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Georges Rouault (1871 - 1958).
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por Milko A. García Torres |
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Georges-Henri Rouault nació en 1871 en un sótano de la parisina Rue de la Villete, donde su madre se había refugiado de los bombardeos de la artillería versallesa, que entraba en la ciudad para aniquilar la Comuna.
EL magisterio de Moreau
Rouault, que pronto se convierte en el alumno favorito de Moreau, pinta en sus inicios cuadros de tema religioso; con uno de ellos, El niño Jesús entre los doctores, obtiene en 1894 el premio Chenavárd, después de que el jurado revocara, ante encendidas protestas, su decisión de concedérselo a un alumno de Léon Bonnat, un prestioso pintor académico. El año siguiente, tras ver frustrados por segunda vez sus deseos de obtener el Premio de Roma, Rouault decide, aconsejado por su profesor, abandonar la Escuela y seguir su carrera por su cuenta. No obstante, su relación con Moreau no se interrumpe y el joven pintor le visitará con frecuencia para mostrarle sus avances.
Tipos de la calle
A comienzos del nuevo siglo, la transformación que se iniciara tras la muerte: de Moreau se consolida. En ello influirán la visita de Rouault a la abadía de Ligugé -donde el escritor K. J. Huysmans intentaba crear una comunidad de creadores católicos- y, sobre todo, las largas temporadas que por motivos de salud pasa en la Alta Saboya. Vivificado por el contacto con la Naturaleza, el pintor elabora un lenguaje formal sumamente sintético y dominado por los valores expresivos; hasta los primeros años de la década siguiente, su obra, acuarelas y gouaches sobre papel fundamentalmente, abandona la temática religiosa y acoge una variada fauna compuesta por jueces, prostitutas, gente de circo y un amplio elenco de personajes de la calle.
El pacto con Vollard
A lo largo de la segunda década del siglo, el estilo de Rouault va evolucionando hacia formas más rotundas, delimitadas por un grueso contorno; paulatinamente, la acuarela y el gouache dejan paso al óleo, que se aplica en gruesas pinceladas llenas de materia. Simultáneamente, desarrolla una importante actividad como grabador, produciendo obras como Guerra y Miserere, una serie realizada entre 1914 y 1927 y que no será publicada, con el título de Miserere, hasta 1948. En 1917, Rouault, que había conocido a Ambroise Vollard diez años antes, firma un contrato por el que queda ligado al gran marchante por un plazo de treinta años. El pacto, que suponía la adquisición de toda la obra del pintor -incluso las más de setecientas que en ese momento se encuentran en el estudio-, permitió que, en lo sucesivo, Rouault se dedicara con total intensidad a su trabajo. No obstante, el artista, que había instalado su taller en la planta alta de la casa de Vollard, verá cómo, tras la muerte del marchante en accidente de coche en 1939, sus herederos precintan la entrada al estudio, impidiéndole acceder a sus numerosas notas y apuntes -lo que el artista definió como su teclado pictórico-.
Un triunfo moral
Aunque en su madurez Rouault siguió fiel a sus temas habituales, hacia 1918 la temática religiosa, especialmente la figura de Cristo, pasa a ocupar un lugar preeminente en su obra; sus cuadros, cada vez más cubiertos de materia, toman la apariencia de bajorrelieves pintados. Pese a su deliberado aislamiento respecto al devenir de las corrientes artísticas de la primera mitad del siglo, Rouault gozó en las últimas décadas de su vida de un gran prestigio; nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1925, desde 1930 se suceden las exposiciones de su obra, tanto en Francia como en el extranjero. A su creciente fama contribuiría el desenlace de su contencioso con los herederos de Vollard, que no se produjo hasta 1947, cuando una decisión judicial le reconoce sus derechos. Finalmente, Rouault pudo recuperar la mayor parte -faltaban más de cien- de los trabajos que se encontraban en su taller, aunque quemó delante del notario trescientos quince, aquellos que, en su opinión, ya no podía concluir; en la década siguiente el artista repetiría este gesto, que tuvo gran repercusión, en dos ocasiones. Este triunfo moral parece reflejarse en su obra, que adquiere unas tonalida des cálidas y pierde gran parte de su anterior dramatismo. Sus últimos años se desarrollan en un ambiente sosegado y feliz. En 1956, el agotamiento causado por la avanzada edad le impide seguir pintando; en febrero de 1958 muere a los 86 años. Al poco tiempo, su familia donaría al Estado francés más de ochocientas obras inacabadas del artista. |
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