Sección 01 Historia del Arte

Grecia clásica (1ra parte)

Imagen del Lic. José Manuel Guardia Villar
por el Lic. José manuel Guardia Villar
Este texto es propiedad original y exclusiva del autor
 

El Partenón:

 

Nos encontrarnos ante una manifestación arquitectónica de asunto religioso, al tratarse de un templo griego, en este caso concreto, el famoso Partenón, mandado construir por Pericles en la Acrópolis de Atenas y consagrado a la diosa Atenea, protectora de la ciudad. Fueron sus artífices los arquitectos Ictinos y Calícrates y su realización tuvo lugar durante la segunda mitad del S.V A. de C. En cuanto a su clasificación, podemos decir que, por las columnas que presenta al frente, ocho en total, estamos ante un templo octástilo; períptero, por encontrarse la naos rodeada de un peristilo o pasillo exterior de columnas; y a su vez anfipróstilo por tener dos pórticos, uno en cada una de sus fachadas.

Por lo que respecta a sus elementos constitutivos, descubrimos una planta rectangular tripartita, dividida longitudinalmente en pronaos (pórtico situado delante del santuario), naos o cella (habitación o parte esencial del templo dedicada a guardar la imagen de la divinidad, en este caso, la de la diosa Atenea), y opistodomos (parte posterior de la misma dedicada a guardar los objetos de culto). Esta planta se levanta sobre una plataforma o crepidoma sobre la que descansan los elementos sustentantes y se accede a ella por tres gradas que conforman una escalinata o estilobato que rodea el templo.
Por su estructura, debernos destacar que no se trata de una construcción nueva, sino que tiene sus orígenes en la estructura de la casa micénica o megarón prehelénico (casa civil de los aqueos), que fue adoptada más tarde por los dorios en Grecia, aunque esta vez, como morada de los dioses
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En cuanto a los elementos sustentantes, observamos como corresponden al orden dórico, constando así la columna de un fuste estriado de arista viva, formado por tambores fijados entre si por tacos; sin basa, y capitel con collarino, equino y ábaco.
El orden dórico, juntamente con el jónico y corintio, es, sin duda, de pura creación griega, pero es preciso destacar, sin embargo, que de los tres, el primero es el más empleado hasta la época helenística, por ser el más sobrio de todos. En cualquier caso, no podemos decir que se trate de un templo completamente dórico, ya que inmerso en el conjunto encontramos un elemento jónico, como es el friso corrido interior, que recorre la pared del peristilo alrededor del templo, donde se encuentra la famosa procesión de las panateneas, perteneciente, cómo no, a la escuela fidiaca.
Como corresponde al orden dórico, y por lo que respecta a los elementos sustentados, podemos hablar de un entablamento con arquitrabe monolítico (a diferencia por ejemplo del jónico que se compone de tres piezas superpuestas); de un friso, que a su vez muestra, a diferencia del jónico que es corrido, una división en triglifos y metopas (estructura que tuvo sus orígenes en las antiguas estructuras de madera, correspondiendo el triglifo a la cabeza de viga y las metopas al espacio que queda entre ellas); y finalmente, la cornisa. Sobre ella nos encontramos ya con la cubierta, siendo ésta al exterior a dos aguas y engendrando juntamente con la cornisa un espacio triangular o frontón decorado en ambas fachadas. Al interior, la techumbre es plana, por lo que estamos ante una estructura arquitrabada o adintelada.

