Hombre sencillo y sedentario, Morandi mantuvo siempre una prudente distancia respecto a las convulsiones de su época; como su obra, la vida del artista estuvo envuelta en una atmósfera tranquila y silenciosa.
Giorgio Morandi nació en Bolonia en 1890 en el seno de una familia de clase media; su padre dirigía una oficina comercial en la que el joven comenzó a trabajar a los dieciséis años. Sin embargo, sus dotes artísticas -,que se manifiestan pronto en una serie de dibujos y dos figurillas en terracota
para el belén familiar- le llevan a la Academia de Bellas Artes de su ciudad, donde realiza estudios entre 1907 y 1913. Aunque en los primeros años en esta institución Morandi se comporta como un alumno ejemplar, hacia 1911 la relación con sus profesores se va tomando tensa a medida que el joven artista comienza a definir su propio lenguaje; un cambio que se manifiesta en obras como el Paisaje de la colección Vitali de Milán.
De Giotto a CÉZANNE
En esta época, Morandi conoce la obra de Paul Cézanne a través de las reproducciones en blanco y negro del libro de Vittorio Picca Los impresionistas franceses; el maestro de Aix ejercerá una influencia decisiva en Morandi, especialmente en su larga serie de bodegones, que inicia en estos años. Poco después, las páginas de la revista La Voce le acercan la
obra de Derain, el Aduanero Rousseau y el cubismo de Picasso y Braque. Los estímulos modernos no son los únicos que actúan en su formación, pues, durante una estancia en Florencia, también en el decisivo año de 1910, Morandi queda fascinado por las obras de Giotto, Masaccio y, especialmente, de Paolo Uccello. En 1913, tras superar con ciertas dificultades el examen de aptitud para la enseñanza, consigue una modesta
plaza de profesor suplente en escuelas elementales, que mantendrá hasta 1929 y que le llevará a pueblos perdidos de la Emilia. De esta época, De Chirico escribiría: "para mantener su obra en la pureza, de noche en las aulas desoladas de alguna escuela elemental, Morandi enseña a los niños las leyes eternas del dibujo geométrico, el fundamento de toda gran belleza y de toda profunda melancolía ".
Episodio metafísico
También en 1913, el pintor comienza a relacionarse con los futuristas por mediación de su compañero de estudios Osvaldo Licini, quien le pone en contacto con Marinetti, Russolo y Boccioni. En los meses siguientes,
Morandi asiste con cierta frecuencia a las reuniones del grupo y presenta dos obras a la Primera Exposición Futurista Libre, celebrada entre abril y mayo de 1914 en Roma. Pese a estos contactos, mantiene la independencia frente al movimiento liderado por Marinetti y, sin perder la impronta cezanniana, se va aproximando al cubismo. Morandi, que en 1912 había comenzado su importante actividad como grabador, verá su carrera bruscamente interrumpida por la Primera Guerra Mundial; llamado a filas en
1915, enferma gravemente y ha de ser internado en un hospital.
Aunque de estos años se conservan escasas obras -pinta poco y destruye la mayor parte de su trabajo-, los problemas de salud no le impiden llevar a cabo un profundo proceso de reflexión que desemboca en 1918 en el
denominado periodo metafísico.
Ese año, Morandi conoce a Mario Broglio, editor de la revista Valori Plastici, y firma con él un contrato por toda su obra, que estará en vigor hasta 1924. Gracias a Broglio, podrá exponer en varias ciudades alemanas en 1921 y, el año siguiente, en la Fiorentina Primaverile, muestra en cuyo
catálogo apareció el célebre texto de Giorgio de Chirico que asociaba la obra del pintor boloñés a lo que llamó "la metafísica de los objetos más comunes".
Actitud independiente
Pese a su relación con artistas como Carra o De Chirico, que agrupados en torno a Valori Plastici propugnan una vuelta al clasicismo ya la tradición, Morandi mantiene una posición independiente y sus obras de los primeros años veinte están más próximas al espíritu de Chardin o Corot que al de sus contemporáneos. Con todo, Morandi siguió interesado en los movimientos
artísticos de su época; participó en las dos exposiciones del Novecento italiano, celebradas en 1926 y 1929, y mantuvo una relación estrecha con el grupo de intelectuales reunidos en torno a la revista Il SelVaggio, con los
que concurre a la II Exposición Internacional del Grabado Moderno, celebrada en Florencia en 1927. Las exposiciones se multiplican, tanto dentro como fuera de Italia, aunque el primer viaje de Morandi al extranjero no se produciría hasta 1956. Esta actividad no le impide continuar
con la carrera docente y en 1930 se le adjudica sin oposición -atendiendo a sus "méritos especiales"- la cátedra de grabado de la Academia de Bellas Artes de Bolonia, de la que será titular hasta 1956.
El caso Morandi
A pesar de su talante ajeno a las controversias, en 1939, con motivo de la III Quadrienale, celebrada en Roma, la obra de Morandi es objeto de encendidas disputas.
El escándalo surge cuando el jurado de la muestra -a la que presentó 42 óleos y un número considerable de grabados- concede al pintor boloñés el segundo premio de pintura, tras Bruno Saetti, un artista más joven. El sector más progresista de la crítica se alineó de parte de Morandi, en tanto que no faltaron los que, desde posiciones opuestas, criticaron el carácter monocorde de sus cuadros. La polémica no se refleja en la obra de Morandi, como apenas lo harán las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial, cuando, tras ser detenido por su presunta vinculación con la resistencia, se refugia en Grizzana, localidad de los Apeninos donde venía pasando los veranos y en la que pintará muy poco.
Tras la guerra intensifica su actividad al tiempo que nuevos galardones le otorgan prestigio internacional. En la Bienal de Venecia de 1948 obtiene el galardón de pintura y en la década siguiente la Bienal de Sao Paulo le concede el premio de grabado en 1953, y en 1957 el gran premio de pintura. Tras una larga enfermedad, Giorgio Morandi muere en su querida Bolonia en 1964. |