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El estilo gótico del |
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por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett. |
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Las innovaciones del Norte La nueva forma de pintura que apareció en Holanda a principios del siglo xv se distinguía por una profundidad de la realidad pictórica que no se había visto hasta entonces. Rechazaba la seductiva elegancia y los elementos exageradamente decorativos del estilo gótico internacional, y mientras que con anterioridad, en las pinturas religiosas del siglo XIV , existía la sensación de que se le ofrecía al observador la posibilidad de vislumbrar el cielo -o de poner un insignificante pie en su puerta, dicho en otras palabras-, los pintores flamencos bajaron lo sagrado a nuestro mundo real. En lugar de representar una especie de drama superlativo para el cual el mundo servía de gran escenario, los artistas prefirieron plasmar interiores domésticos de la vida cotidiana: salones y dormitorios que revelaban las pertenencias comunes de la existencia humana diaria. En las obras de los pintores del norte encontramos una creciente reconciliación con el mundo y el lugar que uno ocupa en él. En la actualidad se cree que Robert Campin (activo 1406-1444), uno de los primeros grandes innovadores del Norte y maestro de Van der Weyden, fue el artista conocido como el Maestro de Flémalle. (Este nombre deriva de un grupo de tablas que se creía que provenían de la abadía de Flémalle-lez-Liege) En realidad, Campin vivió y trabajó en Tournai (estos dos lugares estaban en Flandes).
En esta Natividad (arriba), Campin presenta una intensa abundancia, un mundo lleno de individuos y las realidades poco románticas de estar vivo. Pinta un diminuto Cristo recién nacido, una comadrona malhumorada, unos pastores toscos y una vaca en su destartalado establo; sin embargo, todo es sólido, encantador, verdadero y, a pesar de su realismo, todo está lleno de una fe profunda pero repleta de naturalidad. Todavía resulta más sorprendente la obra de Campin titulada La Virgen y el Niño delante de una pantalla de chimenea (abajo), en el que la sencillez doméstica está enfatizada por la pantalla de paja que hace de halo de la Virgen.
Por tradición, en el estilo gótico internacional se indicaba la santidad con un círculo dorado. El extremo superior izquierdo de la obra contiene una panorámica de una ciudad vista a través de la ventana abierta. Pequeños paisajes como este son muy frecuentes en la pintura de los Países Bajos, y la idea de condensar el mundo a través de una ventana pareció una idea atractiva, más adelante, a los artistas italianos.
En La Virgen y el Niño con santos en un jardín cerrado (abajo) un discípulo de Campin consigue la misma seguridad reconfortante que este mostró en su Navidad. El jardín cerrado en el que aparecen la Madre y el Hijo con un grupo de santos, es el Jardín del Paraíso. Un jardín con un muro o una verja es el símbolo de la virginidad de María.
Un nuevo realismo
Esta certeza interior alcanza su cumbre con Jan van Eyck (1385-1441), contemporáneo de Campin y una de las influencias constantes de su siglo. tenía un ojo de una sensibilidad casi milagrosa para todos los detalles de su mundo, no sólo porque los veía, sino porque comprendía su valor. El hábitat natural de Van Eyck era de luminosa claridad; veía las cosas más vulgares con una maravillosa agudeza y con un gran sentido de la belleza. Sabemos muy poco de él, pero es el pintor más arrollador en lo que concierne a las convicciones que nos permite compartir con él.