Si lo comparamos con otros templos de épocas anteriores, comprobamos que el Partenón constituye la evolución de una serie de características aplicadas en los mismos, en el que se ha tendido a conseguir un todo armónico para la vista del que lo contempla, aplicando para ello toda una serie de correcciones ópticas, pues al ser el ojo humano una lente convexa, al contemplar una arquitectura en perspectiva, las líneas rectas se ven curvas, al mismo tiempo que, al incidir directamente la luz del sol más en unas partes que en otras, éstas tienden a adelgazarse, aparentando más voluminosas aquellas que quedan en la obscuridad. Atendiendo a esto, el arquitecto griego convierte las líneas rectas en curvas, y de esta forma corrige las deformidades producidas por la visión del ojo humano para que éste las vea rectas. Es así, pues, como el estilobato y el entablamento aparecen ligeramente combados más en el centro que en los extremos. La columnas exteriores se inclinan hacia dentro, y el intercolumnio entre las columnas de los ángulos y las siguientes a éstas, es menor que en el resto del conjunto. Asimismo, y como ya apuntamos, la luz incide sobre la materia y la adelgaza en aquellas partes en que se proyecta con más fuerza, razón por la cual el fuste tiene un éntasis, o convexidad, a un tercio de la base, donde precisamente incide más la luz solar. El resultado de todo ello es una ilusión de verticales y horizontales rigurosamente rectas a la vista humana.
Estamos, pues, ante una obra en la que sus arquitectos actuaron más como pensadores que como puros técnicos, y es que, no podemos olvidar que nos encontramos en la época de Pericles, en la que el predomino del ideal de belleza platónico en todas sus manifestaciones artísticas es una constante, y por lo que éstas tienen que ser un fiel reflejo del mundo de las ideas. Con tal objetivo, el mundo griego busca este ideal de belleza en la proporción, el canon o medida y en la armonía y ritmo, y al aplicar estos principios intenta conseguir la absoluta perfección.
Por otra parte, vemos como el número de columnas en los lados laterales es el doble que al frente más una, es decir, diecisiete, pues, para el griego de la época clásica, y por el sentido de perfección que buscaban, el rectángulo perfecto debía de tener estas proporciones. Así mismo, se aplica un módulo de medida en persecución de la armonía perfecta, al conseguir la integración de las partes en el todo a través de unas relaciones numéricas, puesto que, como ya apuntábamos, es en esto también en donde reside su ideal de belleza. Por lo tanto, en este sentido, podemos decir que se trata de una obra de pensadores, un estudio de proporciones y correcciones ópticas, además de una obra de arquitectura.
El material utilizado para esta obra fue el mármol del pantélico (anteriormente se habían realizado también otros de piedra), que se caracteriza por una pátina dorada adquirida por el pasar del tiempo. No obstante, no podernos concebirlo monocromo, puesto que sus templos se caracterizaban por una viva policromía, posiblemente heredada de los cretenses. Sobre todo se aplicaban tonos fuerte y vivos como verdes, azules y rojos intensos, en muros y columnas, con un color fijo para cada parte, simbolismo que no hemos llegado a conocer, y que por haberse perdido casi totalmente con el pasar del tiempo, es por lo que hoy en día los llegarnos a asociar a una falsa imagen de serenidad y mesura griegas.
Por lo que se refiere a los elementos formales, tenemos una composición bilateral en torno a un eje, que divide la arquitectura en dos mitades, correspondiéndose completamente la una con la otra, pues, como ya hemos dicho, es éste un estudio de proporciones y armonía. Pese a ello, y aún siendo una composición bilateral, dentro del mundo griego descubrimos el concepto de tiempo circular, que nos es dado por el peristilo, y que se afianza, sobre todo, por el friso que está sobre el muro del mismo. En él se encuentra el relieve de la procesión de las Panateneas que avanza hacia la asanblea de dioses. Ésta era una fiesta que se realizaba cada cuatro años (sobre julio-agosto), en la que las doncellas vírgenes ofrecían el peplos o túnica a la diosa Atenea, a la que estaba consagrada el templo. Este concepto de tiempo cíclico, que se repite, y asociado al círculo, sin principio ni fin, se contrapone al de los romanos, que era longitudinal e historicista, con un aquí y un ahora, en el que tenían lugar sus hazañas, y éstas eran representadas en relieves para conmemorar una vida honorífica con un fin glorioso.
En cuanto al espacio, el imperante aquí es el externo, apreciándose como toda la decoración se vuelca al exterior en acróteras sobre el tejado, así como en los relieves de metopas y frontones. En el interior solamente se encontraba la estatua de la diosa, en este caso Atenea, con lanza y casco, semejante a como nació de la cabeza de Zeus, por lo que era considerada como diosa de la razón y de la guerra. Asistimos, pues, a una escultura en función de la arquitectura, salida toda ella del taller de Fidias, habiendo utilizado para la gigantesca estatua la técnica crisolefantina. Este hecho nos revela que el espacio interno se reservaba para la diosa, siendo considerado el templo como su morada entre los mortales, no pudiendo por ello acceder los fieles, la entrada quedaba restringida sólo a sacerdotes y altos dignatarios. Pero como el pueblo griego tenía el sentido de la ofrenda en común, éstas se realizaban en un pequeño altar o ara (timele), que estaba ubicada delante del templo, y era donde tenían lugar los sacrificios.
Tanto el Partenón como los otros templos que han llegado hasta nosotros (el Erecteion, Niké Aptera), estaban situados sobre un espacio sagrado o temenos, aislado del espacio profano por una pequeña muralla, y al que se accedía por una entrada monumental con escalinata: los Propileos. Normalmente se elegía para su ubicación una pequeña colina que dominaba la ciudad, en este caso la Acrópolis, y es que no podemos olvidarnos tampoco del simbolismo que siempre tuvo en la antigüedad "la montaña sagrada", como lugar donde moraban los dioses. Así, respondiendo a esta idea, teníamos en épocas anteriores el Zigurat y las Pírámides como morada del espíritu en su vida de ultratumba.
Por todas estas características, no cabe duda de que nos encontramos en la época de mayor esplendor de la arquitectura griega: la Grecia de Pericles, entre las Guerras Médicas y las del Peloponeso, y ante un arte patrocinado por el mismo, ya que con su muerte, y sumergida Atenas en otra época completamente diferente a la que se llega tras las Guerras del Peloponeso, el arte griego empieza a cambiar. Esto nos afianza más en la idea de que la acrópolis de Atenas es la obra de un solo hombre, un tirano amante de la perfección. Nos encontramos, pues, ante el primer clasicismo griego, donde el mayor afán es una lucha contra lo bárbaro y lo irracional, por ello impera en esta arquitectura la razón, debiendo tener en cuenta también el cambio producido con respecto a las proporciones de la arquitectura egipcia y mesopotámica, ya que ahora se construye a escala humana, por ser considerado el hombre la medida de todas las cosas.

