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Paul Cézanne (1839-1906).
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por D.G. Paola Fraticola |
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Cézanne siempre tuvo el porte de un hombre de provincias. Todos los testimonios de época mencionan su irreductible acento provenzal, su aspecto tosco y su carácter huraño y desconfiado. Pese a ello, como Manet o Degas, procedía de una familia adinerada, aunque no heredara la apariencia burguesa y refinada de sus colegas. Su padre, de origen italiano, poseía un establecimiento bancario en Aix en Provence, donde nació el pintor de las relaciones del banquero con una empleada, con la que se casó en 1844. Cézanne recibió una esmerada educación en el colegio Bourbon, uno de los mejores de Aix; allí mostró inclinación por las disciplinas humanísticas más que por el dibujo. En esta institución permanece entre 1852 y 1857 y traba estrecha amistad con su paisano Émile Zola, fundador del naturalismo literario y uno de los críticos que, en el París de los años sesenta y setenta, apoyará la pintura de Manet y los impresionistas.
LA ACADÉMIE SUISSE
Cezanne junto a Pissarro, mediados de los años '60 A finales de los años cincuenta Cézanne decide dedicarse a la pintura, aunque comienza estudios de Derecho para complacer a su padre. En 1861 llega por vez primera a París, donde asiste a la Académie Suisse para ejercitarse en el dibujo. En ella conoce a Guillaumin y, sobre todo, a Pissarro, con los que forjará una larga amistad. Se trata probablemente de los primeros contactos entre pintores que luego integrarían el grupo impresionista. Fracasa en el ingreso a Bellas Artes, por lo que durante algunos meses trabaja en la banca paterna. En 1862 vuelve, sin embargo, a París, reanuda sus relaciones y conoce a Manet, Renoir, Monet y a los demás pintores y críticos que se reúnen en torno al primero en el café Guerbois.
Achile Empéraire - 1867 Por entonces todavía pesa mucho la imaginación literaria en su pintura. Además de la fascinación por Manet surgida en el Salón de los Rechazados de 1863 donde se vio el famoso Almuerzo campestre, sus gustos se inclinan por la pintura amplia y poderosa de Delacroix y Courbet y por los grandes maestros del Louvre, que visita con frecuencia. Cézanne valora por entonces el temperamento expresivo, como principal valor artístico, y sus cuadros, de gruesos empastes y con uso generoso de la espátula como los retratos de su tío Dominici (1865) o de Achille Empéraire (1867), se cuentan entre los más singulares que por entonces se pintan en París. El natural provinciano de Cézanne nunca se acomodó a París, donde sus amigos siempre lo vieron como un espécimen extraño. En París destacaba por su agresividad frente al jurado del Salón, al que negaba toda capacidad para juzgar su obra. Los habituales del Guerbois se dividían entre partidarios de insistir en los envíos al Salón -Manet y Renoir- y radicales adversarios de los mismos -Monét-. El alineamiento de Cézanne con los primeros es paradójico, pues escogía para el Salón aquellos cuadros que podían resultar más escandalosos con claro afán provocador. En 1866 se hicieron famosas su dos cartas al delegado de Bellas Artes, barón de Nieuwerkerke, solicitando en vano la restauración del Salón de los Rechazados.
FORMACIÓN DE UN ESTILO Cézanne se ejercita desde 1870 en la pintura al aire libre, su repertorio favorito, junto con las naturalezas muertas, durante toda su carrera. En 1869 inicia su relación con Hortense Fiquet, de la que tendrá un hijo tres años más tarde. Esto le causó problemas con su padre, que le redujo su asignación económica, pese a lo cual no se casó con ella hasta 1886. En 1872 se instala en Auvers-sur-Oise, cerca de Pontoise, donde pinta en compañía de Pissarro, el más fiel de sus amigos entre los impresionistas.
Frutas, mantel y lechera, 1979-1882
HOMENAJE A CÉZANNE Por estos años, Cézanne, cuya obra apenas se expone, se va convirtiendo en una figura de culto para los jóvenes pintores posteriores al impresionismo. En 1895 Ambroise Vollard le organiza una exposición individual que no convence a la crítica conservadora, pero sí le granjea el respeto de sus viejos colegas impresionistas, que conocían sólo parcialmente su obra. En 1898 vuelve a exponer en Vollard y, aunque las polémicas no se extinguen, su cotización empieza a subir de forma lenta pero sostenida. En 1900 Maurice Denis pinta Homenaje a Cézanne, todo un manifiesto de su influencia en los nuevos pintores posimpresionistas. El propio Denis y Émile Bernard lo visitan en Aix, pero Cézanne no sale de su encierro, aunque en los primeros años del siglo su obra se exponga en nuevos foros, como el Salón de Otoño o el de los Independientes. Un aguacero cuando había salido al campo a pintar fue la causa de su muerte, que le sorprendió en su ciudad natal.
Cinco bañistas, 1892-1894 |
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