Picasso es de los grandes.
Pero a mí me agrada mucho más Francis Bacon.
El arte se relaciona directamente con las palabras del profeta: "Hay que vencer la cólera con la dulzura; hay que vencer al mal con el bien, la mentira con la verdad".
Insisto con aquello de que Bello y Bien son sinónimos.
De Rodin: " Para el artista digno de ese nombre, en la naturaleza todo es bello; porque sus ojos, al aceptar valientemente toda verdad exterior, lee en ella, como en un libro abierto, toda la verdad interior.
Le basta mirar un rostro humano para descifrar un alma; ningún rasgo lo engaña; para él, la hipocresía es tan transparente como la sinceridad; la inclinación de una frente, el menor fruncimiento de cejas, lo evasivo de una mirada, le revelan los secretos de un corazón.
De la misma manera es el confidente de la naturaleza. Los árboles, las plantas, le hablan como amigos. Los viejos robles nudosos le dicen de su benevolencia para con los hombres, a los que protegen con sus ramas desplegadas. Las flores conversan con él por la curva graciosa de su tallo, por los cantarines matices de sus pétalos; cada florecita que se encuentra entre la hierba, es una palabra afectuosa que le dirige la naturaleza".
Y Rodin, con su descomunal obra da testimonio de sus palabras.
En arte, solo existen artistas o plagiarios.
Y cuando me refiero a los artistas, lo hago consciente de que estoy hablando de aquellos verdaderos que se ocupan del hombre.
Entonces alcanzamos a comprender el móvil del trabajo humano, que es esclavitud cuando su finalidad es ciega, egoísta y es alegría cuando se realiza en bien de la humanidad, en bien de los otros, en bien de cada uno.
Y que sideral paradoja que hombres trágicos como Blake, Nerval, Kierkegaard, Lautreamon, Rilke, Strimberg, Sabato, Dostoyevsky, Poe, Henry Miller, Munch, Van Gogh, Kokochka, Modigliani y tantos otros que sufrieron lo indecible en sus respectivas existencias, se hayan ocupado de los problemas del alma, se hayan ocupado por la creación de otros valores refundando lo ético. Si hasta duele pensar en esto.
La obra de un artista pone en juego un universo de circunstancias, penetra lugares inexplorados del alma humana donde habitan los más bellos sentimientos y los más terribles engendros del terror y de la angustia poniendo en litigio la capacidad que tiene el hombre para sobrellevar esto.
Pero hay una zona solitaria y sublime, donde se produce el encuentro para salir airoso de esta lucha indescriptible y es la capacidad para admirar. Porque no cualquiera puede. Sábato dice: "Es que hasta para admirar se necesita grandeza".
Y cuan pocos llegan a este estado. El resto está en una puja desdichada por conseguir sus oropeles, por conquistar un éxito efímero, con argumentos más efímeros aun. Luchan por tener acceso a sus pequeñas conquistas.
Y lo que les molesta es justamente la gratuidad del arte, su absoluta inutilidad. ¿Para qué sirve?. Claro, es tan gratuito como el amor.
Para ellos, que quieren cosas "útiles", esto no tiene sentido, salvo cuando le dan valor de mercancía, cotizable en el mercado. Ya vemos lo que se consiguió con esto, con jurados, críticos, coleccionistas, apostando a valores inventados durante un período, haciendo famoso a tal o cual para luego descartarlo y cambiarlo por un "nuevo valor" surgido desde las tinieblas de lo insostenible.
Pero atención, jóvenes, pues hay un juez inexorable que no es amigo, que no se puede comprar, que no está en venta, no entra en componendas ni se regala al mejor postor.
Ese Juez, se llama Tiempo.
Más en este tiempito, todos corren apresurados tras el éxito que los espera en algún rincón de la liviana existencia que poseen.
Velocidad, velocidad desesperada, vertiginosa, para llegar solamente a lo efímero.
Reconozco como mis Maestros a: Antonio Pujia, Américo Balán, Naum Knop y Antonio Devoto.
Ellos me mostraron, cada cual a su manera, donde estaba mi camino.
Cuando comencé a transitarlo, me acompañaron por un tiempo hasta que llegó el momento de indagar, de aprehender, de saber por mi cuenta, de hacer la experiencia y así, iniciar la tarea para la cual fui elegido.
Uno de ellos me dijo: -"El pichón ha emplumado. Ahora puede volar".
Si se me permite, de alguna manera estos Textos Desde el Arte, están dedicados a ellos con todo el corazón.
Y los más bellos recuerdos.
Brindo entonces por ellos, con elixir de libélulas.
El artista es un ser específico que de manera constante se muestra tal cual es. Lo hace con sus obras y con sus actos.
De todos los modos posibles supera los escollos que suelen atormentarlo, con la decida convicción de ser fiel a sus principios, de ser fiel a sí mismo.
Si tenemos en cuenta el tiempo y la época de su nacimiento, y los valores culturales que lo rodean, podemos coincidir en que el artista lleva consigo una individualidad que no puede atribuirsele a todos. A un artista no se lo puede comparar con "el otro". Porque ese y esos otros están unidos por las circunstancias culturales de su tiempo; me estoy refiriendo a los valores establecidos por la sociedad en su conjunto.
Si Pascal decía -según Sábato- que el artista en el juego de la vida apuesta dos veces, es cierto; pero la primera es la que le toca en el reparto de los naipes; la segunda, es porque el juego le resulta insostenible y él quiere cambiarlo todo.
El artista no crea otro mundo, sino que quiere crear un mundo en el cual el hombre pueda vivir mejor.
Cuando Picasso hace el Guernica, está diciendo todo lo contrario a lo que allí sucedió cuando la masacre.
Y si volvemos atrás en el texto, cuando insisto en que bello y bien son sinónimos, tal vez lo que quiero decir es que el artista quiere un mundo mejor; no solo para él, sino para todos los hombres.
El artista supera los inconvenientes que le propone el entorno con el que vive, porque posee una fuerza interna muy intensa, que le permite sobrellevar dolores inenarrables para poder decir eso que tiene que decir.
Con leer las biografías de Van Gogh, Gauguin, Pissarro, Fernando Fader, por citar solo algunos de los miles que son, me libero de mayores explicaciones y detalles.
1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 |