Sección 01 Historia del Arte

Arte Prehelénico

Imagen del Lic. José Manuel Guardia Villar
por el Lic. José manuel Guardia Villar
Este texto es propiedad original y exclusiva del autor
 

 

 

El príncipe de los lirios:

 

Nos hallamos ante una muestra pictórica del arte minoico característico de la isla de Creta, perteneciente probablemente a la época de los segundos palacios, más concretamente al Palacio de Minos, y cuya cronología se puede situar entre el 1600 y el 1450 a. C., poco antes de la definitiva desaparición de la cultura cretense, como cultura dominante en esta parte del Mediterráneo, ante el poderío creciente de la civilización Micénica.
Iconográficamente se representa a una figura, probablemente un Rey Sacerdote, ya que porta como atributos el cetro y el collar, caminando sobre un jardín de lirios sobre los que revolotea una mariposa. Su temática, pues, juntamente con otras manifestaciones que han aparecido en el mismo palacio, nos mete de lleno en una vida palacial, inmersa en un mundo de ocio y grandes fiestas, permitido todo ello por el próspero comercio del que disfrutaban, aunque probablemente esta figura, en concreto, forme parte de algún ritual religioso, como podría ser una procesión, sin poder realmente aseverarlo, ya que poco se sabe de sus costumbres o rituales religiosos, a no ser lo que nos pueda evocar esas figurillas femeninas, denominadas por su iconografía "diosas de las serpientes".
Técnicamente hablando, se trata de un fresco destinado a la decoración mural del palacio de Cnossos, realizado según la técnica del bajorrelieve estucado. Procede posiblemente de una decoración en friso, a la manera egipcia, en donde la línea sigue jugando un papel fundamental como delimitadora de formas y volúmenes que se rellenan de colores planos y brillantes, observándose en su modela una clara diferenciación entre las formas corporales que tienden a los amplios volúmenes, mientras que se dibuja con trazos casi caligráficos tanto las flores como los adornos del tocado de plumas del príncipe. Así mismo, podemos observar como siguen manteniéndose herederos de la utilización de un color no real para las encarnaciones, al seguir utilizando generalmente un tono obscuro para los hombres y más lechoso para el elemento femenino.
También por su composición que conserva los elementos formales de la ley de la frontalidad, en la que podemos observar como sigue existiendo la mitad superior del cuerpo de frente y la inferior de perfil, con la cabeza también de perfil, respondiendo sin duda a la ley de la máxima claridad, así como un cierto hieratismo, podemos evocar su vinculación con esa manera egipcia de representación antropomórfica. Sin embargo, por su contexto histórico de un arte gestado por una talasocracia mercantil mediterránea, se advierte ya claramente una evolución y un despegue, una ruptura del canon rígido e idealizante egipcio; la figura del joven, sin renunciar a la simetría axial, ostenta cierto esbozo rítmico que le confiere un carácter más lúdico, más gozoso, más en consonancia, tal vez, con aquella civilización isleña entregada al comercio y al gozo vital, que preludia en cierto modo el neto antropomorfismo del posterior arte griego. Carácter deleitoso al que contribuyen los radiantes colores empleados, y que, pese al deterioro general, junto con la ornamentación floral que la acompaña, nos habla de una naturaleza agradable integrada en la vida social.
Para concluir, podríamos considerar al arte pictórico minoico como un puente cultural que irradiará su influencia hacia el continente, Tirinto y Micenas, en donde tanto de mano de pintores cretenses o talleres que lo desarrollen, dejará las primeras huellas de un muralismo desconocido para los aqueos.

Palacio de Cnossos. Creta.

Nos encontramos ante una manifestación de la arquitectura cretense, más concretamente ante el Palacio de Cnossos, cuya construcción podemos atribuirla a la época de los Segundos Palacios (1.700 - 1.400 a. C.).

La planta, por lo que podemos apreciar es complicadísima, laberíntica, espacio irracional, encontrándonos ante una ruptura del espacio en el plano horizontal, con doble acodamiento en ángulo recto, lo que da lugar a un movimiento pintoresco de la misma, acentuado también por escaleras, descansillos, terrazas, etc. Existe una abundancia de patios, el principal con gradería en un lado y de planta rectangular. Hay pocos elementos constantes: salón del trono, habitaciones, harén, galerías, pasillos, almacenes, patios para actos públicos. Se da una gran importancia a los corredores o estancias paralelas para el almacenaje de vinos en grandes recipientes cerámicos en donde han aparecido restos de contabilidad en tablillas. Abundancia también de galerías y pórticos que nos da como resultado una arquitectura muy ventilada, en donde volvemos a ver un gusto por el aire libre, amor a la naturaleza, etc., que junto con la serie de terrazas y de planos a distintos niveles, nos da también una ruptura del espacio en sentido vertical al mismo tiempo que una ruptura y relación de espacio externo-interno, por la alternancia constante de estos espacios (galerías, corredores, cubiertos o al aire libre).

