Sección 01 Historia del Arte

El estilo gótico del
Norte de Europa (2da parte)

Imagen del Lic. Milko A. García Torres
por Milko A. García Torres
Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial
para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett
.
 

 

 

La expansión del naturalismo

El nuevo realismo de los Países Bajos empezó a extenderse durante el primer cuarto del siglo xv, y en los años cincuenta su influencia se había extendido por toda Europa hasta España y el Báltico. La Piedad (arriba), pintada por un artista anónimo en Aviñón, Francia, retiene el fondo plano y dorado de las pinturas góticas tempranas y de las pinturas bizantinas, pero apenas lo notamos. Nuestra atención se ve absorbida por esta apasionada meditación sobre la muerte de Cristo. La escena se sitúa en un lugar no terrenal, sólo en el corazón del donante arrodillado que está rezando a la izquierda. En cuanto al impacto que causa esta maravillosa y .terrible pintura permanece insuperable hasta que llegamos a las escenas de la Pasión de El Bosco.Vemos que el período gótico era libremente emocional, una época en la que se aceptaban las lágrimas como expresión natural de nuestra vulnerabilidad.

Petrus Christus (1410-1472/1473), pintor de extraño nombre, es otro flamenco con un sentido misterioso de la verdad emocional. Fue discípulo de Van Eyck (que posiblemente fue su maestro), y muchas de sus obras revelan su deuda con él. A la influencia de Van Eyck se le añadió la de Antonello da Messina, cuyo arte conocía bien. Esto hizo que Christus italianizase el estilo de Van Eyck. La diminuta pintura El hombre de las penas (arriba), hoy en Birmingham (Inglaterra), representa a Jesús crucificado con su corona de espinas y con tres heridas; está flanqueado por dos ángeles, uno de ellos sujeta un lirio y el otro una espada, que simbolizan la inocencia y la culpabilidad. Es el Juicio Final, en el que todo hombre debe presentarse ante su juez. La obra capta la atención del observador y hace imposible evitar la realidad de la Pasión y, por último, su significado para nosotros.


El influyente Van Der Weyden

Rogier van der Weyden (1399 11400-1464) es otro de los gigantes de la tradición del norte. Fue discípulo de Van Eyck y de Campin, y se convirtió en el artista del norte más influyente de la primera mitad del siglo XV. A pesar de que comenzó su carrera relativamente tarde (con más de veinte años), tuvo mucho éxito y creó un gran taller con muchos ayudantes. El éxito de su arte en la corte de Felipe el Bueno, duque de Borgoña, aseguró y prolongó la popularidad de su estilo. Sus pinturas se exportaron a otros puntos de Europa y llegaron hasta Castilla (España) en 1445 y hasta Ferrara (Italia) en 1449; su fama se extendió por todas partes.

Van der Weyden fue un maestro de la expresión de la emoción humana; nos conmueve de una forma que Van Eyck no consigue. Tal vez el mejor ejemplo de esto sea su Deposición (arriba). Por naturaleza, la manipulación de un cadáver es un tema emocional y una experiencia perturbadora, sobre todo si es el cadáver de un hombre joven ejecutado en la plenitud de su belleza y si este joven es, claro está, Cristo. Pero ningún artista jamás había empapado una escena de este tipo con más majestuoso patetismo que Van der Weyden. Como si de un gran friso de esculturas se tratase, los santos personajes se extienden por la superficie del cuadro. Cristo y su madre reflejan la misma posición: él cae de la cruz físicamente muerto; ella cae al suelo emocionalmente muerta.
Van der Weyden explora todos los grados y tipos de dolor, desde la angustia controlada y seria de san Juan, a la izquierda, que destaca en rosa, al angustioso abandono de María Magdalena, a la derecha -una sorprendente composición de color en rojo, amarillo muy pálido y morado. La extravagancia de la emoción nunca escapa del control del artista. Todo resulta creíble y nos transporta a una experiencia que resulta bella y terrible a la vez.

