Sección 01 Biografías
Frantisek Kupka (1871-1957).
Imagen del Lic. Milko A. García Torres

por Milko A. García Torres
Recopilación de la colección "Grandes pintores del siglo XX",
Ed. Globus Comunicación S.A. y Ediciones Polígrafa S.A.

 

 

 

Frantisek Kupka nace en 1871 en Opocno, una localidad de Bohemia oriental; es el mayor de los cinco hijos de un modesto pasante de notario. Estudiante mediocre, entra a trabajar con trece años en el taller de un guarnicionero aficionado al ocultismo que le iniciará en ese mundo y que, ante las evidentes dotes artísticas del, joven, alentará su ingreso en la Escuela de Artes Aplicadas de Jaromer. Allí, Alois Studnicka, un pintor interesado en el dibujo ornamental, le preparó para el ingreso en la Academia de Bellas Artes de Praga. En esta etapa de formación, Kupka se mantiene dentro de los márgenes del más estricto academicismo y pinta sobre todo cuadros de tema histórico.

 

De Viena a París

"El dinero", portada del número monográfico de
"L'Assiette au Beurre", 1902.

Tras licenciarse en Praga, en 1892 viaja a Viena para proseguir sus estudios en su Academia. Kupka se sumerge muy pronto en la pujante vida cultural de la capital austriaca -que en este momento acoge la actividad de personajes como Hugo von Hofmannsthal, Gustav Klimt, Amold Schonberg o Sigmund Freud- y profundiza en sus inclinaciones ocultistas, llegando a ingresar en una cofradía teosófica. Su actividad pictórica se centra en coniposiciones alegóricas, una de las cuales, El último sueño de Reine moribundo, gana cierta notoriedad. Hacia 1894 se une a Maria Bruhn, una diseñadora de moda que le apoyará hasta su muerte.
El año de 1896 va a ser muy importante para el pintor: se instala definitivamente en París y, con el traslado, se libera del espíritu decadente y un tanto enfermizo -según el propio artista- de Viena. En un principio, Kupka se mantiene gracias a la ayuda económica de Maria Bruhn y, tras su desaparición, por la pequeña herencia que ésta le lega; más tarde comienza a realizar carteles para cabarets y se inicia en el ámbito de la ilustración para publicaciones satíricas, como Cocorico o L'Assiette au Beurre, una actividad que mantendrá hasta 1907.

 

La apuesta vanguardista

Discos de Newton, 1911-1912

Al margen de su labor como ilustrador, en estos años la obra de Kupka se mantiene dentro de una vena simbolista que no excluye representaciones cargadas de sensualidad. En torno a 1906, Kupka comienza a profundizar en el estudio del color a partir de las teorías de Newton y Goethe, en las que le iniciara Stunicka, así como las de Chevreul, que tanto interesaron a los posimpresionistas. Esta preocupación se concreta en obras donde un colorido intenso es aplicado de forma arbitraria y que son la antesala de su definitivo abandono de la figuración. A finales de la primera década del siglo se produce un giro importante en su cartera: comienza a escribir los textos de su libro La creación en las artes plásticas y asiste a las reuniones que organizan los hermanos Duchamp Villon -vecinos suyos en el barrio parisino de Puteaux-, cuya principal preocupación era conferir una base matemática al cubismo. En esta época Kupka retoma sus investigaciones en tomo al movimiento -en la línea de las que por esas fechas realizan los futuristas- e inicia un camino que en un tiempo muy breve le sitúa en la abstracción, con obras pioneras como Discos de Newton o Amorfa, Fuga en dos colores. Desde 1910 participa en el Salón de Otoño y en las exposiciones de los Independientes y dos años después se retira en el último momento de la muestra que, bajo el título de La Section d'Or, organiza el grupo de Puteaux. Pese a su reiterada negativa a ser asimilado con los cubistas, Kupka comienza a figurar con Delaunay, Léger y Picabia en el ámbito de lo que Apollinaire define como "cubismo órfico".

 

Años difíciles

Arquitectura filosófica, 1913-1923

Como la mayoría de los artistas de su generación, Kupka ve su carrera interrumpida en 1914 por la guerra; a diferencia de otros extranjeros residentes en Francia, el pintor checo decide implicarse en la contienda y, a los cuarenta y tres años, se alista en el ejército francés, donde organiza el cuerpo de infantería checo y alcanza el grado de capitán. Tras el conflicto, reanuda su actividad artística y combina en su obra elementos de su etapa anterior con una nueva orientación que conforma el denominado "ciclo orgánico". Por estas fechas, Kupka conoce a su compatriota Jindrich Waldes, un industrial que será su protector durante años y que traducirá al checo La creación en las artes plásticas. A pesar de ello, sigue siendo un pintor casi desconocido y su primera exposición individual, celebrada en París en 1921, genera buenas críticas, pero escasas ventas. Las dificultades económicas y la amargura por la falta de reconocimiento de su labor pionera -persuadido de que sus composiciones en círculo eran anteriores a las de Delaunay y Léger, y que éstos le habían copiado- le sumen en un estado de postración que, agravado por los problemas de salud, hacen que viva retirado de la vida artística y adquiera fama de huraño. Este aislamiento se percibe en su obra de la segunda mitad de la década, cuando, a partir de estímulos como la música de jazz o la estética de la máquina, recupera viejos estudios sobre el dinamismo y las formas circulares.

 

El reconocimiento

En degradación (verticales), 1935

Los años treinta ofrecen un panorama más optimista, auspiciado por la invitación que en 1931 le hace la recién creada asociación "Abstraction-Création" para integrarse en su comité directivo; Kupka, que siempre fue refractario a este tipo de organizaciones, accede y durante tres años expone con el grupo colaborando en su revista. En este ambiente, su obra vuelve a la abstracción geométrica de épocas anteriores, en un giro que el propio artista describió así: "Lecciones del maquinismo y vuelta al punto en que me hallaba en 1912". De nuevo la guerra y la enfermedad inciden negativamente en el pintor, que, en su condición de checo exiliado, se ve forzado a abandonar París en 1940, refugiándose en la pequeña ciudad de Beaugency. En la posguerra, recuperada su salud, Kupka reanuda con ímpetu su carrera y ve cómo su figura es finalmente reconocida. Muere en su vieja casa de Puteaux, pocos meses antes de que el Museo Nacional de Arte Moderno de París presente una amplia retrospectiva de su obra.

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