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La pintura en el Antiguo Egipto |
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||||||||
por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett |
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El arte nace en el Egipto Predinástico, hacia el 4.000 a.C., hasta el 3.200 a.C. Sus inicios son muy similares a la última pintura prehistórica del Levante y el Mediterráneo. Consiste en cerámicas pintadas con figuras primitivas de animales. El desarrollo de las creencias religiosas favoreció las representaciones plásticas. Creían en la inmortalidad del alma y del cuerpo, gracias a su clima extremadamente seco y al suelo arenoso, que momificaba los cadáveres sin apenas elaboración humana. Las tumbas estaban bajo las propias casas, acompañando la morada de los vivos, y los difuntos eran agasajados como miembros de la familia a los que se proveía regularmente de comida, vestido y armas. Se les acompañaba de ajuares con estatuillas, orfebrería, etc. Cuando el culto se sofisticó, se construyeron casas de difuntos, y esto determinó el gran avance de la pintura, puesto de sus interiores se adornaban con frescos y bajorrelieves. Estas primeras pinturas tienen similares características a las pinturas rupestres: siluetas planas que flotan en espacios no demarcados por encuadramientos o líneas de suelo.
Pintura funeraria egipcia antigua
Otra pintura funeraria egipcia, de la tumba de Ramosés, muestra una procesión de Plañideras (derecha). Ramosés fue ministro de dos faraones de la XVIII dinastía, Amenofis III y Amenofis IV (Akenatón). Las mujeres de la pintura son planas y esquemáticas (observe los pies), pero sus gestos angustiados vibran de dolor. Estilo y composición
La mayoría de las pinturas murales egipcias -como la de este ejemplo, Cazando aves (izquierda), de la tumba de un noble en Tebas- se crearon con la técnica de fresco secco. Según este método, la pintura al temple se aplicaba sobre yeso que previamente se había dejado secar, a diferencia del buon fresco, en el que la pintura se aplica sobre yeso húmedo. Aunque la vida salvaje de las marismas de papiro y el gato de Nebamon aparecen muy detallados, la escena está idealizada. El noble, que está de pie en la barca, sujeta en la mano derecha tres pájaros que acaba de cazar y en la izquierda sostiene su palo. Le acompaña su esposa, vestida con un elaborado traje y un pebetero aromático sobre la cabeza y con un ramo de flores en las manos. Debajo de las piernas de Nebamon aparece en cuclillas la pequeña figura de su hija, que está cogiendo una flor de loto del agua (éste es un ejemplo de cómo se mostraban las figuras más grandes o más pequeñas según su estatus, como ya hemos explicado). Originalmente, esta pintura formaba parte de una obra mayor que también incluía una escena de pesca.
Normas egipcias de representación Hacia el 3.200 a.C. se produjo un avance que estableció las características que han de mantenerse invariables hasta el fin del imperio: aparece al fin la línea de suelo, sólidamente trazada, sobre la cual se alinean las figuras. Éstas se someten a una rígida jerarquización de tamaños y se acompañan de símbolos de status o divinidad, es decir, se conjuga -poco hábilmente en estos momentos- realismo más pictografía. La representación de la figura humana se realizaba según la llamada "regla de proporción", un estricto sistema geométrico de cuadrículas que aseguraba la repetición exacta de la forma ideal egipcia a cualquier escala y en cualquier posición. Era un sistema infalible que regulaba las distancias exactas entre las partes del cuerpo, que se dividía en 18 unidades de igual tamaño situadas en relación a unos puntos fijos de la cuadrícula; incluso especificaba la anchura exacta de la zancada de las figuras que aparecían andando y la distancia entre los pies (ambos pies se reproducían por la cara interna) en las figuras que estaban de pie.
Antes de empezar a pintar una figura, el artista dibujaba en la superficie de trabajo una cuadrícula del tamaño adecuado y después colocaba la figura. Una tabla de dibujo de madera de la XVIII dinastía (arriba) muestra al faraón Tutmosis III dibujado dentro de la cuadrícula.
Los egipcios no sólo decoraban las tumbas, también pintaban las esculturas. Se cree que el busto de Nefertiti (izquierda), una preciosa escultura de piedra caliza pintada de la esposa del faraón Akenatón, era una prueba porque fue encontrada entre las ruinas del estudio de un escultor. Es tan espectacular como un rostro de Botticelli, con el mismo anhelo exquisito y conmovedor. Muestra una relajación de las rígidas convenciones que imperaron en el arte egipcio de la primera etapa (y de etapas posteriores), ya que Akenatón rompió con el estilo tradicional. Durante su reinado, la pintura, la talla y la escultura fueron muy elegantes y originales. |
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