Templo de la Niké Áptera.


Nos encontrarnos ante una manifestación arquitectónica de asunto religioso, al tratarse de un templo griego, en este caso concreto, el TEMPLO DE LA NIKÉ ÁPTERA, mandado construir por Pericles en la Acrópolis de Atenas y consagrado a la Victoria. Su realización tuvo lugar durante la segunda mitad del S. V a. de C., en señal de acción de gracias y para conmemorar la gran victoria sobre los persas.
En cuanto a su clasificación, podemos decir que, por las columnas que presenta al frente, cuatro en total, estamos ante un templo tetrástilo; seudoperíptero, por carecer de peristilo o pasillo exterior de columnas; y a su vez anfipróstilo por tener dos pórticos, uno en cada una de sus fachadas.
Por lo que respecta a sus elementos constitutivos, podemos comenzar hablando de una planta rectangular, la cual presenta dos pórticos columnados con cuatro columnas en cada fachada y un reducido habitáculo interior reducido a una pequeña cella (Roma), naos (Grecia), habitación o parte esencial del templo dedicada generalmente a guardar la imagen de la divinidad. Esta planta se levanta sobre una plataforma o crepidoma sobre la que descansan los elementos sustentantes, y se accede a ella por tres gradas que conforman una escalinata o estilobato que rodea el templo.
Analizando los elementos sustentantes, vemos en alzado la utilización de la columna jónica, con basa, formada por dos molduras convexas y una cóncava (toro-escocia-toro), sobre la que descansa el fuste constituido por tambores, presentando decoración de estrías moduladas. Dadas las reducidas proporciones del templo estas columnas no son muy grandes; y presentan en lo alto del fuste una moldura tipo collarino o astrágalo, viniendo a continuación el típico capitel jónico de volutas, una a cada lado; sigue a éste un pequeño y reducido ábaco y sobre éstos nos encontramos ya los elementos sustentados, que constituyen el entablamento, como son el arquitrabe, dividido en tres bandas a diferencia del jónico que es monolítico, el friso corrido, sin separación en triglifos y metopas, y la cornisa sobresaliendo, que junto con la cubierta a dos aguas, hoy en día desaparecida, engendraría el frontón.
Nos encontramos, pues, ante la introducción de un nuevo orden: el jónico, y por tanto ante un nuevo canon que, frente a la austeridad dórica, le confiere un aspecto más grácil y delicado al suavizarse las formas. Este orden, juntamente con el dórico y corintio, es, sin duda, de pura creación griega, pero es preciso destacar, sin embargo, que de los tres, el primero será el más empleado hasta la época helenística, por ser el más sobrio de todos. Posteriormente, Roma lo recogerá de Grecia y los difundirá por todo el Imperio Romano, siendo utilizados en distintas épocas por diversos estilos arquitectónicos (Renacimiento, Neoclásico).
Por su estructura, debernos destacar que no se trata de una construcción nueva, sino que tiene sus orígenes en la estructura de la casa micénica o Megarón prehelénico (casa civil de los aqueos), que fue adoptada más tarde por los dorios en Grecia, aunque esta vez, como morada de los dioses.
El material utilizado para esta obra fue el mármol del pantélico (anteriormente se habían realizado también otros de piedra), que se caracteriza por una pátina dorada adquirida por el pasar del tiempo. No obstante, no podernos concebirlo monocromo, puesto que sus templos se caracterizaban por una viva policromía, posiblemente heredada de los cretenses. Sobre todo se aplicaban tonos fuerte y vivos como verdes, azules y rojos intensos, en muros y columnas, con un color fijo para cada parte, simbolismo que no hemos llegado a conocer, y que por haberse perdido casi totalmente con el pasar del tiempo, es por lo que hoy en día los llegarnos a asociar a una falsa imagen de serenidad y mesura griegas.
