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Caricatura: la deformación expresiva (III) .
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por Milko A. García Torres |
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Cómics de humor (II) El pato Donald nace como personaje de los dibujos animados en 1934, porque, según parece, la Disney tenía una voz (un doblador) que gustaba muchísimo y era oportuno crear un personaje que le diera vida. Inmediatamente llegará a los cómics, haciéndose en seguida tan popular como para dedicarle en 1937 una serie exclusivamente suya, dibujada por Al Taliaferro.
En suma, la habilidad de los dibujantes de Disney, y el éxito que la ha acompañado, ha hecho que este modo de representar el mundo aparezca ante nuestros ojos corno extremadamente natural, cuando se lo encuentra en los contextos en que esperamos encontrarlo, naturalmente. La caricatura en estas situaciones se ha superado definitivamente a sí misma convirtiéndose en pura figuración, perdiendo esa característica de deformidad que estamos habituados a asociar con ella. La tía Jim-jam y el sobrino Gummy de Feininger nos parecen representaciones deformadas de figuras humanas; no pasa lo mismo con los personajes de Disney, cuyo mundo es coherente y perfecto en sí mismo, regido por reglas y convenciones íntimamente aceptadas. ¿Acaso nos sorprende la monstruosa diferencia de dimensiones entre Donald y la mayor parte de otros personajes, como se representa en nuestro ejemplo? Si comparamos la caricatura a lo Disney con la de Feininger nos damos cuenta de algunas otras características. Un aspecto a destacar de los dibujos de Disney es la rotundidad de las líneas: así como Feininger es agudo y anguloso, los personajes de Disney no tienen ningún ángulo, son blandos, redondos incluso cuando delgados. Las manos son regordetas, los ojos grandes, las líneas que los definen son siempre suaves y moduladas. El efecto es el de un mundo en el que también los personajes más malos tienen las rotundidades de las formas infantiles; y un espíritu aniñado, jocoso, es esparcido por doquier, incluso cuando se explican los abominables planes de Peg —-Leg— Pete o de Sylvester Shyster. o cuando se muestran los ingeniosos y malvados artilugios de este último. 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9
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