Este panel muestra al cordero sacrificado en el altar principal, su sangre sagrada cayendo sobre un cáliz. Los ángeles rodean el altar y llevan recordatorios de la crucifixión; en primer plano sale a borbotones el agua de la Fuente de la Vida. Los devotos, que acuden desde las cuatro esquinas de la tierra, forman una colección variada entre la que se encuentran profetas, mártires, papas, vírgenes, peregrinos, caballeros y ermitaños. Es posible, igual que en muchas obras religiosas de la época, que a Van Eyck le asesorase un teólogo, y estas figuras parecen representar la jerarquía de la Iglesia. Situada en un paisaje bello y frondoso, la ciudad sagrada, de perfil muy parecido al de una ciudad holandesa, brilla en el horizonte; la iglesia de la derecha probablemente sea la catedral de Utrecht. Es sólo un detalle del inmenso retablo, pero su perfección, su exactitud y su convicción explican por qué esta visión mística ha influido tanto en todos aquellos que la han visto. El Retablo de Gante, envuelve al espectador en un estado de contemplación, pero cualquier análisis más riguroso se convierte en un increíble esfuerzo intelectual. Esta operación.resulta más fácil con pinturas más pequeñas, como es el caso de esta larga y esbelta Anunciación (arriba) . .
La luz simbólica en Van Eyck Cuando miramos la Anunciación, percibimos la agradable luz que lo ilumina todo, desde el techo en penumbra hasta el brillo de las joyas del ángel. La claridad sería demasiado intensa si no fuese a la vez suave, una presencia envolvente e integradora. Esta presencia difusa, imparcial en su luminosidad, es también una luz espiritual, sustituta de Dios, que ama todo lo que ha creado. El simbolismo todavía va más lejos: la parte superior de la iglesia está a oscuras, y la solitaria ventana representa a Dios Padre. Sin embargo, más abajo vemos tres luminosas ventanas que nos recuerdan a la Santísima Trinidad y que Cristo es la luz de este mundo. Esta luz sagrada entra en todas direcciones, pero es más visible al caer sobre la Virgen cuando el Espíritu Santo llega a eclipsarla: de esta sagrada sombra se elevará la luminosidad divina. Su ropa se hincha como para anticiparse, y responde al saludo angelical «Ave Gratia Plena» («Salve, llena de gracia» ) con un humilde «Ecce Ancilla Domini» («He aquí la sierva del Señor»). Pero con un encantador realismo, Van Eyck escribe sus palabras al revés e invertidas para que el Espíritu Santo pueda leerlas. El ángel es todo alegría, todo sonrisas, todo luz; la Virgen, sin ninguna joya, está pensativa, sorprendida. Ella sabe, cosa que el ángel parece ignorar, lo que le costará SU rendición ante Dios. Su corazón se llenará de dolor cuando su hijo sea crucificado. Podemos ver que levanta las manos en un gesto simbólico de devoción, pero también como anticipación inconsciente de ese dolor. El ángel avanza sobre las baldosas de la iglesia, en las que se puede apreciar a David matando a Goliat (éste representa el poder -en última instancia, inútil del diablo). El mensaje que el ángel da a María la sitúa en el sacrificio que supone su maternidad y su santidad.
El óleo: un nuevo medio pictórico Los hermanos Van Eyck empezaron sus carreras como miniaturistas de manuscritos. Los numerosos detalles en miniatura y la exquisita presentación que encontramos en las pinturas de Van Eyck, como por ejemplo la Anunciación, revelan una fuerte afinidad con esta forma artística. Sin embargo, el factor que más distingue a los Van Eyck del arte de la iluminación de manuscritos era la técnica utilizada.
Retrato de un matrimonio
«El matrimonio Arnolfini» (arriba) es el nombre otorgado a este doble retrato sin título de Jan Van Eyck, actualmente expuesto en la National Gallery de Londres. Es una de las grandes celebraciones de la reciprocidad humana. Al igual que «La novia judía» de Rembrandt, esta pintura nos revela el profundo significado de un verdadero matrimonio. La cama, la única vela encendida, el solemne ¡momento de unión en el que el joven marido posa su mano levantada sobre su esposa, la fruta, el pequeño perro fiel, el rosario, los pies descalzos (puesto que es el lugar de una unión (sagrada) e incluso el respetuoso espacio entre Arnolfini y su esposa, Giovanna Cenami: todo se une en la imagen reflejada en el espejo. Todos estos detalles nos enaltecen y a la vez nos ayudan a percibir el potencial humano para la bondad y la plenitud. 1 - 2 |
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