Por lo que se refiere a los elementos formales, tenemos una composición bilateral en torno a un eje, que divide la arquitectura en dos mitades, correspondiéndose completamente la una con la otra, pero, pese a ello, dentro del mundo griego descubrimos el concepto de tiempo circular. Este concepto de tiempo cíclico, que se repite, y asociado al círculo, sin principio ni fin, se contrapone al de los romanos, que era longitudinal e historicista, con un aquí y un ahora, en el que tenían lugar sus hazañas, y éstas eran representadas en relieves para conmemorar una vida honorífica con un fin glorioso. Si bien aquí descubrimos también una escultura en función de la arquitectura decorando el friso corrido que rodea al templo y en donde se narran las hazañas bélicas contra los persas, de gran carácter militar y conmemorativo, no obstante, es la victoria de todo un pueblo y el triunfo sobre lo bárbaro y lo irracional, lo que se representa, al mismo tiempo que nos meten en un espacio-tiempo atemporal, al igual que el propio nombre de la construcción "Victoria sin alas", es decir, es un templo conmemorativo y en acción de gracias por esa victoria obtenida, pero también para que esa victoria no vuele, no les abandone nunca y sea eterna.
Al volcarse toda la decoración al exterior en acróteras sobre el tejado, así como en los relieves de metopas y frontones, aunque aquí la mayor parte de ella haya desaparecido, no cabe duda que el espacio imperante es el externo, reservándose el interior sólo para la divinidad, no pudiendo por ello acceder los fieles, la entrada quedaba restringida sólo a sacerdotes y altos dignatarios. Pero como el pueblo griego tenía el sentido de la ofrenda en común, éstas se realizaban en un pequeño altar o ara (timele), que estaba ubicada delante del templo, y era donde tenían lugar los sacrificios.
Tanto este templo de la Niké Áptera como los otros templos que han llegado hasta nosotros (el Partenón, el Erecteion), estaban situados sobre un espacio sagrado o temenos, aislado del espacio profano por una pequeña muralla, y al que se accedía por una entrada monumental con escalinata: los Propileos. Normalmente se elegía para su ubicación una pequeña colina que dominaba la ciudad, en este caso la Acrópolis, y es que no podemos olvidarnos tampoco del simbolismo que siempre tuvo en la antigüedad "la montaña sagrada", como lugar donde moraban los dioses. Así, respondiendo a esta idea, teníamos en épocas anteriores el Zigurat y las Pirámides como morada del espíritu en su vida de ultratumba.
Después de todo lo dicho, no cabe duda de que nos encontramos en la época de mayor esplendor de la arquitectura griega: la Grecia de Pericles, entre las Guerras Médicas y las del Peloponeso, y ante un arte patrocinado por el mismo, ya que con su muerte, y sumergida Atenas en otra época completamente diferente a la que se llega tras las Guerras del Peloponeso, el arte griego empieza a cambiar. Esto nos afianza más en la idea de que la acrópolis de Atenas es la obra de un solo hombre, un tirano amante de la perfección. Nos encontramos, pues, ante el primer clasicismo griego, donde el mayor afán es una lucha contra lo bárbaro y lo irracional, por ello impera en esta arquitectura la razón, debiendo tener en cuenta también el cambio producido con respecto a las proporciones de la arquitectura egipcia y mesopotámica, ya que ahora se construye a escala humana, por ser considerado el hombre la medida de todas las cosas.

