![]() |
Gótico temprano (2da parte) |
![]() |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett. |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Duccio y la escuela sienesa
A pesar de todas las innovaciones que inició, la obra de Cimabue todavía es un poco plana si la comparamos con la obra del gran, y casi contemporáneo, pintor sienés Duccio (Duccio di Buoninsegna, activo 1278-1318/1319). Durante los siglos XIII y XIV , la ciudad de Siena rivalizó con Florencia en cuanto al esplendor de sus artes. Si Giotto revolucionó el arte florentino, Duccio y sus discípulos fueron responsables de la pequeña, pero importante, revolución en el sur. Duccio es un pintor de fuerza tremenda. Su mejor obra es su Maestá, encargada para la catedral de Siena en 1308 e instalada allí con gran ceremonia, en 1311. Un cronista describió las festividades: «Los sieneses la llevaron [la Maesta] a la catedral el 9 de junio con grandes devociones y procesiones [...] haciendo sonar campanas de alegría, y ese día las tiendas cerraron por devoción». Parece increíble que esta gran obra fuese fragmentada y vendida, en parte porque ya no se apreciaba. El único beneficio de esta locura cultural es que ahora museos de todo el mundo tienen tablas de la Maestá.
Entre las escenas de la parte trasera de la Maestá que se conservaron en Siena se encuentra Las mujeres santas en el sepulcro (arriba). Es el momento de la Pasión en el que las tres Marías descubren la tumba vacía de Cristo, y el arcángel Gabriel les comunica que ha resucitado. Esta pintura tiene una austeridad y una gracia tan poderosas que hacen que nos demos cuenta de la urgencia del mensaje cristiano.
La llamada de los apóstoles Pedro y Andrés (abajo), una imagen luminosa y sencilla con una gran fuerza, es otro pequeño panel de la predela, en la parte trasera de la obra maestra de Duccio. Éste divide el mundo en tres partes: un gran cielo dorado, un mar dorado verdoso y una costa rocosa en la que Jesús aparece de pie al borde del cuadro. En el centro se encuentran los dos hermanos Andrés y Pedro, sorprendidos por la incursión de lo milagroso en su existencia cotidiana. Han estado pescando toda la noche en vano; Jesús les grita para que aparten la red a un lado y ellos no dudan en obedecer al extraño para complacerlo. La red aparece llena de peces, pero ellos apenas la miran. Pedro observa inquisitivamente a Jesús, y Andrés permanece inmóvil mientras nos mira. Las vestimentas de los dos discípulos son de tono pálido y las de Jesús, como símbolo de su profunda espiritualidad, son rojo carmesí, que simboliza su Pasión, y morado para indicar su condición real; el borde dorado de su túnica remarca su figura y la separa del fondo dorado.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||