Sección 01 Biografías
Ben Nicholson (1894-1982).
Imagen de la D.G. Paola L. Frticola

por Paola L. Fraticola
Recopilación de la colección "Grandes pintores del siglo XX",
Ed. Globus Comunicación S.A. y Ediciones Polígrafa S.A.

 

 

 

Nacido en Denham, en el condado inglés de Buckingham, Benjamin Nicholson -que desde principios de los años veinte empezó a firmar los cuadros con su nombre abreviado- era hijo de Sir William Nicholson, uno de los más destacados exponentes de la pintura eduardiana como retratista y pintor de naturalezas muertas. Sir William era un artista convencional, aunque de mentalidad abierta, que practicaba una cierta bohemia elegante y mantenía relaciones con críticos y artistas afines al grupo de Blomsbury, precisamente los que introdujeron en Gran Bretaña el impresionismo y posimpresionismo franceses.

 

Las nuevas tendencias

Cuenco azul en sombra, 1919
Uno de los cuadros tempranos de Nicholson,
más claramente ligados a los bodegones de su padre

A principios de siglo la familia se establece en Londres y Ben cursa estudios en la Slade School of Art entre 1910 y 1911. Por estos años viaja con frecuencia a Italia y Francia para aprender idiomas y se inicia en la pintura sin demasiada convicción, dudando incluso entre la vocación artística y la literaria. Exento del servicio militar durante la Primera Guerra Mundial a causa de su asma, hacia 1919 pinta las primeras obras que han llegado hasta nosotros -bodegones en Ios que se aprecia la influencia paterna- y, en 1920, se casa con la pintora Winifred Roberts. Con ella pasa los inviernos en el Ticino suizo hasta 1924, donde pinta algunos paisajes nevados en los que está ya el germen primero de los relieves blancos de la década siguiente. En uno de los viajes a París que Winifred y él hacen con frecuencia desde Lugano, Nicholson quedó muy impresionado por un picasso de 1915 que vio en la galería de Paul Rosenberg -"aún hoy sigue siendo el parámetro con el que juzgo cualquier realidad de mi obra", escribiría en 1948-; esta experiencia alentaría el sesgo cada vez más sintético y menos figurativo que su pintura había ido tomando durante esta década, en la que incorpora a gran velocidad el legado de Cézanne, el primitivismo del Aduanero Rousseau, el primer cubismo y, en menor medida, la influencia de Matisse. En poco tiempo, Nicholson se convierte en uno de los jóvenes artistas británicos más avanzados en la introducción de las nuevas tendencias de la vanguardia continental, hasta entonces poco arraigada en las Islas.

Hacia la abstracción

Pill Creek, 1928
Durante la mayor parte de su vida, Nicholson alternó con naturalidad
paisajes y bodegones con cuadros francamente abstractos.

En 1922 celebra su primera exposición individual en la Adelphi Gallery de Londres y un año después repite, junto con Winifred, en la Patterson's Gallery. En 1924 expone de nuevo en Adelphi y es elegido miembro de la Seven and Five Society, que preside entre 1926 y 1935. Las exposiciones periódicas de esta asociación de artistas serán uno de los instrumentos fundamentales de su influencia en la escena británica, un tanto inmóvil en el posimpresionismo difundido años antes por Roger Fry y Clive Bell, y que Nicholson irá decantando del lado de un progresivo sintetismo de origen cubista hacia la abtracción. Sin embargo, a finales de los años veinte su obra está dominada por paisajes ingenuos y muy sobrios de color pintados, sobre todo, en Cornualles. Allí descubrirán Nicholson y Christopher Wood en 1928 a Alfred Wallis, un pescador jubilado y pintor aficionado de St. Ives cuyas marinas naif enseñaron mucho al primero sobre la condición del cuadro como objeto, una de las inquietudes recurrentes de toda la obra de Nicholson. En 1930 expone junto con Wood -prematuramente fallecido ese mismo año- en la Berllheim-Jeune de París sin mucho éxito. Su matrimonio con Winifred se deteriora y, al año siguiente, el artista inicia su relación con la escultora Barbara Hepworth, que le pone en contacto con otras personalidades emergentes del arte británico del siglo XX, como Henry Moore.
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Los relieves blancos

Au Chat Botté, 1932.
Este cuadro viene a ser la culminación de una etapa en la obra de Nicholson
centrada en el análisis de la naturaleza del espacio pictórico.

Nicholson comparte un estudio en el barrio londinense de Hampstead con Hepworth, que le lleva en París a visitar los estudios de Arp y Brancusi, además de presentarle a Braque en Dieppe y a Picasso en el castillo de Boisgeloup. Winifred, con la que sigue manteniendo buenas relaciones, se ha instalado con los hijos de ambos en París y, a través de ella, conoce a Mondrian y a los artistas de Abstraction-Création, el grupo más activo en la promoción de la abstracción geométrica en la capital francesa durante esos años. En 1932 pinta Au Chat Botté, personal interpretación de las posibilidades espaciales del cubismo sintético que orienta definitivamente su obra hacia la abstracción; no en vano él y Hepworth son invitados a exponer con Abstraction-Création, y la Seven and Five Society, por obra de Nicholson, se transforma, de hecho, en una agrupación de artistas no figurativos, tendencia dominante también en el grupo Unit One, al que se une en 1934. Ese mismo año, bajo la influencia de Mondrian, empieza a hacer sus relieves geométricos y blancos al tiempo que se casa con Hepworth.

Consagración internacional

Argos, 1963.
En los años sesenta, Nicholson vuelve al tema de los relieves
ya sea a gran escala o en pequeño formato, como en esta obra.

Londres empieza a ser cita obligada para muchos vanguardistas centroeuropeos que huyen del nazismo -Naum Gabo, Moholy-Nagy, Breuer, Gropius y el propio Mondrian llegan allí entre 1936 y 1939-, hecho que coincide con la consagración de Nicholson en su país y en el extranjero a través de su participación en distintas exposiciones colectivas -sobre todo "Cubism and Abstract Art", en el recién nacido Museo de Arte Moderno de Nueva York-, que tienen a la abstracción constructiva como argumento central. Nicholson pasa la Segunda Guerra Mundial en Cornualles, donde vuelve al paisaje y se ve obligado a abandonar los grandes formatos al no poder contar con un estudio adecuado. A finales de los años cuarenta su obra recupera la tensión experimental y, durante la década siguiente, obtiene reconocimientos internacionales en cascada, entre ellos el Premio Carnegie en 1952, una retrospectiva en la Bienal de Venecia en 1954 y el Primer Premio en la de Sao Paulo en 1957. Ese año se casa con la fotógrafa Felicitas Vogler y se instala en el Ticino suizo hasta 1971; entre tanto, vuelve a hacer relieves de gran formato y desarrolla su obra gráfica. Entre 1971 y su muerte en 1982, de nuevo en Inglaterra, su obra se reduce al grabado y el dibujo a causa de su edad y de la mala salud.

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