El Doríforo

Se trata sin duda de la conocidísima estatua de bulto redondo conocida como El Doríforo o Portador de lanza, perteneciente a la escultura griega y realizada por Policleto, pero que nos es conocida a través de reproducciones romanas.
El tema representa de nuevo el antiguo tema del atleta que se había ganado el honor de ser personificado en una escultura, después de haber sido el vencedor durante cuatro años consecutivos en los juegos griegos. Es así como iconográfica-mente hablando, vemos a un joven desnudo que lleva la pesada lanza en su mano izquierda, doblado el brazo por el codo, mientras el brazo derecho cae relajado junto al cuerpo. Su pierna derecha, plenamente apoyada, sostiene el peso, pero la izquierda inicia un movimiento potencial, entendido como tensión inmediata y posibilidad inminente, tiempo cristalizado en un cuerpo aún quieto, vieja fórmula ya iniciada en el Efebo de Critio. La medida y ponderación de fuerzas diversas conlleva una precisa articulación del cuerpo atlético. Tal vez las copias romanas refuercen las líneas de la cadera en ligero balance. El rostro, sereno, gira hacia nuestra izquierda. Se ha propuesto que este cuerpo desnudo no es sólo una abstracción, un canon, sino que encarna un ideal de héroe aristocrático a quien corresponde una armonía superior: tal vez Aquiles, cuya figura en contrapposto y movimiento potencial, con los labios entreabiertos exhalando serenidad y nobleza, representó también un gran pintor de vasos clásico, el llamado precisamente por esta imagen Pintor de Aquiles (Ricardo Olmos).

