El
príncipe de los lirios:
Nos
hallamos ante una muestra pictórica del arte minoico característico
de la isla de Creta, perteneciente probablemente a la época de
los segundos palacios, más concretamente al Palacio de Minos, y
cuya cronología se puede situar entre el 1600 y el 1450 a. C.,
poco antes de la definitiva desaparición de la cultura cretense,
como cultura dominante en esta parte del Mediterráneo, ante el
poderío creciente de la civilización Micénica.
Iconográficamente se representa a una figura, probablemente un
Rey Sacerdote, ya que porta como atributos el cetro y el collar, caminando
sobre un jardín de lirios sobre los que revolotea una mariposa.
Su temática, pues, juntamente con otras manifestaciones que han
aparecido en el mismo palacio, nos mete de lleno en una vida palacial,
inmersa en un mundo de ocio y grandes fiestas, permitido todo ello por
el próspero comercio del que disfrutaban, aunque probablemente
esta figura, en concreto, forme parte de algún ritual religioso,
como podría ser una procesión, sin poder realmente aseverarlo,
ya que poco se sabe de sus costumbres o rituales religiosos, a no ser
lo que nos pueda evocar esas figurillas femeninas, denominadas por su
iconografía "diosas de las serpientes".
Técnicamente hablando, se trata de un fresco destinado a la decoración
mural del palacio de Cnossos, realizado según la técnica
del bajorrelieve estucado. Procede posiblemente de una decoración
en friso, a la manera egipcia, en donde la línea sigue jugando
un papel fundamental como delimitadora de formas y volúmenes que
se rellenan de colores planos y brillantes, observándose en su
modela una clara diferenciación entre las formas corporales que
tienden a los amplios volúmenes, mientras que se dibuja con trazos
casi caligráficos tanto las flores como los adornos del tocado
de plumas del príncipe. Así mismo, podemos observar como
siguen manteniéndose herederos de la utilización de un color
no real para las encarnaciones, al seguir utilizando generalmente un tono
obscuro para los hombres y más lechoso para el elemento femenino.
También por su composición que conserva los elementos formales
de la ley de la frontalidad, en la que podemos observar como sigue existiendo
la mitad superior del cuerpo de frente y la inferior de perfil, con la
cabeza también de perfil, respondiendo sin duda a la ley de la
máxima claridad, así como un cierto hieratismo, podemos
evocar su vinculación con esa manera egipcia de representación
antropomórfica. Sin embargo, por su contexto histórico de
un arte gestado por una talasocracia mercantil mediterránea, se
advierte ya claramente una evolución y un despegue, una ruptura
del canon rígido e idealizante egipcio; la figura del joven, sin
renunciar a la simetría axial, ostenta cierto esbozo rítmico
que le confiere un carácter más lúdico, más
gozoso, más en consonancia, tal vez, con aquella civilización
isleña entregada al comercio y al gozo vital, que preludia en cierto
modo el neto antropomorfismo del posterior arte griego. Carácter
deleitoso al que contribuyen los radiantes colores empleados, y que, pese
al deterioro general, junto con la ornamentación floral que la
acompaña, nos habla de una naturaleza agradable integrada en la
vida social.
Para concluir, podríamos considerar al arte pictórico minoico
como un puente cultural que irradiará su influencia hacia el continente,
Tirinto y Micenas, en donde tanto de mano de pintores cretenses o talleres
que lo desarrollen, dejará las primeras huellas de un muralismo
desconocido para los aqueos.
Palacio
de Cnossos. Creta.
Nos encontramos
ante una manifestación de la arquitectura cretense, más
concretamente ante el Palacio de Cnossos, cuya construcción podemos
atribuirla a la época de los Segundos Palacios (1.700 - 1.400 a.
C.).
La planta,
por lo que podemos apreciar es complicadísima, laberíntica,
espacio irracional, encontrándonos ante una ruptura del espacio
en el plano horizontal, con doble acodamiento en ángulo recto,
lo que da lugar a un movimiento pintoresco de la misma, acentuado también
por escaleras, descansillos, terrazas, etc. Existe una abundancia de patios,
el principal con gradería en un lado y de planta rectangular. Hay
pocos elementos constantes: salón del trono, habitaciones, harén,
galerías, pasillos, almacenes, patios para actos públicos.
Se da una gran importancia a los corredores o estancias paralelas para
el almacenaje de vinos en grandes recipientes cerámicos en donde
han aparecido restos de contabilidad en tablillas. Abundancia también
de galerías y pórticos que nos da como resultado una arquitectura
muy ventilada, en donde volvemos a ver un gusto por el aire libre, amor
a la naturaleza, etc., que junto con la serie de terrazas y de planos
a distintos niveles, nos da también una ruptura del espacio en
sentido vertical al mismo tiempo que una ruptura y relación de
espacio externo-interno, por la alternancia constante de estos espacios
(galerías, corredores, cubiertos o al aire libre).
En cuanto
a los elementos sustentantes, vemos un uso constante de la columna sin
basa, de fuste liso y capitel toral simple, parecida a la futura dórica,
por ello se la ha calificado como protodórica. El complemento es
el dintel, la placa de cubierta y las vigas. Por todo ello, nos encontramos
ante una arquitectura adintelada con ignorancia de la bóveda, cúpula
y arco. La máxima altura es de dos a tres pisos, explicable por
frecuentes terremotos, estos fenómenos explican la restauración
de Evans con viguetas de hierro, de no ser así ya no quedaría
nada.
