Sección 01 Cómics
Caricatura: la deformación expresiva (VII) .
imagen del Lic. Milko A. García Torres

por Milko A. García Torres
Recopilación de "Los lenguajes del cómic", de Daniele Barbieri.

 

 

 

Cómics expresionistas

El fenómeno del llamado «cómic de autor» ha nacido en Francia a finales de los años sesenta, se ha extendido y reforzado en Italia en los años setenta, y en los años ochenta ha llegado a numerosos países, entre otros España y Estados Unidos. Hablar de «cómic de autor» comporta en realidad, una buena dosis de mistificación: tiende a hacer pensar que los autores anteriores fueran inferiores o menos creativos; y esto es falso. Tiende a hacer pensar que en el «cómic de autor» exista alguna otra seña artística, y también eso es falso.
De todos modos, hay algo distinto entre estos autores y los que los han precedido. Se trata del rechazo general a aceptar que el cómic deba estar dentro de los esquemas y en el interior de los espacios en los que siempre ha estado. No es la primera vez que semejante rechazo toma cuerpo en la historia del cómic; pero es la primera vez que lo hace en toda una generación de historietistas y no sólo en autores aislados.

Los realizadores del «cómic de autor» o de la «vanguardia de los cómics» investigan, porque quieren hacer que el cómic cuente aquello que nunca ha contado. Quieren ir más lejos de cuanto han ido sus predecesores. Quieren explotar al máximo las posibilidades expresivas del lenguaje de los cómics; más de lo que se hubiera hecho nunca en el pasado.

José Muñoz/Carlos Sampayo, Sophie (1977)

Entre los autores clásicos más amados por estos historietistas están Will Eisner y Chester Gould; el primero sobre todo por sus invenciones gráficas, el segundo por la despiadada vena grotesca en la configuración de los personajes.

En el caso de los argentinos José Muñoz y Carlos Sampayo, la lección de Gould es utilizada muy directamente. Muñoz y Sampayo son autores muy comprometidos desde un punto de vista social y psicológico; sus historietas, siempre muy dramáticas, están también embebidas de un sarcasmo y una ironía sombríos y devastadores.
Lo que vemos en la viñeta de la figura de arriba es el símbolo de Estados Unidos, el tío Sam, en un acceso de febril alegría homicida. Como en Gould, también aquí la caricatura tiene la función de representar el exceso. Pero en la pareja argentina este exceso tiene una connotación política y social que quedaba ausente en el autor norteamericano.
Y hay también otro giro, respecto del uso de la caricatura que hemos observado hasta ahora.

Ya se ha visto que en general la caricatura hace más rápida y sencilla la lectura de las imágenes, ayudando con su concisión tanto a los cómics humorísticos como a las historietas policíacas sin perifollos de Dick Tracy. Pero en Muñoz y Sampayo sucede lo contrario: la caricatura no vuelve a las figuras más legibles, sino menos, las complica en vez de simplificarlas, reduce la velocidad de lectura en vez de acelerarla.
Si miramos la cara de este tío Sam nos damos cuenta de lo que quiero decir: hay una gran cantidad de signos, muchísimos, casi demasiados. Nuestra vista se encuentra en apuros para reconocer el rostro, para descifrar los rasgos: debe recorrer y volver a recorrer esas líneas para aferrar aquello que está buscando. Hasta el uso del negro compacto (que viene de Eisner) hace la operación más difícil en vez de simplificarla.

¿Por qué, pues, Muñoz y Sampayo complican así las cosas? ¿Por qué esta operación contraria al uso habitual, que nos obliga a esforzarnos, a ser lentos y meticulosos al leer sus imágenes? Añadiremos que la misma lentitud y meticulosidad es necesaria también para comprender las tramas de estos autores, no sólo sus características imágenes.

La respuesta se encuentra si se trata de entender el fin comunicativo de las historietas de la pareja de argentinos. Sus imágenes, sus historias, son difíciles, porque ellos nos quieren transmitir muchísimas cosas; porque, por ejemplo, una imagen que obliga a una lectura lenta nos obliga a observar meticulosamente detalles que no veríamos con una lectura más rápida. El dibujo de Muñoz ahonda en la personalidad de los personajes, nos hace captar sus deseos y miedos escondidos: nos quiere revelar la mayor cantidad de cosas posible. Pero ese dibujo nos demanda también que le prestemos una atención intensa, porque basta muy poco para dejar escapar los detalles.

Es frecuente, en sus historietas, que, mientras la narración principal continúa al fondo, sucedan en primer plano acontecimientos que no tengan nada que ver con aquélla, pero que nos ayudan a penetrar en la atmósfera, en el ambiente en el que se desarrollan las vicisitudes. Nada es secundario; todo es importante. Todo debe ser observado con atención.

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