De nuevo estaríamos ante un arte conceptual más que formal, pero que ahora quizás más que hablarnos de esa casta de los "aristoi", nos estaría hablando del concepto de belleza ideal griega.
Y es que, es bien sabido que Policleto fue ante todo un pensador, un estudioso de la proporción ideal del cuerpo humano, por lo que en un principio determinó para éste un canon de ocho cabezas, siendo el Doríforo el resultado de estas primeras conclusiones.
Técnicamente se ha alcanzado ya la madurez. A través de un modelado plástico vemos como el artista ha conquistado la forma y el volumen. La vida impregna ahora toda la figura, se pueden observar ya unos músculos que palpitan debajo de la piel y la sonrisa arcaica es remplazada por una expresión seria y pensativa muy característica. Cada parte recibe la atención que se merece, pero sin detallismo acentuado. Se elimina todo lo anecdótico, todo lo que no sea esencial, lo que importa es la idea global. Esto viene determinado por la idea antropomorfista que fue la que hizo que los griegos clásicos sustituyesen el mero dominio de las formas heredadas de la tradición, por la idea de imitación o "mímesis" como principio del arte. A partir de este momento, las formas artísticas pasarán a concebirse como una reproducción de las formas naturales, pero con un nuevo sentido, siguiendo la tradición filosófica del momento.
Desde Sócrates, la filosofía griega consistiría en una reflexión sobre lo más abstracto de la realidad, es decir, el ser. Para los filósofos griegos, la definición de una cosa era lo que en ella subsistía a cualquier clase de cambios. Una cosa era, ante todo, su definición. Como una luz, la idea nos permite reconocer, con el ojo del espíritu, lo que una cosa es para los ojos del cuerpo. La idea, en tanto que es lo más verdadero de las cosas, resulta también lo más bello. Lo que vemos en la naturaleza es más o menos bello, según se ajuste a su idea, es decir, a su definición. Por lo tanto, las obras de arte también alcanzarán la belleza. Y lo harán mediante la reproducción o imitación de la definición o idea de las cosas, no de su aspecto o de su apariencia sensible.
Es por ello por lo que el artista llegará a alcanzar el ideal máximo de belleza a través de la generalización, teniendo en cuenta también que este ideal de belleza para el griego reside en la proporción y en la armonía, pues, para los artistas clásicos, igual que para los filósofos pitagóricos, el ser de una cosa es el número donde se resumen las relaciones constantes de dicha cosa. El famoso canon de los artistas plásticos y los arquitectos griegos consistirá, pues, en la razón numérica o la proporcionalidad que guardan entre sí las distintas partes de un objeto. Por este motivo, el modelo de belleza griego se caracteriza por su proporcionalidad y su equilibrio. Dado que la definición o la idea de una cosa es lo más claro, simple y completo de la misma, la belleza será para los griegos proporción, claridad y armonía formales, dominando por tanto en toda la obra un naturalismo idealizado.
Por lo que respecta a los elementos formales, el Doríforo supondrá también un paso revolucionario en favor de la absoluta liberación de la estatuaria griega clásica. Todavía sigue existiendo esa simetría axial en donde las distintas partes de la obra se organizan alrededor de un único eje de simetría, pero ahora Policleto no sólo ha conseguido la tridimensionalidad de la composición, liberándola de la frontalidad, sino también una perfecta compensación de masas, y sobre todo el contrapposto, a través del cual una pierna apoyada sostiene el mayor peso del cuerpo liberando así la otra pierna, los brazos y la articulación de la cadera. A su vez, éste ha impregnado a toda la composición de un mayor énfasis; la diferenciación entre la mitad izquierda y la derecha del cuerpo puede verse en cada músculo, y la inclinación de la cabeza, es aquí también muy pronunciada. Incluso se podría decir que el contrapposto es aquí el descubrimiento fundamental, porque sólo aprendiendo a representar el cuerpo en reposo de esta manera, pudo el artista griego aprender a representar el movimiento.
Por todas estas características, no cabe duda de que nos encontramos en la época de mayor esplendor de la escultura griega: la Grecia de Pericles, entre las Guerras Médicas y las del Peloponeso, y ante un arte patrocinado por el mismo, ya que con su muerte, y sumergida Atenas en otra época completamente diferente a la que se llega tras las Guerras del Peloponeso, el arte griego empieza a cambiar. Esto nos afianza más en la idea de que el arte de esta época responde más que nada al ideal de un solo hombre, un tirano amante de la perfección. Nos encontramos, pues, ante el primer clasicismo griego, 2ª mitad del S. V a. C., donde el mayor afán es una lucha contra lo bárbaro y lo irracional, por ello impera en esta obra la razón, en la que Policleto actuó más como un pensador, debiendo tener en cuenta, también, el cambio producido con respecto a las proporciones, pues ahora todo se hace a escala humana, por ser considerado el hombre la medida de todas las cosas.
Después de todo lo dicho, podríamos añadir que este estudiado equilibrio, la precisión del detalle anatómico y, por encima de todo, las armoniosas proporciones de la figura, convierten al Doríforo en la encarnación normativa del ideal clásico de la belleza humana, es decir, en el canon.