Por lo que respecta a su cubrición, observamos una falta de tejados,
lo que implica una terminación en terrazas, dadas las pocas precipitaciones
atmosféricas, de aquí tendremos una relación constante
con el aire libre (buen clima, carácter optimista y abierto). Así
pues, la interrelación de espacios es constante, por lo que los
elementos ornamentales, en este caso la pintura, afecta tanto a las partes
internas como a las externas. La figurativa prefiere las primeras, existiendo
una abundancia de frescos decorativos, extendiéndose también
a los pórticos y galerías reservadas. El rojo y el azul
son los colores dominantes en la pintura abstracta de elementos arquitectónicos,
puertas y ventanas aparecen recuadradas en rectángulos, teniendo
que ángulo y línea recta serán dominantes, contrastando
con la curva modulada del resto de este arte. Así pues, en su ornamentación
el papel básico lo ocupa la policromía, todo el edificio
aparece pintado, y si bien ésta es muy abundante, existe una falta
total de decoración escultórica monumental, en contraposición
a la posterior cultura micénica.
Se puede observar también un uso diverso de materiales pobres enriquecidos
con revestimiento de estuco pintado. La piedra en sillares bien encuadrados
se reserva para partes esenciales, numerosas losas planas se emplean para
pavimentos y cubiertas de terraza. Los materiales pobres se utilizan de
relleno en basamentos, terrazas escalonadas, etc. Todo ello da como resultado
una arquitectura lujosa y ostentosa que muestra un espíritu de
confianza reflejado en la ausencia de cierres en general. Esto nos estaría
hablando de una seguridad estatal reflejada también en la carencia
absoluta de murallas (explicación de esto lo podemos encontrar
en la poderosa flota y en la paz interna). Es una arquitectura de tipo
colectivo, casi ciudadana, con unos servicios excelentes y comunes, desagües
y similares.
Esta arquitectura es exclusiva, o al menos reducida hoy, a los llamados
"Palacios", en este caso el de Cnossos, siendo éste un
palacio unidad de habitación, autosuficiente en todo, salvo en
su dependencia alimenticia y económica, que depende del campo y
del mar.
Se trataría, pues, de una ciudad-palacio, muy semejante a otros
de los que sólo conservamos sus ruinas: Malia, Festos, Hagia-Tríada
y aproximadamente unos diez más. Esto no quiere decir que no hubiera
aldeas, pero lo realmente importante para la cultura, economía,
etc., eran estas ciudades-palacio que formaron una unidad humana. No obstante,
todo ello nos da una visión un tanto falsa, pues tuvieron que existir
otros sectores cuyo conocimiento no ha llegado hasta nosotros, y por lo
que el conocimiento que tenemos de esta cultura es el de un mundo aristocrático,
el de una humanidad culta, refinada, feliz y rica. Es pues evidentemente
restringido y parcial.
La
Puerta de los leones de Micenas
Nos encontramos
ante una muestra de la arquitectura micénica, correspondiente a
una puerta integrada en la muralla ciclópea que fortificaba la
ciudad de Micenas en el Peloponeso.
Se trata de una concepción arquitectónica con características
defensivas muy distinta a la cretense cuyos palacios se caracterizan por
la ausencia de murallas, hecho que no es de extrañar, al haber
sido construidos en un período de paz y de gran actividad comercial
a través del Mediterráneo en busca del tan apreciado metal.
En cambio, los aqueos eran un pueblo guerrero de origen indoeuropeo, procedentes
del Norte y Centroeuropa, que se establecieron en el Peloponeso de la
península griega, construyendo en sus acrópolis palacios
fortificados, de aquí esta muestra que ha llegado hasta nosotros.
Técnicamente vemos la utilización de una nueva técnica
constructiva, como es la aproximación de hiladas para formar un
falso arco. Esta técnica no sólo podemos apreciarla en sus
arcos, como aquí, sino también en las bóvedas de
los corredores de sus dobles murallas y en la gran cúpula del "Tesoro
de Atreo". Así pues, podríamos decir que este sistema
de cubrición se encuentra a medio camino entre el sistema adintelado
y abovedado. También en esto se apartan de la cultura cretense,
aunque no obstante utilizan el sistema arquitrabado para sus casas y palacios,
pues no podemos olvidarnos de "el Megarón", antecedente
directo del templo griego posterior.
A su vez, vemos como, si los cretenses utilizaban para sus construcciones
el sillarejo, aquí en cambio éste es sustituido por el llamado
aparejo ciclópeo, constituido por grandes piedras de inmenso tamaño,
más o menos labradas y puestas a hueso.
Lo más llamativo en esta puerta es el relieve que la corona con
la temática de los dos leones rampantes, labrados en el hueco triangular
que se ha formado por la aproximación de hiladas sobre el dintel.
Los felinos se yerguen heráldicamente protegiendo una columna elevada
sobre dos altares de tipo cretense. Sus cabezas, esculpidas por separado,
se han perdido. Pudieron ser grifos (mejor que leones) en su función
protectora del poder real. En la anterior tradición minoica, leonés
o grifos heráldicos vigilaban los altares de la diosa de los animales.
En la reinvención micénica, y ante el acceso principal de
la ciudad, felinos y columnas son símbolo visible, político
y sagrado, del lugar que protegen.
Técnicamente es una realización en alto relieve con una
cierta estilización naturalista, pero con un alto grado de geometrismo
en los detalles, que le confiere un modelado anatómico bastante
trabajado y en el que no podemos dejar de ver las influencias orientalizantes.
Composición de simetría claramente axial marcada por la
columna central símbolo del poder, se equilibra acertadamente dentro
del espacio casi equilátero que componen el dintel y los mampuestos
que convergen en el vértice superior.
Así pues, se trata de una manifestación escultórica
de carácter monumental cuya función no es sólo la
decorativa sino también la protectora. Realizada en el siglo XIII
A. de C., es un fiel reflejo plástico de la manifestación
del poder micénico alcanzado, y ejemplo, también, de sabiduría
arquitectónica. |