de Cortés tenía un casco de latón que brillaba al sol, pidió verlo, diciendo que hacía muchos, muchos años, había llegado a la Gran Tenochtitlán un hombre rubio, barbado y blanco, portando un casco semejante; que al marcharse se los había regalado y los sacerdotes lo colocaron en la cabeza del ídolo representativo del Dios Huitzilopochtli. Pidió que se le prestara el casco para cotejarlo con el que tenía puesto su Dios.
Y resultó que el casco dorado que tenía el Dios, era igual al del soldado hispano, sólo que tenia en ambos lados unos cornezuelos al estilo de los cascos vikingos.
Aquél tendil no solamente llevó ante Hernán Cortés el dicho casco dorado, sino también a un hombre blanco, alto, barbado, rubio que se parecía mucho al conquistador, diciendo que su nombre era Quintalbor, que de ninguna manera es nombre mexicano, maya o correspondiente a ninguno de los idiomas, que se hablaban en el Nuevo Mundo. Pero en lugar de examinar detenidamente el casco y si lo hicieron no fue consignada en ninguna de las cartas de relación, tomaron a chunga y relajo la presencia de aquel hombre barbado, rubio y blanco idéntico a don Hernán Cortés, al grado de parecer su hijo o su gemelo y desde ese momento lo llamaron Don Cortés.
Al llegar los conquistadores a la fabulosa Ciudad de Tenochtitlán, sacerdotes y principales hablaban de un hombre rubio y barbado semejante a ellos, que hacía muchos años había estado entre ellos y les había predicho que un día llegarían al país hombres barbados y con armas poderosas para esclavizar al señorío.
Moctezuma, que según nos cuenta la historia era un monarca medroso, pusilánime, creyó que con la llegada de Hernán Cortés y su puñado de rapaces se cumplía la profecía y casi dejó en manos del puñado de horca hispano, el destino de su reino, de su imperio.
Ahora bien, es de suponerse que Quetzalcoatl no fue aquel misterioso hombre barbado, posiblemente nórdico, que dejó como recuerdo su casco de vikingo, ya que en ese entonces la Europa no poseía la cultura y los conocimientos numéricos y calendáricos que poseían los mayas y el mito y la leyenda se entretejen en una urdimbre impenetrable, se confunden debido a los estudios antropológicos y arqueológicos hechos en una mayoría por extranjeros.
Tal vez Tollán si tuvo un gobernante sabio y bueno al que llamaron Quetzalcoatl, hijo de Chimalma y el Rey-Dios Mixcoatl, pero también es muy posible que los sacerdotes y astrónomos de entonces, al observar los cielos en la forma en que lo hacían, hayan descubierto que el mundo, su mundo, formaba parte de la Vía Láctea, de esta enorme galaxia que hoy conocemos y de la cual formamos parte y a la cual daban por nombre Ixtacmixcoatl que quiere decir "Serpiente salpicada de piedras preciosas o luceros", serpiente incrustada de diamantes. Y después de sus observaciones le hayan puesto Quetzalcoatl, serpiente de plumas hermosas y extendido su culto a los habitantes de Mesoamérica. De allí que en los portentosos edificios de esa antigüedad se hayan esculpido esos símbolos y reverenciado como deidad, pues a ningún hombre por sabio que haya sido, se le dio jamás el rango de Dios.
Por último y finalizando así la leyenda y el mito, al relato, y a las elucubraciones, es preciso asentar que según algunos arqueólogos, jamás existió la serpiente emplumada, que sería absurdo una mezcla o yuxtaposición con fines religiosos, de una ave preciosa y un reptil.
Lo que ocurrió y a esto puede y debe darse el mayor crédito, es que los hombres de aquella civilización tan avanzada, en su sublimación artística, esculpieron una serpiente con penacho, con garras de jaguar y crearon una figura monstruosa y bella a la vez, como el mítico dragón de los chinos en el cual quieren enredar al misterioso y bárbaro rubio peregrino, que por lo menos, ya que su cultura debió haber sido casi completa, pudo haber dejado escrito su nombre y el de su país en alguno de los muros, frescos o bajorrelieves de templos y palacios.
Así volvemos a lo mismo. Quetzalcoatl hombre, Quetzaltcoalt Dios, amalgama absurda de las generaciones actuales. Incomprensión de lo misterioso de aquellos pueblos que han dado margen a una de las leyendas más difundidas en América y en el mundo.

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