Koré:

Nos encontramos ante una manifestación artística escultórica. Se trata de una Koré, escultura griega de piedra, cuyas formas no se basan en la realidad, sino, como todo arte griego, en un concepto, idealizado de la humanidad. En este caso, representa a la casta, al linaje que encarnan los Aristoi, que fueron durante este período arcaico la representación del poder griego, y que empiezan a ser representados en el S.VII A. de C., por lo que a esta representación a comentar podríamos situarla dentro de ese primer arcaísmo de la escultura griega, y con una cronología del S. VI A. de C.
El origen de las Korés podríamos encontrarlo en los antiguos postes de madera, que se adoraban como una simple representación de algún dios (xoanas), y a los que poco a poco se le fue dotando de caracteres humano mediante la inserción de detalles esculpidos en la madera. Su evolución nos lleva hasta las series de Kuroi y Korés de piedra, que siguen guardando la rigidez del poste o columna de la que provienen.
Desde esta configuración, podernos apreciar que sus características están igualmente relacionadas con el arte egipcio, del que aún parecen guardar deuda. Encontramos por tanto el geometrismo en las formas, sobre todo en el cabello; la utilización de la ley de la frontalidad como único punto de vista; el hieratismo o ausencia de movimiento que las dota de una gran rigidez; el escaso volumen que no hace apenas distinción entre formas; la carencia de naturalismo que aporta la suma de las citadas características, la expresión hipnótica, con la mirada fija y alta, y la típica sonrisa arcaica que aparece como un pequeño intento de dotarlas de una expresión y que queda en una risa forzada, un rictus carente totalmente de naturalidad. Propiedades todas del periodo arcaico de los primeros tiempos de Grecia.
No obstante, podemos apreciar en los pliegues de las túnicas un intento de superación de esa rigidez, que se suaviza en las últimas etapas del arcaico, aunque sin perderlo del todo; así como en el movimiento que se intenta constantemente, sin que se llegue a lograr hasta el todavía lejano Doríforo de Policleto con la utilización del famoso contraposto. Por otra parte, y al igual que en los templos griegos, las Korés aparecen bellamente policromadas.Las Korés se destinaban a las ceremonias de culto y su representación responde a aquellas doncellas vírgenes que en los rituales griegos iban como oferentes. Algunas vestían el peplos, túnica sencilla que se ceñía al cuerpo con un cinturón, y otras usaban el jitón, tratándose éste de una túnica más ceñida, adornada y compleja, de la que emergen pliegues más desarrollados y que las dota de una majestuosidad y elegancia, desembocando en el estilo llamado "paños mojados", el cual dejaba entrever sutilmente las formas del cuerpo y que fue, sin duda, el antecedente del desnudo completo femenino.

Como versión masculina, aparecen los Kuroi, y a diferencia de las Korés, aparecen totalmente desnudos, con las formas del cuerpo ya insinuadas, aunque continuando con un volumen plano, que se va conquistando, y la misma falta de naturalismo. En los Kuroi se individualiza ya cada parte, guardando el geometrismo y la falta de expresión. Su posición es rígida, con los brazos pegados al tronco y el pie izquierdo ligeramente adelantado (recordemos la posición de las estatuas egipcias). También el tema varía, puesto que representan al atleta que se ganaba el honor de ser personificado en una escultura, sólo cuando había sido el vencedor durante cuatro años consecutivos en los juegos griegos; no obstante, sigue en éstos imperando el sentido de un arte conceptual, en el que se da más importancia al concepto que a la forma bella, por lo que aún no podemos hablar de una representación fiel de la realidad, sino de puro concepto de lo que representan: la casta de los aristoi, que eran los únicos que podían ejercitarse en los juegos atléticos y en las armas. La aparición de estas series de esculturas arcaicas griegas, significa, pues, el afianzamiento de una civilización cuyos valores eran primordialmente guerrero y heroico, propios de un pueblo de origen indoeuropeo, los dorios, que invadieron Grecia hacia el año 1.100 A. de C., terminando con la cultura aquea.
Progresivamente, la escultura griega, se centrará en la representación perfecta del cuerpo humano, y buscará la armonía de proporciones en un canon, o módulo. Así pues, de la rigidez de este periodo arcaico, se pasará a la consecución de una belleza idealizada en el periodo clásico, y más tarde, se conseguirá el movimiento y la expresividad máxima en el helenismo, donde aparece también el retrato, y con el que se cierra el ciclo del arte griego.

 

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