![]() |
Caricatura: la deformación expresiva (VIII) .
|
![]() |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
por Milko A. García Torres |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Cómics expresionistas (II) En Fuegos, del italiano Lorenzo Mattotti, el uso de la caricatura ha dado el último paso (abajo). Ya no es humorismo, ni sarcasmo, ni siquiera algo grotesco. La historia contada en Fuegos es un hecho dramático de una implicación pasional con fuerzas ocultas, por parte de un teniente de navio. No hay ironía, ni sátira, ni representación de excesos morales. La caricatura, por una vez, no quiere castigar a nadie. Es simplemente el modo de representar las figuras.
Con este modo de utilizar la caricatura, Mattotti puede construir la realidad de su historieta con los elementos que quiere. Puede ser conciso o prolijo a voluntad, sin ninguna referencia necesaria a la «realidad tal cual». El rostro del teniente Assenzio no es la caricatura de un hombre; es simplemente el rostro de un hombre, porque en el mundo de Mattotti los hombres son así. Y son así porque, aun cuando despojemos a la caricatura de su efecto grotesco, le queda, de todos modos, la fuerza expresiva, la gran capacidad de expresar sentimientos y emociones, mucho mayor que en las representaciones realistas. Y Fuegos es plenamente una historia de sentimientos y emociones. Es preciso tener presente que el cómic de Mattotti está profundamente impregnado de cultura pictórica. Aunque, moviéndose en el interior del lenguaje de los cómics, el referente más inmediato de sus formas deba individualizarse allí, la deformación expresiva utilizada por Mattotti viene más bien del expresionismo pictórico alemán que de la caricatura tradicional. Mattotti nos remite al caso particular de dos lenguajes visuales, bastante alejados entre sí como tradición y como formas, que encuentran en un autor de cómics un punto de contacto, si no de identidad. La deformación expresiva del expresionismo y la caricatura tal como ha evolucionado en el cómic son en Mattotti la misma cosa; son al mismo tiempo expresión de emoción e implicación (no pocas veces dramáticos, cuando no incluso trágicos) y de infantil, de algún modo jocosa, participación.
Por fin, como último ejemplo, entre tantos autores que se podrían mencionar, tenemos al norteamericano Art Spiegel-man, con su Maus (arriba). Maus cuenta las vicisitudes de los judíos alemanes y polacos durante la guerra en la voz de un superviviente, el padre del narrador. La historieta tiene la dimensión y el aliento de una gran novela. A pesar de que los hechos narrados sean quizá verdaderos, y ciertamente verosímiles, y a pesar del argumento sombrío, si bien contado con un estilo «cotidiano» que desdramatiza un tanto las tragedias que aparecen, los personajes están todos representados como animales, en la mejor tradición del cómic de humor. Los judíos, protagonistas de las vicisitudes, son ratones; los polacos son cerdos; los alemanes, gatos. El dibujo, como se observa en la figura de arriba, es esencial, sencillísimo. Si se trata de caricatura, también aquí se ha perdido la sensación de lo grotesco, se ha perdido la sátira y la comicidad. Queda la caracterización moral: los gatos que cazan a los ratones, que juegan con ellos antes de matarlos, los cerdos que buscan una imposible neutralidad en esta lucha... Pero en el fondo todo esto es solamente apuntado; y el lector olvida en seguida, a pesar de que la tenga ante la vista, la no humanidad de los personajes. Como en el ejemplo de Mattotti, también aquí el autor ha construido un mundo en el que valen reglas propias; un mundo en el que hay ratones, gatos y cerdos completamente humanos. ¿Por qué utilizar figuras de animales y no humanas, en definitiva? Bien, porque a fin de cuentas se trata de un cómic, y en el lenguaje de los cómics el animal humanizado ocupa un lugar tan bien definido que es posible hacer un uso bien expresivo de él. Se pueden evitar más fácilmente, dibujando animales humanizados, matices patéticos que los animales humanizados no han expresado nunca en su historia, mientras que en un acontecimiento tan dramático podría ser fácil caer en ellos. La misma expresión puede parecer patética en un rostro humano, mientras que no lo es en un hocico de ratón. Puede ser grotescamente cruel en un rostro humano, mientras que parece de pura perfidia literaria en el hocico de un gato. Sus animales humanizados logran dar un tono de crepuscular cotidianidad e individualidad a un drama cósmico como el holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial. De este modo Spiegelman nos permite revivir aquella historia, despojándola de toda la retórica que se le ha acumulado encima con el tiempo. 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||