 

Retrato con fuerza

La estructura composicional de la Deposición, con su espacio poco profundo y sus figuras agrupadas, excluye deliberadamente un fondo que distraiga, y por lo tanto concentra toda la atención en la dramática escena. Un efecto similar se consigue en otra pintura de Van der Weyden, su Retrato de una dama (arriba). En esta obra, el fondo oscuro traslada toda la atención a la modelo, que tiene una cualidad perturbadora, una sensación de reserva casi dolorosa, como si estuviese dispuesta a ofrecer al artista sólo su parte externa. Sin embargo, él ha sobrepasado su resistencia y nos ha puesto en contacto con la dama en su realidad. Su ropa sin adornos y su mirada reservada sugieren modestia. Para el observador actual quizá tenga una frente excepcionalmente alta; en realidad, ésa era la moda, y se conseguía depilando el perfil del cuero cabelludo.
Se ha sugerido que la mujer es Marie de Valengin, hija de Felipe el Bueno, duque de Borgoña, pero esta identificación es un tanto dudosa.

.

A gran escala

Hugo van der Goes (h. 1436-1482) era un pintor extraordinario que creó cuadros a sorprendente gran escala, tanto en sentido literal como por la monumentalidad sin precedentes de sus figuras. Su obra más famosa, El Tríptico Portinari (arriba), actualmente en los Uffizi, Florencia, ejerció una gran influencia en Italia, donde decoraba la iglesia del Hospital de Santa Maria Nuova, en Florencia. La encargó Tommaso Portinari, banquero florentino que vivió en Brujas y que ejerció de agente flamenco para la poderosa familia italiana de los Médicis. Las dimensiones de la pintura, que abierta mide más de 2,5 m de longitud,lueron dictadas por un precedente florentino.
Se dice que Van der Goes murió de melancolía religiosa. Sabiendo esto, podríamos autoconvencemos de que en su obra vemos una pasión apenas controlada, pero sin esta información sólo nos sorprendería por su gran dignidad. Al igual que los laterales, el panel central de El Tríptico Portinari muestra la utilización de dos tipos de escala; los ángeles son pequeños comparados con el resto de la escena. Éste era un mecanismo común en la pintura medieval, de esta manera es más fácil localizar a los personajes importantes.

LOS SANTOS y LA FAMILIA DEL DONANTE
Las dos grandes figuras de santa Margarita y santa Magdalena, situadas en el panel derecho de El Tríptico Portinari, representan la esposa de Portinari, María, y a su hija Margarita.
Santa Margarita (santa patrona del parto) es fácilmente identificable porque se encuentra sobre un dragón. Según la leyenda, se la tragó un monstruo, pero salió disparada; María Magdalena lleva la jarra del ungi!ento utilizado para ungir los pies de Cristo.

 

 

La placidez de Memling

La visión de Van der Goes es inmensamente poderosa, y sus pinturas combinan la gravedad de Van Eyck con la intensidad emocional de Vander Weyden. Realmente, la fuerza de su obra no se encuentra en la de otros flamencos, como Gerard David y Hans Memling. Este último (también conocido como Memlinc; h.1430/1435-1494) probablemente se preparó en el taller de Van der Weyden, pero también presenta influencias de Dieric Bouts, discípulo de Van Eyck. Aunque era alemán de nacimiento, Memling se instaló en Brujas, Flandes, y fue allí donde vivió y trabajó, con tanto éxito que se convirtió en uno de los ciudadanos más ricos.
Memling es un artista delicado; mira discretamente el mundo a su alrededor y lo comparte con nosotros. Su Retrato de un hombre con una flecha (arriba) resulta agradable a primera vista. Se han sugerido varias posibilidades con respecto al significado de la flecha: hay algo en el semblante amable y suave que parece descartar la posibilidad de que sea un soldado. Nos muestra a un caballero muy humano, pero con unos labios firmes y sensuales. Esta pequeña obra maestra crece a medida que la contemplamos. No podría existir un contraste mayor que el que se da entre esta obra y la de El Bosco, contemporáneo de Meniling, en cuyas pinturas solemos encontrar un rostro de apariencia desagradable y con odio contenido.

 

Un discípulo de Van Der Weyden

De todos los pintores del norte, la mayor influencia recibida por el pintor holandés Dieric Bouts (h. 1415-1475) fue la de Van der Weyden, puede que su maestro. Bouts realizó la mayor parte de sus obras en Lovaina, Flandes, ciudad de la que fue nombrado pintor oficial en 1468. Sus pinturas se reconocen por su solemne dignidad y por su profundo sentimiento religioso. La parca composición y la simple presentación de los pliegues de la ropa en el elegante y sensible Retrato de un hombre (arriba) son típicas de Bouts. Era un buen pintor de paisajes, y aquí podemos ver una pequeña muestra a través de la ventana abierta.

1 - 2

Volver a Tutoriales