Sección 01 Historia del Arte
La expulsión de San Joaquín del templo
Imagen del Lic. José Manuel Guardia Villar

por el Lic. José Manuel Guardia Villar
Este texto es propiedad original y exclusiva
del Lic. José Manuel Guardia Villar.


 

La Expulsión de Joaquín del Templo. Giotto di Bondone.

La imagen que comentamos es obra del que la Historia del Arte ha considerado, tradicionalmente, como padre de la pintura moderna: Giotto di Bondone.
Este fresco está pintado dentro de un ciclo inmenso en el interior de la Capilla Scrovegni entre 1302 y 1305. Se trata de una edificación de finales del Duecento, también denominada Capilla de la Arena, por encontrarse muy cerca de un antiguo Teatro Romano. El ciclo se corresponde perfectamente con la estructura arquitectónica de la capilla, por lo cual durante mucho tiempo se pensó que tal vez su autor, Giotto, pudiera también haber realizado los planos de aquélla. El encargo lo realizó una familia particular, y no la Iglesia como era habitual. Esto ya habla de un cambio de mentalidad en una época que todavía puede considerarse como medieval para el resto de Europa. El tema es la historia de San Joaquín y Santa Ana, los padres de la Virgen María y se sitúa en la parte superior del muro de la izquierda de la capilla.
Para la documentación iconográfica Giotto siguió el libro de Jacobo de la Voragine, ya que la historia de San Joaquín y Santa Ana no está recogida strictu senso en las Santas Escrituras, Giotto figuró el episodio de la Expulsión del padre de la Virgen de manera clara y muy accesible. La colocó como primera escena que abría el ciclo del registro superior, pero anticipa, de alguna manera, todo el desarrollo posterior del relato.
Joaquín fue a realizar una ofrenda al templo, pero un sacerdote lo expulsó de él por no haber tenido hijos y ser ya viejo y estéril. Afligido, se retirará al desierto. Su mujer, Ana, que no sabe nada de la huida de su marido, lamenta doblemente su viudez y su esterilidad. Mientras se lamentaba se le apareció un ángel anunciándole el advenimiento de una hija. "Vete a la puerta que llaman Dorada y sal al encuentro de tu marido (que también había sido visitado por el ángel) porque hoy mismo llegará". Ella se dio prisa y se marchó con sus doncellas. [...] Y en seguida salió corriendo a su encuentro y se abalanzó sobre su cuello y dio gracias a Dios". (Abrazo en la Puerta Dorada) fresco que cierra el ciclo de la Vida de San Joaquín y Santa Ana.
Giotto sitúa el motivo principal fuera del Templo, cuando Joaquín es rechazado por el sacerdote. El artista ha presentado un edificio del que, aun fuera, vemos el interior de la arquitectura. La construcción se presenta hermética, muy potente en sus volúmenes, aunque finamente decorados sus muros. Dentro, un sacerdote bendice a un fiel, pero fuera, Joaquín se muestra atónito y sin fuerzas para replicar la prohibición del sacerdote. Éste es un punto interesante para la representación: la desconsolada mirada del viejo Joaquín, que contrasta con el gesto inquisitivo del sacerdote, que le señala el camino. Giotto ha dado toda la importancia al gesto, articulando de esta forma la composición. De cualquier manera, los volúmenes rotundos del edificio y su disposición en el cuadro, ayuda a seguir la diagonal que señala el brazo del sacerdote.
Los frescos se organizan en tres grandes registros horizontales, con escenas de tamaño similar a la que nos ocupa, delimitadas por cenefas de mármoles y adornos fingidos. El techo simula ser una bóveda celeste azul, con las constelaciones y las estrellas en dorado. Este tipo de decoración era muy frecuente en el Gótico italiano e incluso la Capilla Sixtina ostentaba este supuesto cielo antes de que Miguel Ángel recibiera el encargo del Juicio Final. Otro rasgo de modernidad en los frescos de Giotto lo encontramos en el empleo sobrio del dorado, que en el Gótico de otros países se extremaba al máximo, como por ejemplo en España. Aquí, Giotto lo aplica tan sólo en el nimbo que distingue al personaje sagrado (San Joaquín) de los normales y en las orlas del vestido. El nimbo es de pastillaje, una técnica que emplea relieves de yeso sobre los que se aplica el pan de oro para fingir mayor riqueza.
Las figuras de Giotto tienen una presencia monumental que las distingue de las de cualquier otro autor. La masa corporal, la individualización de los personajes a través de sus rostros y gestos, la elegancia y el empleo casi por primera vez de las gamas tonales, en vez de colores absolutos, planos, son rasgos del pintor que introducen en el comienzo del Trecento.
Al analizar la obra de este genial autor muchos testimonios coinciden en afirmar que Giotto marca una época en la pintura. Con él se inicia la pintura moderna, y centran esa modernidad en el "realismo giottesco" que toma como modelo y maestra a la naturaleza e introduce las adecuadas proporciones y las formas inspiradas en el estudio del natural.
Para algunos, lo que caracteriza a Giotto es su fuerza de expresión, pues distingue lo esencial de las emociones con el gesto de las figuras; para otros es la manera de conseguir volumen, "tactibilidad", formas que tienen capacidad, que llenan el espacio.
Realmente la obra de Giotto apenas tiene relación con el gótico en su sentido estricto; sin embargo, responde a la aspiración general de esta época de liberarse de las antiguas ataduras, por ello se le considera un innovador que inaugura el sentido plástico de la pintura, pues la monumentalidad de sus figuras y su intento de conquistar el espacio anuncian una nueva época.

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