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De la Grecia clásica al Helenismo (2da parte) |
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|||||||||||||||||||||||||||||||||||
por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett |
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La pintura etrusca
La civilización etrusca existió en la península italiana al tiempo que la griega se extendía por el sur de Italia en el siglo VIII a. C. En un principio se creyó que provenía del Asia Menor, pero ahora se tiende a pensar que tuvo su origen en Italia. Su arte muestra influencias del arte griego, pero mantiene un estilo propio muy valorado por los griegos. Alguna de las primeras obras de arte de los etruscos, como el mural de la Tumba de los Leopardos en Tarquinia (arriba), presentan un carácter alegre. Los hombres, que al parecer están danzando, llevan una copa de vino, una flauta doble y una lira. Sin embargo, gran parte del arte que ha llegado hasta nosotros muestra un ligero aire siniestro, un conocimiento de la incontrolable naturaleza de la vida y de sus implicaciones.
Entre algunas de las impresionantes pinturas de tumbas etruscas, contemporáneas al período clásico griego, se encuentra este fresco de una tumba en Rivo di Puglia, en el que una colorida procesión de Plañideras (arriba) avanza con fuerza implacable. Contrasta de forma fascinante con las plañideras de la tumba de Ramosés. Las mujeres egipcias lloraban por la pérdida humana que supone la muerte, mientras que las etruscas lo hacían por el desalmado e ineludible avance del destino.
La pintura en la Grecia clásica
El pintor más significativo del principio del período clásico (h. 475-450 a. C.) es Polignoto, a quien se le considera el primero en dar vida y carácter al arte de la pintura. Ninguna de sus pinturas ha llegado hasta nosotros, pero Plinio dejó una descripción de su «Discóbolo». La pintura griega más importante del siglo IV a. C. que todavía pervive es El rapto de Perséfone (20), pintada en la pared de una tumba del mismo complejo funerario donde está enterrado Felipe II de Macedonia, que murió en el año 356 a. C. Llena de la vitalidad y el naturalismo del arte de aquella época, esta inquietante imagen muestra cómo explicaban los griegos las estaciones. Perséfone es la hija de Deméter, diosa de la fertilidad. Hades se la lleva al reino de los infiernos, de donde saldrá como la nueva primavera. Esta pintura muestra el gran ciclo de las estaciones.
Arte helenístico
Cuando Alejandro Magno (356-323 a. C.) murió, había extendido su imperio hasta el Oriente Próximo, había conquistado Persia, vieja enemiga de Grecia, así como Egipto. Sin embargo, el imperio estaba entonces dividido entre los generales de Alejandro, que establecieron una serie de estados independientes, a través de los cuales se extendió una nueva cultura cosmopolita que mezcló Oriente y Occidente. Este fenómeno se conoce en la actualidad como cultura helenística, y prevaleció en la región mediterránea hasta bastante después de que el Imperio Romano se convirtiese en el poder dominante. Su centro era Atenas, pero otros puntos importantes (gobernados por reyes griegos y donde se hablaba griego) eran Siria, Egipto y Asia Menor. Se sabe que un mosaico romano conocido como la «Batalla de Darío y Alejandro en Issos» (arriba) y encontrado en la Casa del Fauno, en Pompeya, está basado en una pintura helenística. Representa la batalla en Issos entre Alejandro y el rey persa Darío III en el año 333 a. C. La escena es viva y violenta, y el artista muestra una sofisticada habilidad técnica que consigue que la obra impacte a primera vista.
Uno de los principales objetivos de los artistas helenísticos era plasmar la realidad, y por ello tendían a representar acciones dramáticas ya menudo violentas. Desarrollaron un estilo paralelo a la viva tradición literaria del poeta romano Virgilio (70-19 a. C.). Un ejemplo definitivo de la filosofía artística del arte helenístico, que data del siglo I d. C., es Laocoonte y sus dos hijos (izquierda). Esta escultura representa una terrorífica escena de La Eneida de Virgilio; en ella, el sacerdote troyano Laocoonte y sus dos hijos son estrangulados por dos serpientes marinas como castigo de los dioses porque Laocoonte había intentado avisar a los troyanos del caballo de madera de los griegos. Los troyanos, que no recibieron el aviso, fueron engañados, y el caballo, que consiguió entrar en la ciudad, supuso su derrota. Es una escultura, no una pintura, pero nos da una idea de lo que debió ser la pintura helenística. La escultura fue redescubierta en 1506 y tuvo una gran influencia sobre muchos artistas renacentistas, entre ellos Miguel Ángel, que se refería a ella como «singular milagro del arte». Entre los inspirados por ella se encuentra el manierista El Greco, que se sabe pintó tres cuadros sobre la historia de Laocoonte. 1 - 2 |
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