En cuanto a los elementos sustentantes, vemos un uso constante de la columna sin basa, de fuste liso y capitel toral simple, parecida a la futura dórica, por ello se la ha calificado como protodórica. El complemento es el dintel, la placa de cubierta y las vigas. Por todo ello, nos encontramos ante una arquitectura adintelada con ignorancia de la bóveda, cúpula y arco. La máxima altura es de dos a tres pisos, explicable por frecuentes terremotos, estos fenómenos explican la restauración de Evans con viguetas de hierro, de no ser así ya no quedaría nada.
Por lo que respecta a su cubrición, observamos una falta de tejados, lo que implica una terminación en terrazas, dadas las pocas precipitaciones atmosféricas, de aquí tendremos una relación constante con el aire libre (buen clima, carácter optimista y abierto). Así pues, la interrelación de espacios es constante, por lo que los elementos ornamentales, en este caso la pintura, afecta tanto a las partes internas como a las externas. La figurativa prefiere las primeras, existiendo una abundancia de frescos decorativos, extendiéndose también a los pórticos y galerías reservadas. El rojo y el azul son los colores dominantes en la pintura abstracta de elementos arquitectónicos, puertas y ventanas aparecen recuadradas en rectángulos, teniendo que ángulo y línea recta serán dominantes, contrastando con la curva modulada del resto de este arte. Así pues, en su ornamentación el papel básico lo ocupa la policromía, todo el edificio aparece pintado, y si bien ésta es muy abundante, existe una falta total de decoración escultórica monumental, en contraposición a la posterior cultura micénica.
Se puede observar también un uso diverso de materiales pobres enriquecidos con revestimiento de estuco pintado. La piedra en sillares bien encuadrados se reserva para partes esenciales, numerosas losas planas se emplean para pavimentos y cubiertas de terraza. Los materiales pobres se utilizan de relleno en basamentos, terrazas escalonadas, etc. Todo ello da como resultado una arquitectura lujosa y ostentosa que muestra un espíritu de confianza reflejado en la ausencia de cierres en general. Esto nos estaría hablando de una seguridad estatal reflejada también en la carencia absoluta de murallas (explicación de esto lo podemos encontrar en la poderosa flota y en la paz interna). Es una arquitectura de tipo colectivo, casi ciudadana, con unos servicios excelentes y comunes, desagües y similares.
Esta arquitectura es exclusiva, o al menos reducida hoy, a los llamados "Palacios", en este caso el de Cnossos, siendo éste un palacio unidad de habitación, autosuficiente en todo, salvo en su dependencia alimenticia y económica, que depende del campo y del mar.
Se trataría, pues, de una ciudad-palacio, muy semejante a otros de los que sólo conservamos sus ruinas: Malia, Festos, Hagia-Tríada y aproximadamente unos diez más. Esto no quiere decir que no hubiera aldeas, pero lo realmente importante para la cultura, economía, etc., eran estas ciudades-palacio que formaron una unidad humana. No obstante, todo ello nos da una visión un tanto falsa, pues tuvieron que existir otros sectores cuyo conocimiento no ha llegado hasta nosotros, y por lo que el conocimiento que tenemos de esta cultura es el de un mundo aristocrático, el de una humanidad culta, refinada, feliz y rica. Es pues evidentemente restringido y parcial.

La Puerta de los leones de Micenas

Nos encontramos ante una muestra de la arquitectura micénica, correspondiente a una puerta integrada en la muralla ciclópea que fortificaba la ciudad de Micenas en el Peloponeso.
Se trata de una concepción arquitectónica con características defensivas muy distinta a la cretense cuyos palacios se caracterizan por la ausencia de murallas, hecho que no es de extrañar, al haber sido construidos en un período de paz y de gran actividad comercial a través del Mediterráneo en busca del tan apreciado metal. En cambio, los aqueos eran un pueblo guerrero de origen indoeuropeo, procedentes del Norte y Centroeuropa, que se establecieron en el Peloponeso de la península griega, construyendo en sus acrópolis palacios fortificados, de aquí esta muestra que ha llegado hasta nosotros.
Técnicamente vemos la utilización de una nueva técnica constructiva, como es la aproximación de hiladas para formar un falso arco. Esta técnica no sólo podemos apreciarla en sus arcos, como aquí, sino también en las bóvedas de los corredores de sus dobles murallas y en la gran cúpula del "Tesoro de Atreo". Así pues, podríamos decir que este sistema de cubrición se encuentra a medio camino entre el sistema adintelado y abovedado. También en esto se apartan de la cultura cretense, aunque no obstante utilizan el sistema arquitrabado para sus casas y palacios, pues no podemos olvidarnos de "el Megarón", antecedente directo del templo griego posterior.
A su vez, vemos como, si los cretenses utilizaban para sus construcciones el sillarejo, aquí en cambio éste es sustituido por el llamado aparejo ciclópeo, constituido por grandes piedras de inmenso tamaño, más o menos labradas y puestas a hueso.
Lo más llamativo en esta puerta es el relieve que la corona con la temática de los dos leones rampantes, labrados en el hueco triangular que se ha formado por la aproximación de hiladas sobre el dintel. Los felinos se yerguen heráldicamente protegiendo una columna elevada sobre dos altares de tipo cretense. Sus cabezas, esculpidas por separado, se han perdido. Pudieron ser grifos (mejor que leones) en su función protectora del poder real. En la anterior tradición minoica, leonés o grifos heráldicos vigilaban los altares de la diosa de los animales. En la reinvención micénica, y ante el acceso principal de la ciudad, felinos y columnas son símbolo visible, político y sagrado, del lugar que protegen.
Técnicamente es una realización en alto relieve con una cierta estilización naturalista, pero con un alto grado de geometrismo en los detalles, que le confiere un modelado anatómico bastante trabajado y en el que no podemos dejar de ver las influencias orientalizantes.
Composición de simetría claramente axial marcada por la columna central símbolo del poder, se equilibra acertadamente dentro del espacio casi equilátero que componen el dintel y los mampuestos que convergen en el vértice superior.
Así pues, se trata de una manifestación escultórica de carácter monumental cuya función no es sólo la decorativa sino también la protectora. Realizada en el siglo XIII A. de C., es un fiel reflejo plástico de la manifestación del poder micénico alcanzado, y ejemplo, también, de sabiduría arquitectónica.

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